26 nov. 2008

Fleet Foxes: blandos, bucólicos, barbudos


Son de Seattle y han facturado un disco de FM Folk por el que se están derritiendo todos los críticos del universo anglosajón. Encapuchados y enchirucados, blandiendo altísimas influencias, Fleet Foxes y su homónimo álbum de debut (Fleet Foxes, Sub Pop 2008) están provocando salivación anticipatoria aquí y allá. ¿Es ésta la gran esperanza de la New Weird America? ¿Es esto lo mejor que puede dar el folk moderno? Veamos.

Llevan gorros de lana, camisas de franela y barbas. Barbas muy poco convincentes, como de niños que las llevasen postizas para Carnaval. Pero el hirsutismo de Fleet Foxes parece real, como sus amores. Ellos mismos se definen como “pop barroco, música de películas de fantasía, Motown, bloques de armonías, himnos”. Es difícil afirmar con certeza si tanto el franelismo como la obsesión por el folk-pop bucólico-pastoril llevan el sello de la pasión sincera; por desgracia sólo los años pueden traer la respuesta a esa pregunta. Pero vamos a aventurar que sí. Vamos a aventurar que un grupo que suena a los Fleetwood Mac más radiables, a Pentangle, a Judee Sill, a Beach Boys y el Dennis Wilson de 1977 no necesita enseñarnos el ticket de compra de sus primeros LPs. Con semejantes influencias, ¿Quién requiere credenciales? Sería como si de repente una actriz de Hollywood se metiese en nuestra cama (digamos Kirsten Dunst) y le preguntáramos dónde has estado, pendón.
Otro tema es que Fleet Foxes sean tan buenos como sus influencias. No lo son, eso se lo avanzo ya. Pero esa patología se repite en todos los grupos que reciben cobertura masiva en la prensa musical inglesa, así que ya estamos acostumbrados: Arctic Monkeys son mucho peores que Smiths y Jam, Devendra Banhart no le llega a las suelas de las sandalias a Caetano Veloso, Franz Ferdinand no pueden ni nombrarse en la misma frase que Orange Juice. Esto es así, y me da igual que chillen.
¿Cómo hay que tomarse pues a Fleet Foxes? Como lo que son: un grupo de niños barbudos haciendo música folk-pop blanda, evocativa. Un grupo que en los 60’s y 70’s hubiese sido considerado de segunda o tercera fila, y digo esto sin dramatizar. La historia del pop está llena de encantadores y disfrutables segundones. Sólo hay que ser consciente de que lo son y no decir majaderías.
Robin Pecknold, el líder de Fleet Foxes, es el que tiene más cara de ir al “insti” (en las entrevistas habla como tal: “súper-guay”, “lo más”, etc) y llevar barba postiza atada con goma detrás de las orejas. Tiene 22 años, qué quieren. Pero no hablaremos con él, sino con Josh Tillman, cantautor en solitario y el último en incorporarse al grupo.

A la primera escucha, todos esos “bloques de armonías” a cuatro voces hacen pensar en música de iglesia. ¿Tenéis un pasado como niños de colegio salesiano?
Definitivamente no. Tenemos un 0% de afiliación religiosa. Los padres de Robin son devotos ateos, y todos nosotros hemos crecido como agnósticos convencidos. Por supuesto, en cuanto a grupo tenemos ciertas afinidades con los himnos religiosos, pero son cuestión de estilo: la música de arpa, los órganos y, por supuesto, los coros.
En una segunda escucha, sin embargo, me vinieron a la cabeza las definiciones que hace Ed Sanders en su libro sobre la familia Manson, The Family. La forma en que define esos coros comunales, las voces litúrgicas unidas... ¿Sois hippies? O peor aún: ¿Sois una secta?
Por alguna razón todo el mundo coincide en llamarnos neohippies, pero si lo miras detenidamente es obvio que nuestro estilo requiere demasiada disciplina y demasiada organización a la hora de ser tocado para ser auténticamente hippie, como lo sería un grupo de blues freaky improvisado de la Costa Oeste durante los sesenta.

Como Grateful Dead (pronunciado con desdén)
Bueno, a mí me gustan mucho Grateful Dead, pero estamos muy lejos de ser un grupo de jams libres como lo eran ellos. Nuestra dedicación extrema y detallista para con los arreglos es muy poco hippie. Otra cosa es que las armonías suenen pentecostales, o tengan un cierto aroma hippie. Quizás sea porque llevamos camisas de franela.

O sea, que no sois una secta.
(Se ríe) No.

A pesar de ser un grupo que ha crecido en una atmósfera urbana, vuestro disco está lleno de evocaciones mágicas y ensoñaciones de fábula. Robin mencionaba ser muy fan de El señor de los anillos, y a mí me viene a la cabeza El viento en los sauces de Kenneth Grahame.
Bueno, no es tan extraño. J.R.Tolkien creó El señor de los anillos viviendo en el ambiente de una universidad inglesa de la época. En mi opinión, lo nuestro es más una cuestión de escapismo que querer ser una copia urbana del medio ambiente natural. Somos más escapistas que idealistas. Al vivir en Seattle nos interesa más escribir sobre la idea de la naturaleza; también porque -es innegable- a todo el mundo le gusta esa idea. Pero tienes razón, estamos hechos del mismo material que El viento en los sauces.
En Fleet Foxes se condensa un amplio arco iris de influencias, “Ragged Wood” me suena a Simon & Garfunkel, pero también a The Shins. “Red Squirrel” al Dennis Wilson del Ocean Pacific Blue. “Your protector” es 6t’s folk-pop inglés a lo Incredible String Band mezclado con Quilapayún ¿Sois empollones de discos?
Has dado en el clavo con las influencias: Incredible String Band, Simon & Garfunkel, Steeleye Span, Beach Boys... Inevitablemente, si introduces un montón de discos en tu cabeza, lo que salga de ella va a parecerse en cierto modo a esos discos. Pero no es una copia de audiófilo, y no pretendemos sonar igual que ellos. Eso sí, confieso que somos empollones de discos.
Pregunta sobre formatos para ver si pasáis el examen: ¿Vinilo, CD o MP3?
Yo diría que vinilo y MP3. Me gustan los dos extremos. Me gusta el hecho de que el MP3 sea un formato portátil, su movilidad, su fácil acceso. Y del vinilo me gusta todo: el tamaño, las portadas y -por supuesto- que suena alucinante. EL CD, por otro lado, no es nada. Aparte de un montón de plástico.

