30 de des. 2008

Benefit DOBLE VIDA amb EXTRAPERLO


Aquest dissabte 3 de gener, a l'Heliogàbal (Ramon i Cajal, 80), a les 21:00h, festa-benefit de presentació del nou segell barceloní DOBLE VIDA amb concert dels pop-tropicalistes EXTRAPERLO i més ball de la mà de Doble Vida DJs.
DOBLE VIDA és un nou segell que neix per treure exclusivament singles compartits en vinil de 7 polzades, una cara pel grup local (de la ciutat, país, península), una cara pel grup visitant (resta del món).
DOBLE VIDA és fruit de les passions d'un sindicat de sis membres que comparteixen idees i direccions.
DOBLE VIDA és un segell completament independent, i que es funda mitjançant la retroalimentació d'una referència per treure la inmediatament següent. Un single financia el proper single. Cada single es presenta amb una festa-concert. A cada concert toca el grup de la referència futura. ¡Mambo!
Com que DOBLE VIDA encara no té cap referència, engeguem la roda amb un benefit per financiar el nostre DV #001.
Aquest single de debut tindrà als barcelonins EXTRAPERLO a una cara, i els novazelandesos THE RUBY SUNS a l'altra.
Llencem els primers cohets amb aquest concert, i presentarem físicament el nou single a la següent festa. I així eternament.
Ens trobem a l'Heliogàbal, doncs, aquest dissabte 3 de gener a les 21:00h.
Xapa DOBLE VIDA de regal a la porta per tots els assistents.

11 de des. 2008

Miqui Puig: Caballero y hooligan desde 1968

Pop Miqui Puig, ex cantante de Los Sencillos, pulcro vocalista solitario y celebridad televisiva de Factor X, presenta su nuevo disco, Impar.

1. Conservo todavía una foto de los dos. Estamos cogidos del hombro, él con camisa blanca y corbata, yo con parka militar y jersey de cisne negro, una patilla recta, la otra impregnada de sudor y rizándose hacia la luna. El concierto de Brighton 64 había terminado y estábamos hablando de cosas que nos gustaban a ambos (Kamenbert, discos de la Kent, ska y otras cosas con K), y ahora posamos con caras inocentes, haciendo un poco el bobo, dieciocho años sobre la tierra. Otro mundo, otro mundo. Y ciertamente no sé lo que estaba pensando yo en aquellos momentos (nada profundo, seguro: Vaya Tetas Tiene Esa Tía, quizás), pero estoy convencido que Miqui Puig, mi pareja fotográfica y camarada en fanatismo aquel sábado de 1988, no tenía la menor idea de la que se le vendría encima en el futuro. Y yo menos.

2. Tengo pruebas tempranas del talento de Puig, a buen recaudo en cajas que no suelo abrir. Tengo su primera maqueta, de 1987, cuando aún se llamaban Aullidos en el Garaje y cantaban una canción extraña y cuca llamada “En Marrakesh”. Tengo también sus maquetas posteriores, y un parche de cuando el grupo se cambió el nombre a The Crits, y sus dos primeros álbumes con Los Sencillos, si bien comprados a regañadientes: para el talibán subcultural que era mi Yo de 1990, su firma para una discográfica mainstream cayó como grave traición. Pero me hice a ello con el tiempo, y en 1991 me uniría al karaoke generalizado de “Bonito es”. ¡Uo-O-O-O-Bonito-E-es! Por desgracia, poco después, “Seres positivos” (1993) nos divorciaría temporalmente, su aureola de buen rollo clubber completamente fuera de sintonía con el mal karma y rabia existencial que respirábamos en un extrarradio más hardcore y hastiado que nunca. Partimos peras, perdimos pistas. Hasta el día en que.

3. ¿Es ése...? ¿Es ése...? Ahí estamos todos otra vez, en 1998, levantándonos del sofá, dedos incrédulos señalando a la pantalla de televisión, empujones, juramentos y lamentos, casi podías oír el chirrido de los puñales afilándose en Barcelona. Sin duda, era Él. Uno de los nuestros, sólo que ahora al lado del unineuronal hombre-ropero Bertín Osborne en un concurso de malignos niños folclóricos. Mucha gente no entendió, mucha gente no entiende aún: ¿Autosabotaje insensato de la propia credibilidad o perverso guiño contracultural, corte de mangas existencial o prosaico acto de supervivencia? Jesús, no lo sé, no lo sé, pero: ¿Lluvia de Estrellas? Y yo ante la TV, señalándole con airada incomprensión, el sonido de puñales cada vez más agudo sobre los tejados de la ciudad.

4. Y allí empezó quizás la representación actual de Miqui Puig como San Sebastián. El santo, no la ciudad; y no por icono gay (que lo es), sino por las flechas que se le han ido incrustando. El Miqui Puig martirizado por el mundo como en la imagen icónica de los skinheads, el skin crucificado: Crucified Miqui. Puig se lo puso en bandeja a sus detractores, sin duda, y su peripatética visibilidad televisiva lo hizo presa fácil para jemeres de la “autenticidad” y bloggers-porteras. Porque la suya es, sin duda, una de las posiciones más irregulares, inauditas y contradictorias del planeta.
He aquí a un hombre honorable y elegante, un músico generoso, apasionado y militante (“militante” es una de sus palabras favoritas; “favorita”, por cierto, es otra de sus palabras favoritas), he aquí a un talentoso fabricante de pop romántico cuyo pluriempleo le coloca en la situación más incómoda del país: jurado de Factor X, otro popular concurso televisivo de talentos. Talentos escasísimos, me atrevería a afirmar; pues, aunque nunca he logrado ver más de dos minutos de ese pueril espacio, las grullas que salen en él profiriendo alaridos replicantes parecen carecer por completo de lo que hay que tener para ser cantantes competentes. Y eso me importaría un rábano, no crean, si no fuese porque puntuándoles (e insultándoles de vez en cuando) está Él. Alguien que luego se va a casa a escuchar The Prisoners, Weekend, Edwyn Collins, The Flirtations y otros nombres grandiosos. Que coge un lápiz y se saca de la mollera un himno pop-soul en dos minutos. Y que acaba de sacar Impar (LAV Records/Pias, 2008), un fenomenal disco de canciones tan emocionantes como bailables.

Por esa “doble condición”, mucha gente le tiene cierta inquina a Miqui Puig. Y eso es, al menos, razón suficiente para un reencuentro y una pregunta: ¿Quién es entonces el verdadero Miqui Puig? ¿Puede ponerse en pie, por favor? “Para mí, lo de la TV es curro”, comenta para Cultura/S. “Es un medio que me gusta, eso que quede claro, pero cuando salgo de allí desaparece de mi cabeza. Me metí en Factor X porque acababa de autoproducirme un disco (Miope, su recopilatorio de 2007), estaba sin empleo, sin un duro, y apareció la oportunidad de presentarme a un cásting. En la televisión intento ser todo lo didáctico que me permite el contexto: les pincho Al Green, me pongo faltón con los más malos, les digo que el “Tainted love” no es de Soft Cell, sino un clásico northern soul de Gloria Jones... Pero no me engaño, sé que el españolito de a pie es impermeable a lo que digo”.

Sí, pero: cuando el buen gusto de uno se pierde en el miasma estéril del formato, si ese alter-ego televisivo es dañino y propenso a la demonización estereotipada, si los resultados son ese cenagal filo-triunfito que todos conocemos, ¿por qué seguir haciéndolo? “Todo es la actitud con la que lo hagas, y a qué destinas el dinero que sacas”, responde. “Gracias a ello puedo sacar singles de vinilo, producir a grupos que me gustan, hacer mi Concert de Nadal anual, tirar adelante mi discográfica... Para hacer todo eso tengo que trabajar, y Factor X es mi trabajo. ¿Cómo me hace sentir que mi gusto se pierda en el medio? Igual que cuando pinchaba “Friday I’m in love” de The Cure y la gente me abucheaba, o cuando la gente nos tiraba cosas a Los Sencillos porque salíamos a tocar con guitarras Rickenbacker y camisas de chorreras. Ya estoy curtido. Y no todo se pierde. Grupos que me ven por la tele entran a mi Myspace, y me contactan, y al cabo de un tiempo veo que han empezado a escuchar a The Zombies”.

5. Todos estos años después y sigo sin entender algunas de las cosas que hace Miqui Puig. Pero sí sé que aún se conduce a sí mismo guiado por la pasión personal y las buenas intenciones, y que (por bagaje, por ética, por clase social) carece del cinismo indispensable para sobrevivir en el terrario de saurios que es la TV. Su antídoto a esto es firme: continua viviendo en L’Ametlla, viendo a sus amigos de siempre, regentando el bar del pueblo. Sigue aferrado a sus pasiones eternas: viejos discos de la MJQ y Style Council, “Marvin Gaye y John Coltrane”, Stereolab y Morrisey, Levis blancos y acid house, Ingmar Bergman y Ben Sherman, vino bueno y amigos antiguos, Prefab Sprout y Steve McQueen. Y sigue sacando grandes álbumes, como demuestra Impar: blanco y negro, indie y soul, Housemartins y Dexys, himnos personales (“Polvos de talco”, su declaración de amor por el baile y el soul, o “Vincent Montana Jr.”, con su enumeración de héroes, locales o visitantes), intensas confesiones sin coraza.
Y son todas esas canciones, a fin de cuentas, las que me hacen mirar a otros lados -los buenos- cada vez que su rostro aparece enmarcado por la pantalla en un anuncio de refrescos. Y son las que aún me hacen desearle lo que Noël Coward le dijo en una carta a Dorothy Parker en los 20’s: “Goodspeed the well-dressed man”. Que Dios acompañe al hombre bien vestido. Y al músico pop con talento, por supuesto.
Kiko Amat

Miqui Puig y El Conjunto Eléctrico
Gira Impar
Jueves 4 de Diciembre 2008, 22:00h
Sala Apolo, Barcelona

(Artículo publicado originalmente en el suplemento Cultura/S de La Vanguardia del 3 de diciembre de 2008)

Coleccionista #20: Enric Bosser


¿Cuál fue el primer disco que compraste y a qué edad?
A los diez años. Rompí la hucha –literalmente- y mi primo drogota me llevó de la manita a Discos Castelló. Me obligó a comprar Never Mind the Bollocks, London Calling, Some Girls, y de propina, una castaña: Heroes, de David Bowie.

¿Cuál ha sido el último? ¿Qué estás coleccionando en estos momentos?
El último, un single de Howard Tate cojonudo. No tiene ni medio tema malo este hombre.
Pues tengo bastante material y variado, dentro de lo mío, claro está, pero nunca he conseguido completar ninguna colección de nada. De todas formas, en estos momentos estoy pillando los singles post-Specialty de Larry Williams, el material que grabó para Chess, Smash, Fantasy, etc, a finales de los 50 y primeros 60. No es nada del otro jueves, pero, como dice la gente mayor: “me mantiene entretenido". Por lo demás, desde hace ya unos años, tiro sobre todo de R&B pre-sentido común, Rhythm & Soul, 60’s garage y punk rock del bueno.

¿Cuál es tu hallazgo más precioso? ¿Qué disco consideras la joya de tu colección?
Pues siguiendo con Larry Williams, creo que el LP que grabó para Okeh con Johnny Guitar Watson: Two For The Price Of One. Es uno de mis discos favoritos de todos los tiempos. Elegante y malrollista al mismo tiempo, y se puede conseguir bastante fácil, a veinte o treinta pavos.
Joyas más bien pocas, lo mío es la bisutería. Así en plan collector-pajero, quizás el primer EP español de los Kinks –raro, raro, raro- firmado por Ray Davies.

