8 jul. 2008

Junot Díaz: El silencio del nerd

¿Quién empezó a amar a los nerds? ¿Quién decidió dejar de cantarle al barón pichabrava del yelmo y dirigir la mirada al tío birria que dibujaba (y se masturbaba) con lágrimas en los ojos tras el cobertizo? Preguntas para las que, me temo, no tengo respuesta; tendrán que preguntarle a alguien que lograra finalizar el BUP. Pero sí puedo asegurarles que alguien decidió, en algún momento de la historia, poetizar a aquel gafotas jorobado que leía cómix -o su equivalente- en la penumbra. Desde entonces, los nerds han protagonizado algunas de las páginas más excelsas de la narrativa moderna, como el Ignatius de La conjura de los necios. La mitología del perdedor arquetípico iría adquiriendo armamento diferente con las décadas (discos de blues, tolkiana o matemáticas), para seguir conservando intacta la figura inmutable del nerd, siempre el nerd. Inventando galaxias, comiendo porquerías, releyendo sci-fi y autoamándose en un lecho de Hustlers. Qué asco de tío. ¿Por qué gaitas nos intriga tanto? Quizás sea porque, aunque sólo sea un poco, nos sentimos reflejados en su mundo de malsana pasión privada. Quizás sea porque nos repugna esa parte empollona y débil de nosotros mismos, y la exorcizamos observando zoológicamente a las creaciones literarias de otros.
Sea como fuere, aquí tienen a otro: Oscar Wao. Posiblemente el tipo más feo de la República Dominicana, sólo que trasplantado a New Jersey, medio ciego de tanto analizar Dune y con un culo como una sandía. Aquí lo tienen: Inmutable Amigo-de-las-niñas-y-nada-más (“la perdición de todo nerd”), reo de habitación teen, jugador de rol, fan de Neil Gainman. Sólo que peor, porque Oscar Wao es dominicano. Qué mala suerte la suya. Junot Díaz, su creador (y apabullante Premio Pulitzer de este año) le ha arreado el golpe de gracia al estigmatizarlo aún más, haciéndole formar parte de una de las culturas más testicular-céntricas del planeta. Unánse a nosotros, se lo ruego, en una charla con el responsable de tal putadón.

