28 oct. 2008

El CD: ramera de Babilonia

Me es difícil esconder una sonrisa de “Te jodes” cada vez que escucho a alguien de la Industria Discográfica quejarse de la crisis. Si alguna vez en la historia alguien se ha buscado su propio morrón ha sido ésta. Sin entrar a comentar todos los detalles de usura pre-1982, recordemos que esa Industria fue la responsable de lo que llamaremos El Gran Timo del CD, una de las demostraciones más mezquinas y retorcidas de afán de lucro corporativo jamás vistas. El CD; no me hagan hablar. Ese formato insignificante, estúpido, ridículo, feo. Ese posavasos-del-futuro que iba a sustituir al vinilo, que nunca se rayaba, que reproducía mejor el sonido; todo mentiras, claro. Esa cagarruta sónica cuyo caparazón se rompía a los dos días, que era incapaz de soportar la menor sutileza de diseño, que destruía la lógica conceptual del arco narrativo en cara A y B, que tenía que comprimir digitalmente el sonido para almacenarlo... ¿Cómo puede compararse la riqueza, espacio y gordura del sonido analógico con el pssss robótico y enano del digital? El crítico Byron Coley lo decía en el libro Old Rare New: “Los CDs no tienen magia, no tienen alma y carecen de cualquier interés excepto como vehículos sónicos”. Y ni por esto último, me atrevería a añadir.
Por supuesto, aunque todo eso me rompe el corazón, no me afecta directamente. Al no ser uno de los idiotas que sustituyeron sus discos de vinilo (que no “vinilos”, como por alguna razón demoníaca dice todo el mundo) por CDs, mi colección de gloriosos LPS y 7” sigue igual de bella y estrepitosa que el primer día. Las indies puras nunca dejaron de producir vinilo, porque sabían que contenían La Verdad. Hoy se empieza a admitir que el disco de vinilo suena mejor, es mejor: un objeto artístico, una pieza emocional insustituible. Así que, por una vez, ganamos los buenos. Las hordas de zombis sin espíritu que vagan por la Tierra aferrados a sus Ipods y MP3 “bajados” son, como el monstruo de Frankenstein, una creación maléfica de la Industria discográfica. Su tiro en el propio pie. ¿Qué decir, además de “Os lo habéis buscado, tíos”?
Kiko Amat

(Columna publicada originalmente en la sección Visto y no Visto de la revista Rockdelux #266 de octubre del 2008)