¿Artwork y portadas favoritas?
Así a bote pronto y sin pensar demasiado, diría que mi favorita es la de Two For the Price Of One; una obra de arte que nada tiene que envidiar a las mejores portadas de Jazz.
Me flipan los diseños de los clásicos de blues de Chess, Crown y Vee-Jay, los de R&B/Soul de Sue y King y los de Rock and Roll negro y R&B de Atlantic y Specialty.
De sellos actuales, me quedo con el artwork de Norton, sobre todo las galletas y portadas de los 45’s: sencillas, “vintage” y elegantes, pero con un punto DIY muy gamberro. Ah, y las de Rip-Off, una de mis debilidades.
Y como no hay premio naranja sin premio limón, aprovecho para mandar una ciber-colleja a los diseñadores gráficos de las reediciones de Charly, Line y Collectables, allí donde estén. También al de Stateside Records y a todos los que fusilan Blue Note sin piedad.

¿Cómo tienes ordenada tu colección?
Sin muchas complicaciones: música blanca y música normal. Un lío de cojones, vamos. Encontrar un LP puede llevarte fácilmente 45 minutos. Además, estoy convencido de que alguien entra en casa por la noche y cambia los discos de sitio.

¿Sabes cuántos discos tienes?
No, nunca los he contado, pero caben todos en una habitación.

¿Cuál es/era tu tienda de discos favorita?
Skippy White’s e In Your Ear. Ambas están en Cambridge, cerca de Boston. La primera está especializada en Gospel, Jazz, Blues, Doo Wop, R&B, Soul y Funk. Llevan más de 50 años en el negocio y es la tienda ideal para completar colecciones de música negra o simplemente pillar originales a buen precio, aunque no tengas ni puta idea. In your Ear es una especie de campo de fútbol, o pseudo-almacén abierto al público, con kilómetros de discos de R&B, soul, garage y rock and roll en general a precio joven. Escaleras con ruedas e interminables estanterías de singles de cuatro metros de alto. Un parque de atracciones, vamos. Además, con un poco de suerte te atiende Jeff Conolly -de los Lyres y DMZ-, la versión “destroyer” de los chavales de “High Fidelity”.

Cuéntanos el episodio más memorable de tus días de cazador de discos (un timo, un error, un triunfo, un encuentro, un robo, una conversación...)
Mmm, poca cosa....No soy envidioso -con los discos- ni muy fan de los “trapis”, ya no voy a ferias y paso de los mercadillos. Además, el ambiente “collector nerd” no es para mí. Puedo estar doce horas seguidas hablando de música, de grupos y de canciones, pero con los discos como “soporte” no paso del cuarto de hora. No he olido una portada en mi vida, no me sudan las manos y huyo de las conversaciones tipo “en la reedición mono la pandereta tiene un sonido mucho más metálico”. Es más, cuando voy a una tienda intento no dar la chapa y, sobre todo, intento que no me la den a mí.
En cualquier caso, hace unos diez o doce años conocí a un coleccionista de blues pureta en un bar de mi barrio. Estuvimos charlando un rato...De Roy Buchanan y Robert Cray (!) pasamos a Eric Clapton (!), y de éste a Yardbirds, Pretty Things, etc. Un par de días después dejó un paquete a mi nombre en el bar con unos 50 singles y EP’s españoles y franceses, todos con su portadita y en perfecto estado de conservación, cerca de menta. Kinks, Move, Tomorrow, Pretty Things, Small Faces, Who, etc, etc. A precio cero y como nuevos. Un ciudadano ejemplar.

¿Ha cambiado tu perspectiva del coleccionismo de discos desde la aparición de Ebay y la compra por Internet?
Ebay está bien para comprar, pero para vender es un poco coñazo.
De todas formas sí ha cambiado, pues el 95% de los discos que compro me llegan por correo y de fuera. Poder comprar lo que realmente quieres o buscas y no lo que te ofrecen, no tiene precio. El problema, desgraciadamente -gastos de envío aparte- es que normalmente quieres o buscas demasiadas cosas.

¿Aireas tu colección? Es decir: ¿Pinchas discos o realizas una actividad didáctica similar?
Uy, no. La bebida, mi nula afición al baile y me aspecto nirvanero me lo impiden.


(Enric Bosser es un señor alto y melenudo con aire a John Cleese de Monty Python, si éste hubiese tocado en un grupo de garaje pre-púber. Fuma y escucha negro, habla mediante enigmáticos puns y juegos de palabras con sentido del humor siglo XIX, toca la guitarra en los decanos del punk rock barcelonés sin mariconadas The Meows, calienta los taburetes del bar Barbara Ann y colecciona discos de ruido "pre-sentido común". Sería anti-moderno si supiese lo que significa la palabra "moderno". Un amigo.)

26 de nov. 2008

Fleet Foxes: blandos, bucólicos, barbudos


Son de Seattle y han facturado un disco de FM Folk por el que se están derritiendo todos los críticos del universo anglosajón. Encapuchados y enchirucados, blandiendo altísimas influencias, Fleet Foxes y su homónimo álbum de debut (Fleet Foxes, Sub Pop 2008) están provocando salivación anticipatoria aquí y allá. ¿Es ésta la gran esperanza de la New Weird America? ¿Es esto lo mejor que puede dar el folk moderno? Veamos.

Llevan gorros de lana, camisas de franela y barbas. Barbas muy poco convincentes, como de niños que las llevasen postizas para Carnaval. Pero el hirsutismo de Fleet Foxes parece real, como sus amores. Ellos mismos se definen como “pop barroco, música de películas de fantasía, Motown, bloques de armonías, himnos”. Es difícil afirmar con certeza si tanto el franelismo como la obsesión por el folk-pop bucólico-pastoril llevan el sello de la pasión sincera; por desgracia sólo los años pueden traer la respuesta a esa pregunta. Pero vamos a aventurar que sí. Vamos a aventurar que un grupo que suena a los Fleetwood Mac más radiables, a Pentangle, a Judee Sill, a Beach Boys y el Dennis Wilson de 1977 no necesita enseñarnos el ticket de compra de sus primeros LPs. Con semejantes influencias, ¿Quién requiere credenciales? Sería como si de repente una actriz de Hollywood se metiese en nuestra cama (digamos Kirsten Dunst) y le preguntáramos dónde has estado, pendón.
Otro tema es que Fleet Foxes sean tan buenos como sus influencias. No lo son, eso se lo avanzo ya. Pero esa patología se repite en todos los grupos que reciben cobertura masiva en la prensa musical inglesa, así que ya estamos acostumbrados: Arctic Monkeys son mucho peores que Smiths y Jam, Devendra Banhart no le llega a las suelas de las sandalias a Caetano Veloso, Franz Ferdinand no pueden ni nombrarse en la misma frase que Orange Juice. Esto es así, y me da igual que chillen.
¿Cómo hay que tomarse pues a Fleet Foxes? Como lo que son: un grupo de niños barbudos haciendo música folk-pop blanda, evocativa. Un grupo que en los 60’s y 70’s hubiese sido considerado de segunda o tercera fila, y digo esto sin dramatizar. La historia del pop está llena de encantadores y disfrutables segundones. Sólo hay que ser consciente de que lo son y no decir majaderías.
Robin Pecknold, el líder de Fleet Foxes, es el que tiene más cara de ir al “insti” (en las entrevistas habla como tal: “súper-guay”, “lo más”, etc) y llevar barba postiza atada con goma detrás de las orejas. Tiene 22 años, qué quieren. Pero no hablaremos con él, sino con Josh Tillman, cantautor en solitario y el último en incorporarse al grupo.

A la primera escucha, todos esos “bloques de armonías” a cuatro voces hacen pensar en música de iglesia. ¿Tenéis un pasado como niños de colegio salesiano?
Definitivamente no. Tenemos un 0% de afiliación religiosa. Los padres de Robin son devotos ateos, y todos nosotros hemos crecido como agnósticos convencidos. Por supuesto, en cuanto a grupo tenemos ciertas afinidades con los himnos religiosos, pero son cuestión de estilo: la música de arpa, los órganos y, por supuesto, los coros.
En una segunda escucha, sin embargo, me vinieron a la cabeza las definiciones que hace Ed Sanders en su libro sobre la familia Manson, The Family. La forma en que define esos coros comunales, las voces litúrgicas unidas... ¿Sois hippies? O peor aún: ¿Sois una secta?
Por alguna razón todo el mundo coincide en llamarnos neohippies, pero si lo miras detenidamente es obvio que nuestro estilo requiere demasiada disciplina y demasiada organización a la hora de ser tocado para ser auténticamente hippie, como lo sería un grupo de blues freaky improvisado de la Costa Oeste durante los sesenta.

Como Grateful Dead (pronunciado con desdén)
Bueno, a mí me gustan mucho Grateful Dead, pero estamos muy lejos de ser un grupo de jams libres como lo eran ellos. Nuestra dedicación extrema y detallista para con los arreglos es muy poco hippie. Otra cosa es que las armonías suenen pentecostales, o tengan un cierto aroma hippie. Quizás sea porque llevamos camisas de franela.

O sea, que no sois una secta.
(Se ríe) No.

A pesar de ser un grupo que ha crecido en una atmósfera urbana, vuestro disco está lleno de evocaciones mágicas y ensoñaciones de fábula. Robin mencionaba ser muy fan de El señor de los anillos, y a mí me viene a la cabeza El viento en los sauces de Kenneth Grahame.
Bueno, no es tan extraño. J.R.Tolkien creó El señor de los anillos viviendo en el ambiente de una universidad inglesa de la época. En mi opinión, lo nuestro es más una cuestión de escapismo que querer ser una copia urbana del medio ambiente natural. Somos más escapistas que idealistas. Al vivir en Seattle nos interesa más escribir sobre la idea de la naturaleza; también porque -es innegable- a todo el mundo le gusta esa idea. Pero tienes razón, estamos hechos del mismo material que El viento en los sauces.
En Fleet Foxes se condensa un amplio arco iris de influencias, “Ragged Wood” me suena a Simon & Garfunkel, pero también a The Shins. “Red Squirrel” al Dennis Wilson del Ocean Pacific Blue. “Your protector” es 6t’s folk-pop inglés a lo Incredible String Band mezclado con Quilapayún ¿Sois empollones de discos?
Has dado en el clavo con las influencias: Incredible String Band, Simon & Garfunkel, Steeleye Span, Beach Boys... Inevitablemente, si introduces un montón de discos en tu cabeza, lo que salga de ella va a parecerse en cierto modo a esos discos. Pero no es una copia de audiófilo, y no pretendemos sonar igual que ellos. Eso sí, confieso que somos empollones de discos.
Pregunta sobre formatos para ver si pasáis el examen: ¿Vinilo, CD o MP3?
Yo diría que vinilo y MP3. Me gustan los dos extremos. Me gusta el hecho de que el MP3 sea un formato portátil, su movilidad, su fácil acceso. Y del vinilo me gusta todo: el tamaño, las portadas y -por supuesto- que suena alucinante. EL CD, por otro lado, no es nada. Aparte de un montón de plástico.

Al ser de Seattle, os supongo un pasado punk/HC/grunge, pero todo eso no parece haberse filtrado en absoluto en vuestra música. ¿Hicísteis limpieza de influencias no adecuadas?
No hay un factor concreto que explique eso. Tienes que pensar que cuando hubo la gran explosión punk y grunge en Seattle yo tenía 8 años.

Es cierto. Me había engañado vuestro pelo facial.
(Ríe) Cuando llegué a los 11, la fiebre grunge ya había amainado un poco y estaba dando los últimos coletazos. Así que yo siempre identifiqué el sonido Seattle y Sub Pop con cantautores como Damien Jurado. Hace sólo siete años Casey (Wescott, teclista) estaba en un grupo punk (Seldom), pero era punk inteligente, más post-punk que grunge. En cualquier caso, me encantan Nirvana. Puedes citar que lo he dicho.