Al ser de Seattle, os supongo un pasado punk/HC/grunge, pero todo eso no parece haberse filtrado en absoluto en vuestra música. ¿Hicísteis limpieza de influencias no adecuadas?
No hay un factor concreto que explique eso. Tienes que pensar que cuando hubo la gran explosión punk y grunge en Seattle yo tenía 8 años.

Es cierto. Me había engañado vuestro pelo facial.
(Ríe) Cuando llegué a los 11, la fiebre grunge ya había amainado un poco y estaba dando los últimos coletazos. Así que yo siempre identifiqué el sonido Seattle y Sub Pop con cantautores como Damien Jurado. Hace sólo siete años Casey (Wescott, teclista) estaba en un grupo punk (Seldom), pero era punk inteligente, más post-punk que grunge. En cualquier caso, me encantan Nirvana. Puedes citar que lo he dicho.

También engaña el hecho de que a pesar de ser de Seattle sonéis tan California del sur, tan océano pacífico.
Bueno, recientemente estuvimos en Big Sur (zona montañosa al sur de San Francisco), en la casa de Al Jardine (de los Beach Boys). Aparte de lo importante de estar con alguien tan relevante para nuestra identidad como él, nos identificamos completamente con Big Sur, sentimos una cercanía total, un vínculo con ese entorno. Al estar allí entiendes de pronto el porqué del sonido californiano. Por otra parte, al no ser de allí, nuestro sonido surge de una California mítica, soñada. Al haber nacido lejos de allí estableces una relación mitológica con la zona.

En la revista Uncut vi la foto de un cartel que cuelga en vuestro local. Escrito en rotulador debajo de las normas para mantener el sitio en condiciones hay escrito: “No Emo. No 70’s rawk”. ¿Hay algún otro No que tengáis como norma al ensayar?
(Se ríe) La verdad es que terminamos haciendo un montón de Nos. Nos gusta hacer los grititos a la tirolesa post-Eddie Wedder que suelen acompañar el rock moderno más “enfadado”. O añadir letras improvisadas a viejas canciones country.

A los críticos les encantan las escenas. ¿Os sentís cercanos a algunas de las que se mencionan hoy? ¿Al folk raro de la New Weird America, por ejemplo?
Robin sería la persona adecuada para responder eso, la verdad es que estoy bastante desconectado de lo que se cuece hoy en día. Me gusta gente como Bonnie “Prince” Billy, pero no sé... (Piensa) Creo que no hay un club de chicos, al menos respecto a otras bandas con las que salir y compartir ideas. Hemos tocado con gente como Grizzly Bear y son gente magnífica, pero nosotros flotamos en nuestro propio universo.


4 Grupos que Fleet Foxes desearían ser (pero no son)
Sin querer ser injusto. Pero si ellos nombran influencias, es de ley que nosotros les comparemos a ellas.
Incredible String Band: Fleet Foxes se darían repetidamente con cantos en los dientes para poder hacer algo tan inmenso como “A very cellular song” del The Hangman’s beautiful daughter (Elektra, 1968), 13 minutazos de coros, espirituales, fragmentos pop y mística campestre a tutiplén. Quizás, si se aplican, con el tiempo y una cuchara...
The Pentangle: Todos los grupos de folk de los sesenta tenían algún hit pop. “Light flight”, del Basket of light (Transatlantic, 1969) era el de The Pentangle, y era una canción grandiosa: totalmente folk, totalmente pop-art (normal, pues la produjo Shel Talmy), 100% exultante y elevadora. Lo más cercano que tienen FF a un hit es “Your protector”, esa combinación de música peruana del Machupichu y folk de la campiña británica. No está mal, pero deberían repasar en casa.
Simon and Garfunkel: Los han utilizado tantas veces para anuncios que a veces a uno se le olvida lo sensacionales que eran los S&G de los cuatro primeros álbumes. Cuando Fleet Foxes hagan una canción como “I am a rock” del The Paul Simon songbook (en solitario, CBS 1965) o la ultraterrena y prodigiosa “Scarborough fair / Canticle” (del Parsley, sage, rosemary & thyme, Columbia 1966), hablamos.
Beach Boys: Vuestras influencias extienden cheques que vuestras canciones no pueden pagar, Fleet Foxes. Si hubieran dicho que los grupos en los que se fijaban eran The Germs o The Pop Rivets, les hubiésemos dejado tranquilos. Pero ponerse a la vera de los autores del Pet Sounds y el Wild Honey...

Kiko Amat

(Artículo publicado originalmente en la revista Rockdelux #267 de noviembre del 2008)