Antes, el héroe de las novelas era el jock, el follador victorioso, pero ahora es el nerd. ¿Será porque los esritores tienden a ser nerds?
Gran parte de los escritores son nerds, es cierto, pero la mayoría de los protagonistas siguen siendo no-nerds. Lo único que pasa es que a gente como tú y como yo nos gustan más los nerds. También me interesa Oscar como crítica de la cultura dominicana, con sus estereotipos de masculinidad; todos esos campos tienen un silencio, y es el silencio del nerd, el arquetipo marginalizado. En cualquier caso, incluso entre los nerds, Oscar es “el rey de los perigüeyos”, como se dice en mi país. No es lo mismo ser un nerd de macs e Ipods que un nerd de Dragones y Mazmorras. A Óscar le gustan las areas más marginalizadas incluso entre los nerds.
La nerd-itud de Oscar, sin embargo, se intuye como algo más que el intento de moldear un protagonista y divertido.
La narrativa realista no puede llegar a explicar la realidad del Tercer Mundo, así que no queda más remedio que hacerlo usando la narrativa múltiple. Las mejores nociones del poder absoluto que se desarrolló en el Trujillato [la dictadura deTrujillo, que mandó sangrientamente en la República Dominicana de 1930 a 1961, y en la que Díaz sitúa partes de la saga de la familia de Óscar) las encuentras en los cómics. Las obsesiones marginales de Oscar pueden explicar la historia de su familia y país mejor que las narrativas habituales.
Te veo bastante bien de salud y cutis. Si tienes un pasado nerd, y Óscar es tu alter-ego, has conseguido esconderlo de maravilla. Cuéntanos ese secreto que podrá devolver la esperanza a cientos de lectores de Rockdelux.
Gracias. No, en ésta novela casi nada es autobiográfico. Si hay un alter-ego aquí es Yunior [cuñado esporádico de Óscar). Cuando mi madre leyó la novela me dijo: “Ésto no tiene nada que ver con la familia. ¿Para qué vas a buscar locos fuera si tu familia está llena?”. Este libro es mi Tierra Media. He conseguido vertir en él mi amor por los géneros: ciencia ficción, fantasía, cómics... a la vez que daba rienda suelta a la percepción (y obsesión personal) de que la historia profunda del Caribe es la historia secreta de los Estados Unidos.
Pareces un tío de obsesiones.
Comparado con otros américanos estoy bastante bien, créeme.
La maravillosa vida breve de Óscar Wao es un libro conscientemente humorístico, un atributo del que la mayoría de los escritores respetables huyen como del tifus. Parece que la risa (como decía el venerable Jorgue de El nombre de la rosa) fuese algo animalístico que hay que evitar.
La división entre humor y drama no existe en la vida real. La locura caribeña es precisamente esa mezcla: un escritor del Nuevo Mundo va a hacerte morir de risa y romperte el corazón en la misma página. Es necesario crear esa confusión en el lector. Nada es más serio y real que no saber si reir o llorar.
Los escenarios históricos de algunas partes de la novela (como el Trujillato) están meticulosamente investigados, sin que con ello parezca que se nos está dando una lección de historia ni sin que el libro se convierta en un tostón.
Mi definición de la civilización actual es “la tiranía del presente”. Nuestros cerebros quantum se han reducido; ya no tenemos dimensiones de pasado/futuro, sólo presente. Muchos escritores que quieren ser actuales piensan que el registro histórico es anatema, pero la historia no es sólo material para escritores viejos y aburridos o para la vieja izquierda.
Es espeluznante pensar en lo cercano que está todo, si lo situas en un arco temporal contextualizado en la historia. Quiero decir que de la Guerra Civil española o del Trujillato hace nada, literalmente. 50 miserables años.
Nuestras culturas están obviamente traumatizadas por esos sucesos históricos. Como escritor, mi faena más importante es hablar de ellos. El material con el que trabajo no son las palabras, sino el silencio cultural. El Poder sólo vence porque existe un silencio.
De ello se podría deducir que la obligación de todo escritor es buscar la comprensibilidad en todo momento.
No.
¿No? ¿No se trata de hablarle a la gente en su propio lenguaje, empatizar con otros sers humanos, compartir determinadas emociones?
Como escritor, debo provocar discusión. Los escritores más crípticos son los que provocan mejores discusiones. Además, no tenemos ni idea de qué nos deparará el futuro; quizás ese cripticismo es exactamente lo que el futuro requiere. La escritura reclama complejidad y diversidad. Las formas más populares son las que no duran demasiado. Mi visión es la de mis padres, que eran campesinos: sembrar pensando en la longevidad y los resultados en el futuro. De forma personal estoy de acuerdo con lo que dices, pero en cuanto a argumento estético... Mis escritores favoritos se saltaron la tapa de los sesos porque nadie les entendía.
¿Crees en la inmoralidad de determinadas visiones literarias? Jim Dodge dijo que Miedo y asco en Las Vegas era una novela excelente pero malvada desde un punto de vista moral, porque sus protagonistas se deleitaban en maltratar a la gente más desprotegida por el sistema en lugar de a Sheriffs o guardaespaldas.
No creo que ser optimista o proporcionar esperanza sea la única forma de empatizar. Ona de las muchas notas que un escritor puede tocar es la esperanza y la bondad, pero también puede expresar muchas otroas cosas hablando de la maldad, como Cormac McCarthy. Siento una comunión ética con la gente, pero no quiero ser programático. Ser programático es lo más aburrido que un escritor puede ser.


Junot Díaz
“La maravillosa vida breve de Óscar Wao”
Mondadori
Óscar Wao es un SuperNerd, un grasiento y vírgen fan de cómics y hobbits que se encuentra, tras una visita a la República Dominicana, en una coyuntura doblemente peligrosa: Está enamorado, y además van a matarle. A su alrededor (pasado y presente), orbita la familia: Su rebelde hermana Lola. El salido de su cuñado, Yunior. Su madre, la sufrida Beli. Y su mítica abuela, La Inca. Un libro de sagas, como dijo Time, “para gente que no lee libros de sagas”. Un libro anclado en la cultura popular pero sin miedo a bucear en el drama de la historia reciente. Un debut largo que ha tardado una década en ser escrito. Una obra espectacular y profunda, pero no por ello menos fresca e hilarante. Todo eso, y más.

Kiko Amat

(Artículo publicado originalmente en la revista Rockdelux#264 de Julio-Agosto. Ésta es la versión extendida de la entrevista)