También engaña el hecho de que a pesar de ser de Seattle sonéis tan California del sur, tan océano pacífico.
Bueno, recientemente estuvimos en Big Sur (zona montañosa al sur de San Francisco), en la casa de Al Jardine (de los Beach Boys). Aparte de lo importante de estar con alguien tan relevante para nuestra identidad como él, nos identificamos completamente con Big Sur, sentimos una cercanía total, un vínculo con ese entorno. Al estar allí entiendes de pronto el porqué del sonido californiano. Por otra parte, al no ser de allí, nuestro sonido surge de una California mítica, soñada. Al haber nacido lejos de allí estableces una relación mitológica con la zona.

En la revista Uncut vi la foto de un cartel que cuelga en vuestro local. Escrito en rotulador debajo de las normas para mantener el sitio en condiciones hay escrito: “No Emo. No 70’s rawk”. ¿Hay algún otro No que tengáis como norma al ensayar?
(Se ríe) La verdad es que terminamos haciendo un montón de Nos. Nos gusta hacer los grititos a la tirolesa post-Eddie Wedder que suelen acompañar el rock moderno más “enfadado”. O añadir letras improvisadas a viejas canciones country.

A los críticos les encantan las escenas. ¿Os sentís cercanos a algunas de las que se mencionan hoy? ¿Al folk raro de la New Weird America, por ejemplo?
Robin sería la persona adecuada para responder eso, la verdad es que estoy bastante desconectado de lo que se cuece hoy en día. Me gusta gente como Bonnie “Prince” Billy, pero no sé... (Piensa) Creo que no hay un club de chicos, al menos respecto a otras bandas con las que salir y compartir ideas. Hemos tocado con gente como Grizzly Bear y son gente magnífica, pero nosotros flotamos en nuestro propio universo.


4 Grupos que Fleet Foxes desearían ser (pero no son)
Sin querer ser injusto. Pero si ellos nombran influencias, es de ley que nosotros les comparemos a ellas.
Incredible String Band: Fleet Foxes se darían repetidamente con cantos en los dientes para poder hacer algo tan inmenso como “A very cellular song” del The Hangman’s beautiful daughter (Elektra, 1968), 13 minutazos de coros, espirituales, fragmentos pop y mística campestre a tutiplén. Quizás, si se aplican, con el tiempo y una cuchara...
The Pentangle: Todos los grupos de folk de los sesenta tenían algún hit pop. “Light flight”, del Basket of light (Transatlantic, 1969) era el de The Pentangle, y era una canción grandiosa: totalmente folk, totalmente pop-art (normal, pues la produjo Shel Talmy), 100% exultante y elevadora. Lo más cercano que tienen FF a un hit es “Your protector”, esa combinación de música peruana del Machupichu y folk de la campiña británica. No está mal, pero deberían repasar en casa.
Simon and Garfunkel: Los han utilizado tantas veces para anuncios que a veces a uno se le olvida lo sensacionales que eran los S&G de los cuatro primeros álbumes. Cuando Fleet Foxes hagan una canción como “I am a rock” del The Paul Simon songbook (en solitario, CBS 1965) o la ultraterrena y prodigiosa “Scarborough fair / Canticle” (del Parsley, sage, rosemary & thyme, Columbia 1966), hablamos.
Beach Boys: Vuestras influencias extienden cheques que vuestras canciones no pueden pagar, Fleet Foxes. Si hubieran dicho que los grupos en los que se fijaban eran The Germs o The Pop Rivets, les hubiésemos dejado tranquilos. Pero ponerse a la vera de los autores del Pet Sounds y el Wild Honey...

Kiko Amat

(Artículo publicado originalmente en la revista Rockdelux #267 de noviembre del 2008)

Coleccionista #19: Nick Brown

¿Cuál fue el primer disco que compraste y a qué edad?
Mis recuerdos de la fecha exacta están un poco borrosos, pero creo que fueron los Beatles, una colección de Beatles Oldies en LP, y también el Music for your pleasure de los Roxy Music. Debía ser en 1973, porque era justo antes de ir secundaria y tenía 10 años. Pero antes de eso ya cantaba (a los 2 o 3 añitos) con cualquier cosa que sonara por la radio, y luego les pedía a mis padres que me compraran el single. “Pedí prestado” su tocadiscos portátil cuando tenía 6 o 7 años, y para entonces ya poseía una docena de singles, incluyendo un par de los Beatles, el “Be my baby” de las Ronettes, unos cuantos de los Thunderbirds y el... ¡“Snoopy versus The Red Baron” de los Royal Guardsmen!

¿Cuál ha sido el último? ¿Qué estás coleccionando en estos momentos?
El último que he comprado ha sido el “Boobar come back to me” de los Tindersticks en 45 rpm. Y últimamente estoy coleccionando discos de bailes absurdos de los 50 y 60 que hablen de:
- Gallinas
- Conducir borracho
- Gatos
- Fumar cigarrillos
- Cocinar
- Jardinería (no me topo con muchos, de momento)
- Indios nativos americanos (estoy buscando desesperadamente el “Mr. Custer Stomp” de The Scouts).

¿Cuál es tu hallazgo más precioso? ¿Qué disco consideras la joya de tu colección?
Hay demasiados para poder mencionarlos aquí, pero desearía que me enterraran con una copia del Funhouse de los Stooges.

¿Artwork y portadas favoritas?
La verdad es que no tengo niguna favorita. El arte del LP debería ser algo inseparable de la música que contiene, y los dos van entrelazados. El diseño del logo del sello, por otro lado, es un tema distinto. Supongo que cosas como el diseño rojo/negro de los singles de Atlantic de mediados de los 60 aún me provoca escalofríos en la columna vertebral, mayormente porque la música que simbolizan solía ser grandiosa.

¿Cómo tienes ordenada tu colección?
Rock, jazz, soul, gospel, Hot-Rod, Grupos de Chicas, bandas sonoras.

¿Sabes cuántos discos tienes?
Ni idea. Acabo de vender 300 y el hueco de los desaparecidos ni se distingue.

¿Cuál es/era tu tienda de discos favorita?
Intoxica, en Londres. Da Capo, en Utrecht (Holanda). Strider, en Greenwich Village (NYC). Bop Street, en Seattle (WA.). Todas las demás cerraron ya.

Cuéntanos el episodio más memorable de tus días de cazador de discos (un timo, un error, un triunfo, un encuentro, un robo, una conversación...)
Hay demasiadas, generalmente acontecidas en los Estados Unidos. Pero ahí van unas cuantas:
- Tuve que ayudar a una niña de 12 años con sus deberes de matemáticas porque prometió dejarme arrastrar debajo de su cama, donde su papá guardaba un montón de LPs. ¡Valió la pena!
- Una caja de discos de 78rpm se me cayó en la cabeza mientras reptaba por el ático-trastero de cierta tienda de discos y perdí el conocimiento. ¡No valió la pena!
- Fui a la casa de dos hermanos que me prometieron que tenían miles de LPs. Los tenían. Incluso el lavabo estaba hasta arriba de discos. Llegué a las 9:00 de la mañana y me fuí de allí a las 18:00 de la tarde con el coche lleno hasta los topes. Mientras yo buscaba por entre sus cajas, los dos hermanos habían pasado el día sentados delante de la televisión, viendo hardcore porno, bebiendo birras y debatiendo por qué sus mujeres los habían abandonado. Sé que los $5000 dólares que les pagué por su colección se invirtió en las mejores putas de Pennsicola.
- Volví a una tienda que había visitado un año antes, y allí me mostraron el artículo que había aparecido hacía un año en un periódico local sobre un misterioso inglés (yo) que se había dejado una pasta en discos raros en la tienda. ¡Con fotos incluidas!
- Recuerdo también aquel propietario de tienda de discos que se había quedado calvo y ahora se pintaba el pelo negro con un rotulador.
- ¿Y aquella vez en que (valientemente) traté de explicarles a un par de miembros de los Last Poets la razón por la cual a un tío blanco de Blackpool (yo) le gustaba tanto su música y quería comprar su colección de discos?
En fín, la lista sigue.

¿Ha cambiado tu perspectiva del coleccionismo de discos desde la aparición de Ebay y la compra por Internet?
La mía no, pero aparentemente la del resto de la gente sí.

¿Aireas tu colección? Es decir: ¿Pinchas discos o realizas una actividad didáctica similar?
Pues sí. Echad un vistazo al club Stag-o-Lee y el Myspace del The Cellar para más detalles. Gracias.


(Nick Brown es ex-miembro del grupo de punk retorcido The Membranes, aunque también tocó ocasionalmente su violín en discos de otros, como My Bloody Valentine. Siempre ha sido un collector obsesivo, y desde hace años co-regenta con mano de acero y grandioso desdén por turistas y advenedizos su emporio vinílico en Portobello Road, Intoxica Records. Su trabajo requiere el mismo esfuerzo y voluntad de acero que el de un alcohólico que fuese propietario de un bar, así que desde La Escuela Moderna le deseamos: ¡Suerte, Nick! Y por cierto: no hay fotos conocidas de él en ninguna parte)

18 de nov. 2008

Discos con remordimientos

Placeres culpables La serie inglesa de TV y club de baile Guilty Pleasures nos invitan a confesar la parte oculta de nuestro gusto musical

1. “De tan malo es bueno”. Este pequeño y en apariencia inofensivo axioma parece haber envalentonado a aquellos cuyo gusto inmundo yacía sepultado bajo unas cuantas capas de sentido del ridículo. Los mismos que ayer amontonaban sacos de arena encima de sus discos de Supertramp o Camilo Sesto hoy lucen con orgullo su afiliación a las hordas del “mal gusto”. Los placeres culpables han dejado de serlo. Unos cuantos iluminados dieron luz verde a este dañino fenómeno mundial, y ahora está perfectamente aceptado tener una colección de discos apestosa. Porque -guiño, golpe de codo- ¿No es divertido? ¿No es cutre? ¿No mola precisamente por lo vil que es? ¿Volvemos a pinchar la banda sonora de Dirty Dancing?
Pues no, tío, mejor no. Que te la tragas.
Por mucho que repitan el refrán de que “la comida de un hombre es el veneno de otro”, algunas cosas son sólo veneno. Algunas cosas son malas, y no es una cuestión de perspectiva, y de tan inmundas no se convierten mágicamente en geniales: siguen siendo inmundas, y lo serán eternamente por mucho que mil fanzines elogien su -guiño, guiño- carácter “bizarro”. Las películas de destape eran un asco. Los Calatrava eran vomitivos. Verano Azul era una serie abominable. Mecano eran ofensivos. Podría seguir recitando sinónimos de mi Diccionario de Ideas Afines, pero ya se hacen a la idea.

2. Placeres-sonoros-con-remordimiento. De eso hablamos aquí. En la website de Guilty Pleasures lo definen como “algo bueno que se supone que no debería gustarte porque es supuestamente malo para tu salud o credibilidad”. Dejando de lado lo vago de la acepción “algo bueno”, mi opinión sobre el tema ya la intuyen: ser fan de Europe o Dire Straits es como tener un quiste no maligno en el testículo; quizás no va a matarte, pero mejor no irlo enseñando por ahí.
El pelotazo inglés del Placer Culpable lo pegó un señor llamado Sean Rowley. Un día de hace tres años decidió “dejar de esconder su amor por la ELO o Hall & Oates” (como aduce la mentada página web) y empezó un imperio de clubs, discos recopilatorios e incluso programas de radio/televisivos. En el programa de la ITV británica Guilty Pleasures grupos célebres salían a versionear la canción que “secretamente” amaban -guiño, risita, golpe de codo- sólo que ni los grupos eran tan célebres ni la canción tan vergonzosa. Supongo que, en el fondo, este “puedes hablar con toda libertad” es un poco como el de las comisarías de policía; sin duda puedes confesarte, pero te va a caer un paquete. Hasta el más burro de los participantes tomó con cierta desconfianza esa sugerencia, como un soldado de la Iª Guerra Mundial a quien el capitán hubiese invitado a avanzar por tierra de nadie porque “es seguro”. Así, por ejemplo, grupos mediocres como The Feeling dieron su versión del “Video killed the radio star” de The Bugles, una canción que ningún estándar podría etiquetar como auténtico placer vergonzoso. Es pop pastiche, cierto, pero no posee la carga degradante que darían Foreigner, Middle of the Road, “Los Pajaritos”, Miguel Rios u otros irrecuperables.

3. Pero: estándares. Voy a semi-contradecirme de forma vergonzosa ahora. Aunque es cierto que algunas cosas son malas sin depender del prisma aplicado, otras descansan en un limbo de vergüenza que depende del (mal) gusto del escuchador. Dentro de los mismos recopilatorios de la serie Guilty Pleasures (subtitulados -guiño, codo, ceja inclinada- “Diversión sin vergüenza ni culpa”) uno se topa con hits como “Love plus one” de Haircut One Hundred. Que eran unos lechuguinos copistas de Orange Juice, y su líder Nick Heyward un panoli de cuidado; pero la canción es brillante, y ningún genuino amante del pop la consideraría culpable. Otro ejemplo: para un fan del rock extremo los Jackson Five quizás sean un placer culpable, pero para los que hemos escuchado música negra toda la vida el “ABC” es un temazo sin estigma alguno. Por eso ponemos esa cara de perplejidad ante los guiño-codo-ceja-risa que bailan esto (o el “We are family” de Sister Sledge, o el “I’m coming out” de Diana Ross) con espíritu “es malo pero me mola, titis”.

4. Yo también tengo Placeres Culpables. Sé que esto les ha sorprendido; a mí también. Realmente pensaba que no iba a abrirles mi corazón. Les voy a confesar cuatro canciones que conscientemente sé que son inmundas, pero (no puedo evitarlo) me gustan: “Alright” de Christopher Cross (temazo, no jodan). “Jump” de Van Halen. “Ironic” de Alanis Morrisette (piel de gallina). Y, esto lo voy a susurrar muy bajito, creo que me gusta “L’empordà” de Sopa de Cabra. Guárdenme el secreto, que esto me hunde.

Kiko Amat

http://www.guiltypleasures.co.uk/


(Artículo publicado previamente en el suplemento Cultura/S de La Vanguardia del 5 de noviembre de 2008)


Coleccionista #18: Félix Domínguez

¿Cuál fue el primer disco que compraste y a qué edad?
Pues una Gran Premier en cassette en 1977 o 78, si no recuerdo mal. Luego un par de singles aunque jamás reconoceré que compré "esos". Deben andar por ahí en algún cajón. Dios.

¿Cuál ha sido el último? ¿Qué estás coleccionando en estos momentos?
Pues mira, el otro dia bajé a pinchar a Madrid y me compré una re-edi del “Moments EP” de Steve Marriot, otra re-edi de modern soul (Tolbert, "I got it") en single y otro más de northern. No tenía ninguno en vinilo y la crisis asusta, que no acobarda… No obstante suelo comprar originales en vinilo y casi exclusivamente en 7" últimamente.

¿Cuál es tu hallazgo más precioso? ¿Qué disco consideras la joya de tu colección?
La música en general. Los discos los quiero para ponerlos y no me gusta gastarme burradas en un sólo disco, prefiero atesorar mucho (si es todo bueno, mejor). La joya de mi colección, aunque no sea nada del otro mundo, es el conjunto, con todos los sonidos que me gustan y con música para todos los momentos.

¿Artwork y portadas favoritas?
Blue Note. Sin duda.

¿Cómo tienes ordenada tu colección?
De forma desordenada. Lo intenté varias veces; quizás, como en el apartheid, la única diferencia que tengo medio clara en los estantes es “música negra” y “música blanca”. O como diría Luisito Beltza: “rockabilly guay” y “rockabilly chungo”. Luego lo típico: los singles con los singles y los LPs con los LPs. Ah! También tengo montañas de CDs pero no los compro, suelen ser promos y demás que me envían/regalan.

¿Sabes cuántos discos tienes?
Ni puta idea. ¿Quizás 3.000? No son tantos, si lo piensas bien…

¿Cuál es/era tu tienda de discos favorita?
Empecé comprando en las tiendas y dealers de importación en Gijón (de aquella escuchaba mucho soul moderno). Hasta que Internet se hizo conmigo compré en listas de toda Europa, las de coleccionistas de Madrid, Barcelona y allá donde fuera; y gracias a Dr. Explosion y nuestras giras, compré por toda Europa, USA... Recuerdo una gira en 1995 en la que me volví a casa sin un duro pero con cajas y cajas de singles y LPs, conseguidos desde Francia a Holanda, desde Alemania a Italia…

Cuéntanos el episodio más memorable de tus días de cazador de discos (un timo, un error, un triunfo, un encuentro, un robo, una conversación...)
En una discoteca de Torremolinos allá por el 86 entré en la cabina, vi un par de singles que me gustaban y ayudándome de una amiga que distraía al DJ que pinchaba, los metí en el bolso de la chica. El tío me pilló y paró la música diciendo por el micro que no podía pinchar mejor porque yo le estaba robando los discos. Yo pasé vergüenza pero la chica…luego lo arreglamos, anyway.
En Madrid en el 2000 dejé mis maletas de discos para ir a cenar (esa noche pinchaba en un club) y a la vuelta me los habían robado todos. Unos 200 singles y 7 u 8 Lps. Me destrozaron. Denuncié, les seguí la pista y al final recuperé unos ochenta.
La sensación de encontrar chollos es inigualable. En Nueva Zelanda me volví loco, encontré lo que no está en los escritos. Algo parecido me ocurrió en California en Febrero. Pasarse tres horas en un cellar de las afueras de San Francisco escuchando y comprando joyitas, y tras todo ese tiempo darse cuenta que no has visto ni el 10% de la parte de singles de soul y r&b… un 5% de los de jazz y de lo demás absolutamente nada

¿Ha cambiado tu perspectiva del coleccionismo de discos desde la aparición de Ebay y la compra por Internet?
Flipé mucho en su día con Gemm, en cuyo power search me he gastado miles de euros y encontrado auténticas gangas. Ya no es así.. Ebay lo utilizo para ropa, relojes y otras cosillas de mods, muy pocos discos porque no tengo mucho tiempo para estar navegando todo el día. Pero en general Internet ha abierto el mundo a los vendedores y compradores. Todo es infinitamente más sencillo, y rápido.

¿Aireas tu colección? Es decir: ¿Pinchas discos o realizas una actividad didáctica similar?
Pues sí, hice mi primer programa de radio en 1984 y desde 1990 he pinchado en bastantes clubs por España con esporádicas sesiones en Alemania, Grecia, Italia e Inglaterra normalmente en eventos de corte mod y sixty. Pinchar y juerga suelen venir unidos. Y luego vienen las lloreras cuando pierdo algun disco, cuando las carpetas aparecen sin el vinilo dentro o con el vinilo cambiado... También he hecho algunas recopilaciones en musicassettes primero, luego en CDs, con fines "didácticos" y de intercambio.


(Félix "Explosión" Domínguez fue bajista del célebre conjunto de garaje-orgía asturiano Dr-Explosión durante todos los años de su etapa crucial, para después pasar a aplicar su entusiasmo en la organización del festival sixties EuroYeYé y el Festival de Cine de Gijón. Por su capacidad para soportar el trasnoche, sufrir la borrachera, pinchar discos que sólo conoce él y bailar con pies rotos y escayolas, en La Escuela Moderna creemos que es un superhombre del futuro. Ah: él se disgustaría si olvidaramos decir que es socio militante del Sporting)

7 de nov. 2008

Coleccionista #17: Will Bourton


¿Cuál fue el primer disco que compraste y a qué edad?
El primero que compré era un regalo para mi hermana en su 16º cumpleaños, y era “Oh Donna” de los 10cc (mi hermana tenía una vaca favorita que se llamaba Donna), aún recuerdo la portada azul. El primer disco que me compraron era el LP de los Thunderbirds de 1966, y me lo regaló mi tía Pat; todavía lo tengo. El primer disco que me compré con mi dinero era el LP de las Mo-dettes de segunda mano, me lo vendió Dave Crowley, que iba a mi clase.

¿Cuál ha sido el último? ¿Qué estás coleccionando en estos momentos?
El último que me he comprado ha sido el single de France Gall versioneando “The Monkey time” de Major Lance, lo encontré en un mercadillo (o vide grenier) francés hace un par de días. Últimamente lo que más me va es el jump y el R&B, acabo de adquirir el “Louisiana” de Percy Mayfield en 78rpm.

¿Cuál es tu hallazgo más precioso? ¿Qué disco consideras la joya de tu colección?
Varia regularmente. Podría echarme a llorar si me pongo a pensar en algunas de las cosas que he vendido o regalado, pero a fin de cuentas son solo objetos. No me gusta darle demasiado valor a las cosas materiales.

¿Artwork y portadas favoritas?
Es difícil escoger, pero probablemente sería la portada del Alfie de Sonny Rollins.

¿Cómo tienes ordenada tu colección?
En géneros agrupados de forma muy libre.

¿Sabes cuántos discos tienes?
Unos 6000, pero intento constantemente irme deshaciendo de cosas.

¿Cuál es/era tu tienda de discos favorita?
Se llamaba New Wax, y estaba en Washington. Tenía sótanos llenos de 45 de pared a pared, a 1 dolar cada uno. Se sacaban la mayor parte del sueldo grabando cintas de LPs raros para sus clientes. Llegué a pasar días enteros allí; al final los de la tienda incluso me traían sandwiches. La última vez que estuve de visita a la ciudad alguien me dijo que había habido un incendio, y que al final enterraron la tienda entera en grava. Como si fuese un mausoleo de discos.

Cuéntanos el episodio más memorable de tus días de cazador de discos (un timo, un error, un triunfo, un encuentro, un robo, una conversación...)
En una feria de discos a la que fuí con Mark Ellis teníamos al lado a un tipo haciendo ruiditos animales excitados, y decidí allí y entonces que tenía que dejar todo esto del coleccionismo de discos. Aparte de eso, un día fuimos Calvin Johnson y yo a Tacoma y encontramos un garage sale, o típico mercadillo casero, y fue el hallazgo de un tesoro. Los discos habían sido del ex-chofer de Divine, que había muerto de sida, y su pobre madre se había visto obligada a vender todas las posesiones del difunto hijo para pagar los gastos médicos previos a su fallecimiento. Estábamos comprando disco tras disco mientras la mujer lloraba y nos contaba la historia increíble de su hijo. La verdad es que era verdaderamente trágico, y nos sentimos un poco mal por estar comprando en mitad de su pena, pero los discos eran alucinantes, y el yonqui vinílico que llevamos dentro tomó las riendas.

¿Ha cambiado tu perspectiva del coleccionismo de discos desde la aparición de Ebay y la compra por Internet?
Me pone triste que hayan desaparecido la excitación, el arte y talento para encontrar discos raros. Es muy vago, coleccionar por Internet; si tienes la pasta, tienes las canciones. Por culpa de eso ya no hay gangas en el mundo. Todo tenemos la culpa y estamos pagando por ello.

¿Aireas tu colección? Es decir: ¿Pinchas discos o realizas una actividad didáctica similar?
Pincho para mi disfrute personal exclusivamente en eventos como el Shingaling Thing y la Stagger Lee Preservation Society.

(Andrew JW Bourton, "Will", es DJ y músico, ex-miembro de grupos como McTells, Blood Sausage -riot bbbboys en Wiiija-, los garajeros instrumentales Cee Bee Beaumont y actualmente está en el excelente grupo de folk inglés The Garden City Project www.myspace.com/thegardencityproject Buen bailarín de northern, buen hacedor de té, Will lleva un ancla tatuada desde hace muchos años y le gustan las boinas y las bufandas y el jazz raro. Y tiene muchos discos)

6 de nov. 2008

Que consti en acta


No es que ens faci ni molta ni poca il·lusió pero, que consti, que els de l'ADN ens treuen aquí.

Excuses i gracies a Ferran Esteve i el fanzine Gagarin per haver copiat els seus enllaços i imatges amb nocturnitat i alevosia.

5 de nov. 2008

Un jarro de agua fría (que hoy toca)

Cuando la realidad es demasiado
Obama y como utilizar la raza para encoger mentes
Traducido del inglés para Rebelión por Germán Leyens

El virtuoso no actúa.
El amable actúa sin interés propio;
El justo actúa no desatendiendo su propio interés;
El religioso actúa para reproducir su propio interés.
Si el Tao se pierde, queda la virtud;
Si la virtud se pierde queda la amabilidad;
Si la amabilidad se pierde, queda la justicia;
Si la justicia se pierde, queda la religión.

Las jerarquías bien establecidas no pueden desarraigarse fácilmente;
Las creencias firmes no pueden cambiarse fácilmente;
Por eso la religión permanece generación tras generación.
La religión es el fin de la virtud y la honestidad,
El comienzo de la confusión;
La Fe es una esperanza o miedo muy colorida,
El origen de la estupidez.
El sabio actúa por conocimiento, no por esperanza;
Confía en el fruto, no en la flor;
Acepta lo que tiene, rechaza las promesas futuras.

Lao Tse (Siglo VI A.d.C.), #38, Tao Te Ching
(Traducción: "Gorinkai" © 1998 Antonio Rivas Gonzálvez)


Barack Obama presentó un discurso sobre la raza en EE.UU. que era esperado ansiosamente y que ahora proclaman ampliamente como un acontecimiento importante no sólo en la actual campaña presidencial, sino en la política estadounidense en general y por lo tanto presumiblemente en la historia de EE.UU.

El propósito táctico del discurso era distanciar a Obama del pastor Jeremiah Wright, de la Trinity United Church of Christ en Chicago, a la que ha asistido Obama. El pastor Wright ha hecho comentarios en el pasado, que fueron grabados, sobre la historia negra y los sentimientos negros sobre esa historia. Esas homilías fueron verdades sin adornos y realmente exactas, por lo tanto poco halagüeñas sobre el papel de la sociedad blanca en la historia negra. Naturalmente, los oponentes políticos de Barack Obama echaron leña al fuego para avivar las llamas racistas del temor blanco al publicar esos desvaríos supuestamente desmedidos de un negro colérico (nótese mi uso de palabras clave provocadoras) en un esfuerzo por desacreditar a Obama ante los ojos de sus potenciales votantes blancos; culpa por asociación. Como un aparte sobre un punto de lógica, nótese como sucios engañabobos políticos se apresuran (¿corren?) a insultar la inteligencia de la audiencia a la que se dirigen como parte integral de su velada metodología para cortejarla.

Tim Wise en CounterPunch y Glen Ford en Black Agenda Report escribieron claramente sobre la realidad esencial de este incidente. Lo que sigue es una glosa sobre esos artículos, escrita como respuesta a correspondencia de un hermano negro mío en el extranjero.

Lo único en lo que acertó Bill Clinton, se lo robó a Marx: “Es la economía, estúpido.” Y así es en el caso de la Gran Religión Blanca, el racismo forma parte integral de una política económica de exclusión. Israel lo refleja con sus supuestas políticas sólo judías, judíos primero, como máscaras para su manifiesto genocidio de palestinos. Mi definición de genocidio es: el intento de remover permanentemente a una población tomada como víctima, racialmente identificada, de bienes raíces que le son robados por un agresor de identificación racial diferente. Podremos estar cerca de algo semejante en la Nueva Orleans post-Katrina. Siempre es una estafa de bienes raíces, enmascarada como “culturicidio.”

Veo a muchos negros que sienten tanto resentimiento (con plena justificación) por nuestra historia conjunta, que no se muestran siempre claros y racionales sobre la naturaleza de la situación existente. Sí, existe un racismo de blanco-sobre-negro (junto con numerosas otras formas), pero su raíz no es primordialmente un simple odio emocional, sino es tanto miedo (de dos tipos: xenofobia y la culpa histórica por la esclavitud admitida por Thomas Jefferson) como codicia, y el temor esencial es la ansiedad respecto a la pérdida de ese control. Achacar el racismo de blanco-sobre-negro a un simple odio emocional es la explicación ostensible más cómoda, como lo muestra su prominencia en las descripciones del racismo en la cultura popular (por ejemplo en las películas). A la cultura dominante le es cómodo imaginar que el racismo se limita a gente con odios incontrolables y mentes indisciplinadas. Esto libera a la mayoría que se siente bien con sistemas económicos injustos, de toda responsabilidad por las consecuencias inevitables de esos sistemas; e incluso de cualquier reproche a los ojos de la opinión pública reconocida.

El racismo es un instrumento instintivo para capturar recursos y negárselos a las “especies” competidoras. Por eso a Obama lo respaldan los banqueros de Wall Street. Para ellos, es un instrumento para salvaguardar sus fortunas contra la creciente marea de resentimiento público. Son excelentes psicólogos, y abusadores psíquicos de la mente popular negra. Saben, a través de sus expertos en relaciones públicas (publicidad y control de la mente pública), como la mente popular negra languidece por símbolos de “esperanza,” por héroes de acción en las canchas de baloncesto y en la gran pantalla - Will Smith salvando los mundos de fantasía que Hollywood conjura con humo y espejos. Cualquier héroe en cualquier arena puede ser producido para distraer y mitigar a las masas, mientras no sea un héroe real en alguna arena del poder real.

Miremos a nuestros “símbolos” negros en esas arenas reales de la actualidad: Clarence Thomas, Condoleezza Rice, Colin Powell; han hecho harto poco por los negros en EE.UU., y han cobrado magníficamente por precisamente ese motivo. La mayoría de los negros “apoya” a Obama (engañándose al hacerlo) por el mismo motivo por el que quejumbrosas mujeres blancas ya mayores “apoyan” a Hillary: identificación, desean que lo que ven en el espejo sea honorado, sea amado, logre atención, controle.

Obama podrá tener algunas intenciones decentes más allá de su flagrante arribismo, pero evidentemente el arribismo prima, y por eso debe reasegurar a sus patrocinadores de que puede acallar al público. El puesto para el que se presenta es mantener los asuntos públicos suficientemente calmos para que los mismos negocios selectos y los mismos jugadores selectos puedan continuar obteniendo los mismos mega-beneficios respaldados por el gobierno. En los círculos empresariales, esto se llama “mantener un entorno estable para los negocios.” Obama dice “cambio” pero sus patrocinadores saben que esto significa “estabilidad.” “Cambio” es lo que obtendremos de los miles de millones de dólares que nos vemos obligados a pagar en impuestos y precios inflados que benefician a demasiado pocos.

Las poblaciones que tienen historias de opresión son fácilmente engañadas, porque están tan desesperadas por obtener “ayuda,” por ser “salvadas.” Por eso motejé a la maquinaria de relaciones públicas que apoya al poder blanco, incluyendo el poder blanco con la etiqueta de Obama, como “abusadores.” Predican plegarias negras, pescan muchos peces desesperados con cebos brillantes sin carnadas. Alguien, como Wright, señala los hechos lisos y llanos, y complica la estafa de los buhoneros de las relaciones públicas que tientan con engaños a las masas necesitadas. También complica las ilusiones placenteras de esas mismísimas masas necesitadas, que tienen orgasmos psíquicos que no quieren que se detengan por el consumo de placebos políticos.

La realidad puede ser demasiado para muchos, especialmente cuando viven con inmensas necesidades insatisfechas que extraen la vitalidad psicológica y la racionalidad robusta de sus psiques. Para cada tipo de víctima hay un depredador altamente especializado, en especial cuando las presas se presentan en vastos rebaños. Así es en EE.UU., que venera la fe de los mega-negocios de la mono-cultura, en la Iglesia de Ford, como Aldous Huxley escribió para “Un mundo feliz”, donde los rebaños de necesitados a escala continental son más vastos que lo fueran los de búfalos, y donde los beneficios que pueden ser obtenidos orientando a esos rebaños son más vastos que los sueños de Creso. ¿Quién mejor que Barack Obama para galvanizar esa atención de la mente pública necesitada? Lo genial en la industria estadounidense de la depredación psicológica es que agrupa en manadas a sus víctimas como masa en lugar de darles caza individualmente. Nuestros aristócratas dignos de Creso probablemente se disciplinarán suficientemente para dar al público el cebo que ha preferido porque resuena y refleja tantas de sus fantasías preferidas. El pueblo ha hablado, y nuestros dioses nos guiarán como corresponda.

Los partidarios leales en la campaña de Obama podrán considerar que este análisis es repelente, porque los que están embargados por una fe irracional no quieren ver como se disecciona sus fantasías. Obama, pueden decir, es mejor que McCain, y deberíamos apoyar a Obama para derrotar el control Bush-Cheney-McCainista del Imperio. Pero si fuera así, seguiríamos teniendo al Imperio, y Obama ha llegado a la prominencia precisamente por su lealtad demostrada a ese Imperio, no por un fervor revolucionario por hacerlo caer. El mal menor no basta para demasiada gente y, como el imperio es intrínsicamente racista, dañará desproporcionadamente a las minorías desfavorecidas.

Así que Obama es “cambio,” Obama es “esperanza” cuando envolvemos nuestras mentes en el plástico retráctil de ilusiones elásticas e impenetrables. Obama no es Thurgood Marshall, ni Martin Luther King, Jr., ni Malcolm X, por eso se le ve en nuestro Panteón televisado. Por eso Jeremiah Wright debe ser despachado con desdén de la consideración pública, y por eso Barack Obama debe elevarse estratosféricamente por sobre el que en otros días fuera su pastor, y de los que formaron en otros días su grey.

Creo que el comentario sobre el racismo es más incisivo cuando mantiene su enfoque en la dimensión económica – que considero como central – en vez del emocionalismo sobre el “odio” en el que la info-entretención revuelca excesivamente a los carentes de discernimiento. Más vale concentrarse en la intención y los propósitos del racismo, que son crear y mantener las disparidades económicas. Desde esos ángulos, se puede proponer argumentos políticos y de mantenimiento del orden para eliminar esos desequilibrios. Entonces, se habla de la actualidad de una manera clara, sin adornos y racional. Esto puede ser extremadamente impactante sin ser lastimero y empalagoso. Es el espíritu de Malcolm X y Frantz Fanon, y significa dinamismo, autorespeto, orgullo. Si hay suficiente de todo esto, puede significar revolución.

Fuente: http://www.counterpunch.org/garcia03202008.html

Manuel Garcia, Jr. pensionado de un trabajo de armas nucleares y física, escribe un libro de texto sobre energía solar. Su correo es: mango@idiom.com.

28 d’oct. 2008

Homo Hickus

Bill Hicks Una nueva biografía repasa la vida y exabruptos del fallecido cómico americano de stand-up rebelde

1. “Si haces un anuncio en TV, estás fuera de la lista artística, para siempre. Se acabó la historia, ¿vale? Eres un puto cómplice de las corporaciones, otra puta en el gang-bang capitalista. Y si haces un anuncio en TV, todo lo que digas será desde entonces sospechoso, y cada palabra que salga de tu boca será un zurullo cayendo en mi bebida”.
“Si alguien en la sala trabaja en publicidad o marketing... suicidaros (...) No, de verdad, no hay racionalización alguna para lo que hacéis, y sois los pequeños ayudantes de Satán. ¿OK? Sois los destructores de todas las cosas buenas, en serio. No, no es otra broma. Estáis pensando: “Ahora viene un chiste”. No viene ningún puto chiste. Sois la prole de Satán, y estáis llenando el mundo de bilis y porquería”.
Si su reacción al leer al fallecido Bill Hicks ha sido agitar su ejemplar del Cultura/S al viento, aullando ¡Sí, sí, SÍ!, sigan leyendo, pues esto les iluminará. Si, por el contrario, se han sentido molestos y han pensado “¿Qué tendrá de malo el marketing?”, les recomiendo dejarlo aquí. Sólo van a conseguir una úlcera.

2. Bill Hicks era el próximo paso evolutivo del hombre. Homo Hickus. “Un chamán disfrazado de humorista, siempre la Voz de la Razón”, como decía él mismo. Y si a John Osborne le llamaron “el Teddy Boy de la literatura”, Hicks era sin duda el Punk de la comedia. Un combinado de Marx + W.C. Fields + Johnny Rotten, solo que peinado a lo Mark Hughes. La comparación con Rotten es tanto más cierta si recordamos lo que éste dijo en el filme The filth & the fury: “No haces una canción como God save the Queen porque odias a la raza inglesa. Lo haces porque les amas, y estás harto de ver como les maltratan”. Hicks amaba al mundo. La intención final de su comedia stand-up, por mucho que jurara, era llevar a un replanteamiento del status quo. “El cómico”, declaró, “es el que dice “Eh, un momento” cuando se está construyendo el consenso”. Su autodefinición de “humanista misántropo” recuerda a las palabras de Nanni Moretti en Caro Diario (“Tengo confianza en el hombre, pero sólo me siento cómodo con una pequeña minoría”) aunque en indignado. La biografía definitiva de Hicks, publicada recientemente por Harper Collins, lo dice todo en el título: Agente Evolutivo. Un “anarquista gentil”, como se tildaba, llevando al Homo Sapiens al próximo peldaño de la evolución. Una especie de filósofo izquierdista airado, como un Noam Chomsky con dolor de muelas, como si Kurt Vonnegut cantara en Black Flag. Hicks era el V de V de Vendetta (el del cómic), liberándonos contra nuestra voluntad. Hicks era... Bueno, tengo muchas más comparaciones parabólicas, pero se las ahorraré. Solo recuerden: Bill Hicks era el tipo más gracioso del mundo. Encima.

3. Bill Hicks nació en Georgia en 1961, pero pasó su vida en Houston. Quiso ser comediante desde que vio a Woody Allen en What’s new pussycat?, aunque siempre tuvo a Richard Pryor como “el verdadero maestro”. Él mismo admitía las similitudes entre su show y el de Pryor; ambos eran comediantes amargos, sinceros, con una similar querencia por la drogaína y la cazalla. Las “juergas épicas” de Hicks y su jauría de cómicos en Houston, los Outlaw Comics, son legendarias; en una ocasión la cuenta de un bar llegó a $5000, y tuvieron que hacer un show conjunto (The Outlaw Comics Pay their Bar Tab) para pagarla. Hicks no había sido siempre un furioso borrachín; en su adolescencia solo le daba a los alucinógenos –algunos de sus mejores gags hablan de “viajes”, como aquel en que creen que el policía en el espejo retrovisor es un agente diminuto- pero luego se pasó al bebercio. Cuando añadió cocaína y éxtasis a ese Mejor Cóctel, como dijo una ex-novia, “era sólo para poder beber más”. Esa prodigiosa SED no impidió que su trabajo fuese cada vez más conocido, en parte por su intensa dedicación (300 shows al año), en parte por los respiros a su condición de forajido que le dieron un One night Stand Special en la HBO (1990), once apariciones en el David Letterman Show (gracias al después mancillado Jay Leno; la frase inicial estaba dedicada a Leno y su anuncio de Doritos), y los especiales Sane Man, Dangerous, Relentless y Revelations. Pero pese a los premios de “Hot Stand-Up of the Year” y su éxito en Inglaterra, Hicks nunca dejó de ser un fuera-de-la-ley. Su material era demasiado peliagudo para el mainstream: objetivos habituales eran los Pro-Vida (“Si sois tan pro-vida haced piquetes delante de los cementerios”), la religión (“Muchos cristianos llevan cruces en el cuello. ¿Creéis que cuando Jesús vuelva le va a gustar ver una puta cruz? Sería como ir a Jackie Onassis con el colgante de un rifle”), la familia Bush y la guerra de Iraq (en mi casa siempre repetimos, “¡Si viviese ahora!”, como si fuera un difunto familiar del POUM), las mentiras mediáticas y, por el lado positivo, las propiedades benéficas de las drogas, la libertad, la distribución de la riqueza y la confianza en la humanidad. Y, desde luego, innumerables hits sobre el porno, el tabaco, el rock’n’roll (Hicks siempre fue un fan), la masturbación (“He borrado civilizaciones enteras de mi pecho con un calcetín gris de deporte”) y los ovnis. Poco antes de su fallecimiento por cáncer en 1994, Hicks incluso tuvo el dudoso placer de ser censurado en su última aparición para el David Letterman Show. Mi héroe.

Para homenajearle, una sugerencia final: Un sketch famoso era aquel en que anunciaba que iba a dejar el stand-up para empezar una carrera en TV con su nuevo show Demos Caza y Muerte a Billy Ray Cirus (el sujeto cambiaba según el día: otras era Michael Bolton). ¿Qué mejor que empezar otro en TV3 con nuestros propios farsantes? Lo estoy viendo: Cacem i matem a...

Kiko Amat


Bill Hicks; Agent of evolution
Kevin Booth and Michael Bertin
Harper Collins
437 pág.

(Este es un artículo antiguo -de diciembre del 2006- publicado en el suplemento Cultura/S de La Vanguardia que por descuido nunca colgamos aquí. Como era sobre Bill Hicks, que es Dios, lo hacemos ahora)

El zoquete redimido

Ensayo El autor francés Daniel Pennac relata en Mal de escuela sus años de mal alumno y su metamorfosis de analfabeto a novelista

Un zoquete es un zoquete es un zoquete, pero no todos los zoquetes son iguales. Hay un tipo de zoquete -la palabra no es un insulto, aquí- que encarna el exitoso escritor francés y ex-maestro de escuela Daniel Pennac (Casablanca, 1944): el zoquete que se redimió, que logró ser algo. El ceporro que dejó de serlo, rompiendo el círculo perfecto de su burricie. Y luego está el zoquete que no lo era, pero al que el peso de las expectativas nulas (y las hormonas en rebelión) le convirtieron en uno. Una comparativa de la curva de zoquetería de Daniel Pennac con la del que esto escribe nos da una V perfecta: el final de su época de mal alumno es el inicio de la mía. Pennac deja de ser un zopenco a los 14, edad en la que yo descorchaba el champán de mi épico fracaso como bachiller. En un gesto de bravo periodismo de investigación he rescatado mi boletín de notas del cajón en el que lo tenía escondido, y lo que he encontrado me ha hecho reír. No tanto por el aumento geométrico de INSUF y MD que traía cada nuevo año, sino por el despatarrante despliegue de NP (en rojo sangre) escritos debajo de la casilla de Septiembre. Puñados de No Presentado, que llegan a su cenit glorioso en COU. No Presentado, que traducidos al lenguaje normal significan: Ya se pueden confitar ustedes la universidad, señores míos. ¿Dónde están todas esas fiestas, eh?

El caso de Daniel Pennac es distinto. Pennac era aquel niño que todos tuvimos en la clase en EGB; el que parecía tonto, sí. El que no acertaba una, y luego los demás masacrábamos a golpes de bolas de AEIOU en el patio. Mal de escuela es un libro sobre aquel zoquetón, y la redención que viene implícita en la propia existencia de esta obra, así como en sus años de maestro y autor best-seller. En sus páginas se nos presenta al Pennac niño, una auténtica piedra de río que ninguna materia puede penetrar. Un borrico revestido por la armadura del no-aprendizaje, blindado contra toda asignatura. O, como define poéticamente el autor: “Un zoquete sin fundamento histórico, sin razón sociológica, sin desamor: un zoquete en sí. Un zoquete arquetipo. Una unidad de medida”. El niño Pennac, “hijo de la burguesía de estado, nacido de una familia amorosa, (...) Y, sin embargo, un zoquete”. El memo inexplicable. El chaval que vive “la pasión del fracaso”. El que nunca llegará a nada, como tantas veces llegamos a oir ambos.

Mal de escuela es la crónica de su salvación. De la conversión de analfabeto a novelista, “la metamorfosis de zoquete a profesor”. Tras una primera parte en que Pennac abre su corazón de ex-asno, el escritor documenta su ascensión y nombra sus salvavidas: la lectura, por una parte, y tres profesores que confiaron en sus capacidades por otra. Pero Mal de escuela no es una glorificación de la clase docente, sino todo lo contrario; es la denuncia de una parte del profesorado como gang de destruye-futuros abúlicos e incompetentes (cuando no abusivos), una mafia de pasivos funcionarios incapacitados para enseñar a nadie, y mucho menos a chavales problemáticos. Pennac se ensaña educadamente con esa fracción; los que “prohíben el porvenir”, como define en el libro. Los que, de tanto “blandir el pasado como una vergüenza y el porvenir como un castigo” anulan toda expectativa de futuro en el alumno. Pennac sabe, por experiencia doble, que el profesor tiene que enfrentarse al último de la clase. Porque el maestro representa su salvación, por un lado, y también porque ese niño es “la encarnación de (su) propio fracaso profesional”.

Así, Pennac se salvó, terminó el bachiller y fue a la universidad. Fue maestro, y luego novelista. Es ese maestro old school el que, en la quinta parte del libro, examina al “zoquete contemporáneo”, la única sección de Mal de escuela que contiene un vago aroma a señor de otra era. Cuando Pennac relata indignado (uno casi puede verle levantando el bastón, jurando al cielo en pantuflas) que los jóvenes de hoy llaman a sus prendas por la marca, y grita “¡Los que os comen el tarro no son los profes! ¡Son las marcas!” no es tanto que le falte razón -los niños se han convertido, efectivamente, en clientes- sino que suena como alguien que acaba de materializarse aquí desde el siglo XVI. Pero es ésta una mella insignificante en un trabajo sobrio, sincero y muy necesario.
Kiko Amat

Mal de Escuela
Daniel Pennac
Mondadori
Traducción de Manuel Serrat Crespo
253 págs.

Mal d’Escola
Daniel Pennac
Empúries
Traducción de Joan Casas
264 págs.

(Artículo publicado originalmente en el suplemento Cultura/S de La Vanguardia del 22 de octubre del 2008)

El CD: ramera de Babilonia

Me es difícil esconder una sonrisa de “Te jodes” cada vez que escucho a alguien de la Industria Discográfica quejarse de la crisis. Si alguna vez en la historia alguien se ha buscado su propio morrón ha sido ésta. Sin entrar a comentar todos los detalles de usura pre-1982, recordemos que esa Industria fue la responsable de lo que llamaremos El Gran Timo del CD, una de las demostraciones más mezquinas y retorcidas de afán de lucro corporativo jamás vistas. El CD; no me hagan hablar. Ese formato insignificante, estúpido, ridículo, feo. Ese posavasos-del-futuro que iba a sustituir al vinilo, que nunca se rayaba, que reproducía mejor el sonido; todo mentiras, claro. Esa cagarruta sónica cuyo caparazón se rompía a los dos días, que era incapaz de soportar la menor sutileza de diseño, que destruía la lógica conceptual del arco narrativo en cara A y B, que tenía que comprimir digitalmente el sonido para almacenarlo... ¿Cómo puede compararse la riqueza, espacio y gordura del sonido analógico con el pssss robótico y enano del digital? El crítico Byron Coley lo decía en el libro Old Rare New: “Los CDs no tienen magia, no tienen alma y carecen de cualquier interés excepto como vehículos sónicos”. Y ni por esto último, me atrevería a añadir.
Por supuesto, aunque todo eso me rompe el corazón, no me afecta directamente. Al no ser uno de los idiotas que sustituyeron sus discos de vinilo (que no “vinilos”, como por alguna razón demoníaca dice todo el mundo) por CDs, mi colección de gloriosos LPS y 7” sigue igual de bella y estrepitosa que el primer día. Las indies puras nunca dejaron de producir vinilo, porque sabían que contenían La Verdad. Hoy se empieza a admitir que el disco de vinilo suena mejor, es mejor: un objeto artístico, una pieza emocional insustituible. Así que, por una vez, ganamos los buenos. Las hordas de zombis sin espíritu que vagan por la Tierra aferrados a sus Ipods y MP3 “bajados” son, como el monstruo de Frankenstein, una creación maléfica de la Industria discográfica. Su tiro en el propio pie. ¿Qué decir, además de “Os lo habéis buscado, tíos”?
Kiko Amat

(Columna publicada originalmente en la sección Visto y no Visto de la revista Rockdelux #266 de octubre del 2008)

24 d’oct. 2008

Coleccionista #16: Juan Vicente



¿Cuál fue el primer disco que compraste y a qué edad?
Mis dos primeras “adquisiciones” no creo que se consideren compras al uso, la primera fue un recopilatorio doble de The Beatles llamado Rock’n’roll Music que me llevé sin pagar de la sección de discos en unos grandes almacenes de Valencia, esto fue sobre el 78/79, tenía 14 años. Meses después conseguí mis dos primeros singles de una forma un tanto rocambolesca; por aquel entonces los colegas de cuadrilla de instituto pasábamos muchas tardes entre la casa paterna del único que disponía de tocadiscos en su propia habitación con unos padres no demasiado cotillas y un bar cercano con futbolín, y en aquella habitación, entre discos de Barón Rojo, Leño y otros grupos similares, aparecieron -nunca sabré como- dos singles que me engancharon desde la primera ocasión por estética y sonido. Me debí poner tan pesado intentando convencer al propietario sobre la nula relación que aquellos discos tenían con el resto de su colección que accedió a jugárselos en una partida al futbolín que ya podéis imaginar quien ganó. Aquellas dos maravillas eran “A message to you Rudy”(The Specials) y “Eton Rifles”(The Jam).

¿Cuál ha sido el último? ¿Qué estás coleccionando en estos momentos?
Un 12” de Larry Wu en el sello Atlantic, soul con toques de electro grabado a principios de los 80. Actualmente colecciono música afroamericana en un espectro bastante amplio, soul de todas las épocas, jazz, disco, funk, hip-hop, cosas puntuales de soulful-house, no amplio más hacia otros sonidos que también me atraen como el lovers jamaicano ya que tengo otras adicciones fuera del vinilo(sneakers, polos vintage) y no quiero acabar comiendo macarrones a diario.

¿Cuál es tu hallazgo más precioso? ¿Qué disco consideras la joya de tu colección?
Recuerdo la compra de una edición española de Lenny Curtis, un oscuro y desconocido artista de soul, en una tienda de Valencia llamada Melómanos que a día de hoy ya no existe; aquel single me costó 10 ptas. y actualmente se pagan por el cantidades con cuatro dígitos. No es fácil decir a qué discos le tengo mayor aprecio o valoro mas, en muchos casos existe un vinculo emocional, un lugar, momento, persona o simplemente la belleza de ese tema, pero hay temas que después de años me siguen erizando el vello cada vez que comienzan a sonar como “I’m the one who loves you” de Darrell Banks o “Because of you” de Jackie Wilson.

¿Artwork y portadas favoritas?
Buena parte del trabajo de Reid Miles para el sello Blue Note, algunas de las portadas de Impressions en Curtom, Roy Hargrove en sus últimos discos para Verve, también las de Five Corners Quintet en el sello finlandes Ricky-Tic, el artwork de Emek para el ultimo disco y gira de Erykah Badu, las ilustraciones de Rick Griffin en los primeros discos de Grateful Dead (uno de mis tatoos está basado en una obra suya) pero su tuviera que elegir una seria sin dudar la maravilla de Ernie Barnes para el I want you de Marvin Gaye, soul estético en estado puro.

¿Cómo tienes ordenada tu colección?
Básicamente por estilos y formatos, aunque últimamente comienzan a acumularse las bolsas con discos sin clasificar.

¿Sabes cuántos discos tienes?
No lo sé y tampoco me preocupa.

¿Cuál es/era tu tienda de discos favorita?
Cuando vivía en BCN y según épocas, Kebra en los 80, posteriormente Edisons, Wah-Wah y la sección de música negra de Overstocks cuando trabajaba Marcos Juandó. Actualmente en Valencia Discos Mardigras, que es más que una tienda, es un club social y punto de encuentro, solo me falta convencer a José Lledó, su propietario, para que instale un banquito de madera en el exterior en el que podamos pasar las tardes al modo de Sweet Dick Willy y sus colegas en Do the right thing.

Cuéntanos el episodio más memorable de tus días de cazador de discos (un timo, un error, un triunfo, un encuentro, un robo, una conversación...)
Aparte de alguno ya comentado he perdido discos en un par de ocasiones, por suerte no demasiado caros, en ambos casos la ingesta exagerada de alcohol me jugó una mala pasada, recuerdo como bastante cómicas las primeras llamadas telefónicas a dealers británicos con mi macarrónico ingles y como momento bizarro aquel día en que vi una cucaracha sobre un LP que estaba girando en el plato. No era en casa, malpensados.

¿Ha cambiado tu perspectiva del coleccionismo de discos desde la aparición de Ebay y la compra por Internet?
Ha cambiado por fuerza, Valencia, al margen de Discos Mardigras, es un erial para el coleccionismo de música negra y no quiero dedicar tiempo y energías para acabar con los dedos negros sin resultado alguno. Internet me permite acceder a tiendas como Dusty Groove o Crazy Beat que de otra forma estarían fuera de mi alcance, por otro lado Ebay ha convertido la compra de material más raro en una cuestión de poder, todo depende de hasta donde estés dispuesto a pagar, pero también hay toneladas de vinilo asequible que difícilmente veras en tiendas locales.

¿Aireas tu colección? Es decir: ¿Pinchas discos o realizas una actividad didáctica similar?
En contadas ocasiones; actualmente prefiero disfrutar de las sesiones de otros y no me importa hacer kilómetros para ello, solo cargo la maleta con mis discos cuando es algún amigo el que me ofrece la posibilidad y ya sé con qué me voy a encontrar, todo y eso me sigue encantando compartir sensaciones y conocimientos con todo aquel que esté interesado. Salut!


(Juan Vicente del Castillo, "Juanvi", es un soulman valenciano que echó temporalmente raíces en Barcelona. Se desconoce su edad, pero debe oscilar entre los 40 y los 543 (porque, saben ustedes, Juan Vicente no envejece). Lleva desde el principio de los tiempos hurgando en cajones de música negra y organizando eventos para bailarla, como el recordado Floorshaker. Juan Vicente es un hombre alto que se enfunda en Gabiccis y anda con aires culobalanceantes de pimp de Harlem. El que está a su lado en la foto, compartiendo pose freak y sujetando el Titanic, es Miguel Oribe, otro collector de Vitoria-Lleida)

20 d’oct. 2008

Coleccionista #15: Alan Handscombe


¿Cuál fue el primer disco que compraste y a qué edad?
El primero que recuerdo haber comprado era de los Jackson Five. “Looking through the window”, en Tamla Motown. Creo que también me compré el “Telegram Sam” de T.Rex.

¿Cuál ha sido el último? ¿Qué estás coleccionando en estos momentos?
Recientemente me hice con una copia de “Since you left me behind” de Larry Birdsong en el sello Cherokee, una gran pieza de rhythm and soul rockeante; el tipo de material que suelo incluir en mis sets para empezar a poner a la gente en marcha.

¿Cuál es tu hallazgo más precioso? ¿Qué disco consideras la joya de tu colección?
¿Mi hallazgo más precioso? Eso sí que es una pregunta difícil. Supongo que el último disco que consigo, siempre es excitante recibir el paquete de correos y casi inmediatamente empieza la búsqueda del siguiente. Pero si tuviera que decidir uno por narices, sería el de Ray Pollard en Shrine y el de Jimmy Phillips en Bumps. Menudo TEMAZO.

¿Artwork y portadas favoritas?
Me encanta el artwork de los álbumes. Todo lo de Blue Note etapa 50’s/60’s grita “¡Mírame!”. También me gusta mucho la portada del Gettin’ ready de los Temptations, con esa pinta tan cool que manejan, y el LP The Upsetter, con Lee Perry elegante como un pincel.

¿Cómo tienes ordenada tu colección?
La tengo ordenada por sellos, pero separo el soul y r&b de lo jamaicano. También, aparte, tengo las seis cajas de singles portátiles que son las que almacenan los discos que pincho en mis sets, y voy sacando de una y metiendo en la otra regularmente.

¿Sabes cuántos discos tienes?
Unos 6000 singles, me parece.

¿Cuál es/era tu tienda de discos favorita?
Mi tienda favorita de todos los tiempos era Rock On, al lado de la estación de metro de Camden Town. Tenías que pedir las cajas de singles que estaban detrás del mostrador, y estaban llenas de todos los tipos de música negra, psych y rock que puedas imaginar. Era una verdadera cueva del tesoro; fue una pena que cerrara.

Cuéntanos el episodio más memorable de tus días de cazador de discos (un timo, un error, un triunfo, un encuentro, un robo, una conversación...)
Una partida de caza de discos memorable fue la que hicimos a una feria discográfica que se celebró en el Electric Ballroom, en Camden. Encontré una white demo del “Don’t pity me” de Joanie Summers que me costó sólo 5 libras, y el “Look at me now” de Terry Callier por 4. El mismo día acabé yendo a otra feria que se celebraba en el 100 Club y todo el mundo había pasado de largo el single de Ringleaders en M-Pac y el de los Accent en One-derful, a... ¡2.50 libras cada uno! Gangas.

¿Ha cambiado tu perspectiva del coleccionismo de discos desde la aparición de Ebay y la compra por Internet?
Está chupado, ahora, con Ebay; pudiendo escuchar las canciones antes de comprarlas, y la gran oferta que hay disponible. En los viejos tiempos todo funcionaba a base de boca-a-boca, claro que la vez podías comprar a ciegas, porque todos los discos desconocidos valían solo un par de libras, o menos.

¿Aireas tu colección? Es decir: ¿Pinchas discos o realizas una actividad didáctica similar?
Tengo la suerte de que me invitan constantemente a pinchar por toda Europa y el Reino Unido desde hace años. Este mismo año he pinchado en el aniversario del Boiler, en Barcelona; me lo pasé en grande, y la gente estaba dispuesta a escuchar nuvos temas mezclados con los oldies. Gracias a la encantadora Cristina y toda la gente del Boiler por traerme, el próximo año volveréis a tenerme allí.

(Alan Handscombe es un reputado DJ de rhythm & blues y rare soul, y un habitual de las allnighters northern soul y mod de toda Europa. Skinhead original de Camden, Londres, fue miembro de la mítica sociedad de mods impecables The Camden Stylists en los primeros 80 y fundador del Capitol Soul Club a finales de la década de los 90. Hoy en día sigue siendo un hombre pulcro y bello, como puede apreciarse por la ensoñación en moaré gris a medida que luce en la foto adjunta).

16 d’oct. 2008

Coleccionista #14: Txópez

¿Cuál fue el primer disco que compraste y a qué edad?
Será un topicazo pero fue Quadrophenia en el ’85, con 15 imberbes años. Claro que lo de imberbe me daba una carita angelical que me había permitido levantarme antes un par de singles… de los Jam ("The Eton Rifles" y "Strange Town"). Menuda carrera delictiva... En fin, Who y Jam, parece que iba lanzado al desastre…

¿Cuál ha sido el último? ¿Qué estás coleccionando en estos momentos?
Realce de Gilberto Gil por dos duros (no merece más) y el primero de los Last Poets son los últimos. La verdad es que ahora mismo estoy a años luz de “estar coleccionando”. Honestamente no compro ni de lejos lo que solía. Cuando dejé de fumar me di cuenta de que tenía una voluntad de hierro y que también podía acabar con la vida miserable que me esperaba como adicto a los vinilos. Sí señor, Voluntad Férrea, así me llaman.

¿Cuál es tu hallazgo más precioso? ¿Qué disco consideras la joya de tu colección?
No tengo discos CAROS (así, en mayúsculas), así que en mi caso “precioso” y “joya” no tienen que ver con la pasta. Por eso mismo más que un disco me quedaría con una canción. Si tengo que escoger una probablemente me quedaría con "Ask Me About Nothing But The Blues" de Bobby Bland. Claro que dentro de 5 minutos es más que problable que te diga otra cosa…

¿Artwork y portadas favoritas?
Bluenote, para qué nos vamos a engañar. Elegancia, belleza y actitud que las hacen destacar sobre las demás y por eso mismo ser reconocibles. Obras maestras del diseño gráfico.

¿Cómo tienes ordenada tu colección?
En mi caso es por estilos: Soul (60’s, 70’s,…), Jazz, Brazil, Latino, Jamaica, Blanco Inglés, Blanco Americano, etc. Luego estos apartados se subdividen siguiendo un patrón totalmente personal. Reto a cualquiera a que demuestre que es capaz de entenderlo. Bueno, y luego que me lo explique.

¿Sabes cuántos discos tienes?
A ojo 1.500. Por supuesto cuando estoy borracho estoy SEGURO de que son muchos más.

¿Cuál es/era tu tienda de discos favorita?
Beltza Records. No es cuestión de si es mi favorita, sencillamente forma parte de mi vida. Además cada vez que consigo que aparezca el nombre de la tienda Luis me invita a un txakoli y un pintxo. Beltza. Beltza añado.

Cuéntanos el episodio más memorable de tus días de cazador de discos (un timo, un error, un triunfo, un encuentro, un robo, una conversación...)
Claro que he encontrado discos baratos y por el contrario he pagado de más por otros, aunque realmente no han sido grandes chollos ni enormes cagadas. Por supuesto que ha habido conversaciones sobre discos, en realidad han sido millones de horas hablando de música. Y por descontado he encontrado discos que anhelaba desde hacía mucho tiempo. Pero lo más memorable de mis “días de cazador de discos” son los viajes que he hecho buscando discos. Durante años mis vacaciones se planeaban en función de los puñeteros discos. He viajado a muchos lugares, he hecho buenos amigos y disfrutado mucho gracias a la escusa de los discos. Y he compartido esa experiencia con grandes colegas, en especial Miguel y también Luis Beltza (venga, marchando otro txakoli con pintxo), aunque obviamente no son los únicos. Eso es M-E-M-O-R-A-B-L-E.

¿Ha cambiado tu perspectiva del coleccionismo de discos desde la aparición de Ebay y la compra por Internet?
En mi caso radicalmente. Siempre he pensado que la música es maravillosa por sí misma pero que hay otros factores a su alrededor que la engrandecen todavía más. Para mí, como acabo de comentar en la anterior pregunta, uno de los más importantes es (mejor dicho era) la búsqueda del disco. Viajar a Estados Unidos, Inglaterra o cualquier otro sitio; tiendas, ghettos, ferias de discos, almacenes,… En ocasiones era todavía más maravillosa esa búsqueda que el propio disco. Sinceramente no le encuentro la gracia a comprar un disco mirando una pantalla de ordenador, aunque siendo honesto no es esta la razón principal por la que compro muchos menos discos.
Y claro que Internet nos permite acceder a muchos discos que de otra forma sería complicado encontrar y además facilita comparar precios. Amén de que te ahorras el ir a dar una vuelta por Detroit…

¿Aireas tu colección? Es decir: ¿Pinchas discos o realizas una actividad didáctica similar?
Actividad didáctica… ¡Venga, que al final lo de pinchar es para mamarse como un perro!!!
En cualquier caso pinché durante bastante tiempo y al final no librábamos ningún fin de semana (Groove Collective). Se acabó convirtiendo en algo rutinario, otro trabajo, así que lo dejamos básicamente cuando empezamos a ganar dinero pinchando en vez de perderlo, que –seamos serios- es muuuchíííísimo más divertido. Por otro lado ya he comentado que no compro discos como solía, con lo que soy consciente de que ahora mismo hay gente que puede aportar mucho más que yo.
Además estoy muy orgulloso de lo que logramos en su momento. Participamos en la creación de algo que no existía, que fue muy hermoso y… bestialmente divertido. Prefiero vivir de rentas que joder aquel recuerdo haciendo sesiones de medio pelo.


(Diego San Martín, "Txópez", fue miembro del Euskadi Soul Club y del colectivo vitoriano de pinchadores de música negra heterogénea y sublime Groove Collective. También es ex-mod confeso, y -sin que esté relacionado, ojo- ahora gusta de disfrazarse para Carnaval -o no- de las cosas más descabelladas. Vive en Vitoria-Gasteiz, tiene una perra llamada Kika y es, en general, un hombre de mirada limpia)

10 d’oct. 2008

Superpendones del rocanrol


Groupies ¿Amazonas gloriosamente liberadas o pelanduscas cabeza-de-chorlito? Las fan-felatrices del rock confiesan sus secretos

Qué triste es el primer día en que te miras al espejo y te dices: ‘Nunca voy a ser una estrella del rock’. Es una píldora difícil de tragar, pero a partir de ahí no te queda otro remedio que examinar las opciones de futuro que sí estan al alcance de tus escuálidos talentos. Puedes meterte en un empleo que no requiera sensibilidad alguna (cura, policía), inventarte algo que sólo exija una abismal carencia de escrúpulos y alma (coolhunter, publicista), o -y aquí entran las groupies- le sacas punta a algo que, aunque no sea exactamente un talento, sí puede acercarte en cierto modo a tu sueño.
En este caso, se trata de chupar penes. Perdonen que se lo diga así, a lo bruto, pero es que esto no hay forma de explicarlo delicadamente.

Históricamente, la groupie es una rockera que anhela compartir algo del talento semidivino con el que Dios ha tocado a sus ídolos. Descartado el componer, tocar o cantar, sólo queda el socorrido recurso de pasarse por la piedra a los músicos que sí poseen algunos de esos talentos. Las ventajas de este camino son innnumerables, pues a las groupies, a la sazón, todo el mundo las ama. Esto, sin embargo, no es porque sus personalidades sean fascinantes o hayan descubierto una cura para el cáncer. No, la gente las ama porque albergan la esperanza de que alguna de ellas les sostenga bucalmente el penis. Esto es un poco triste, pero cierto.
Ir por el planeta folgando a destajo, con todo, no es condenable de por sí; si es algo, es celebrable. Lo que hace de las groupies un fenómeno algo patético -y las coloca en el perfecto polo opuesto de punks femeninas como Slits o Raincoats- es la completa subordinación intelectual a cualquier cazurro melenudo que haga runga-runga.
Por ello algunas fantasiosas groupies eufemizan lo que hacen, defendiendo sus genuflexiones de amor como una manera de inspirar a sus héroes. Una de sus reinas, Pamela Des Barres, llega incluso a autodefinirse como Musa. Que el resto del mundo la llame una palabra que también tiene una u y una a, y que rima de manera asonante con musa, es algo que la indigna. De modo que, para desmentir su mala fama de felatriz sin escrúpulos, se ha puesto a escribir libros.
Oh, no.

Golfería rockera
Los dos libros de Pamela Des Barres, I’m with the band; Confessions of a groupie y Let’s spend the night together; backstage secrets of rock muses and supergroupies, son el tercer y cuarto peor libro que he leido jamás. En toda mi vida. Narrativa o ensayo. Pero, como ya imaginan, no se trataba de leer para elevar el alma. Se trataba de enterarse de quién la tenía gorda en el mundo del rock. Para eso sirven esos dos apestosos libros. Y para eso sirve, no crean que me engaño, este artículo.

La Desbarres es el prototipo de groupie rockera americana: inocente, Estoyloca, histriónica y voluble. Hasta ahí, igual que cualquier otra hippie paisana suya. Lo que diferencia a Pam es su facilidad para ponerse a bailar el charlestón-sin-bragas cada vez que está en presencia de un tío hirsuto con guitarra. ¿Cómo se explica esto? Si yo fuese psiquiatra, mi diagnóstico sería un alarmante complejo de edipo unido a una conciencia débil y una identificación patológica del fornicio con la liberación personal. Como no lo soy, les diré cómo lo explica ella: “Sentía una necesidad desesperada de mostrarles [a los músicos de rock) lo mucho que apreciaba su persona escénica y sus habilidades compositoras”. La máxima aspiración de Pam era “ser la novia del guitarra de la banda de rock and roll más grande del mundo”. O sea, Propiedad De, como les tatuaban los Ángeles del Infierno a sus mamas en el culo.

No todas las supergroupies -imaginamos que el superpoder al que se alude aquí es el de la cópula- son así. Bebe Bluell, futura esposa del músico Todd Rundgren, parece algo más lista; pero mucho, mucho, tampoco. Pleasant Gehman, groupie del punk angelino, se alinea a su vez con la idea de la “musa”, llegando a afirmar que “Angie Bowie era tan importante como David Bowie”. Dejen de reirse así, por favor.
Las hay dignas: Tura Satana (ver foto), que fue un ligue del joven Elvis y futura actriz de Russ Meyer, tenía los pompones oscilantes bien puestos. O la célebre Cynthia Plaster Caster, que hacía moldes de escayola de titolas de rockeros; un arte, al menos, si bien menor.
Las hay brutas, como Sweet Connie. Inmortalizada en la canción de Grand Funk Railroad We’re an american band, se benefició a miembros de los Who, KISS, Stones, ZZ Top, Fleetwood Mac y más. La Connie tenía pocas manías: En una ocasión, tras una discusión de backstage entre los Who, Keith Moon le hizo cosas marranas con un plátano, “para rebajar la tensión”. Sweet Connie era además una groupie democrática que no tenía reparos en felar a los roadies; admirable actitud. Dee Dee Keel hacía lo mismo, aunque en su lista estén Jeff Beck, todos los Hollies, David Cassidy, Van Halen, Mötley Crue, Iggy & The Stooges... No quiero aburrirles. Tras cien páginas de proezas chupatorias, uno empieza a perder interés.
Si lo que quieren saber es, pues, quién la tenía gorda, estos son los penes más grandes según el Sistema Métrico Groupie: Gene Simmons (de KISS), Iggy Pop (lo sospechábamos), David Cassidy (nadie lo hubiese dicho) y Don Johnson (“HUGE cock”, según la Desbarres). Además, Steve Tyler (de Aerosmith) es un “grandioso amante” y Mick Jagger sufría gatillazos. Todo un consuelo, amigos.

Kiko Amat


(Artículo publicado en el suplemento Cultura/S de La Vanguardia del 1 de octubre del 2008)