18 juny 2009

The Who Sell Out: 100% libre de hippismo

THE WHO
The Who Sell Out
(De luxe edition)

Polydor

¡Who-fans: Voy a contarles aquí como terminar de una vez por todas con la discusión “¿Cual era el mejor grupo de los 60’s?” que seguro han librado alguna vez contra fans de Beatles, Stones, Kinks y Beach Boys. Es sencillo; en realidad, sólo tienen que recordarles a sus adversarios cuántas versiones dignas existen de canciones de los Who practicadas por otros grupos. La respuesta, que les hará ganar porras y contiendas, es ésta: 0. No existe ninguna, por la sencilla razón de que los Who no son replicables. Y no por crípticos; existe algo en su sonido y actitud y nervio y pelotas (si fuese hippie lo llamaría “magia”) que nadie ha podido repetir jamás.

The Who sell out es el mejor álbum del grupo, y casi de la historia. Celebra, como divinamente expone Dave Marsh en las notas interiores de esta cuidada edición, “la forma de vida que la contracultura hippie destruyó: el materialismo frenético, desesperadamente absurdo, profundamente superficial (...) y abiertamente consumista de los mods”. Sí, amigos: es éste un álbum 100% anti-hippie, 100% anti-mundo adulto, anti-padres, totalmente adolescente, descarado, malcarado, enfadado y confuso. Y, a pesar de lo que afirma Marsh, paradójicamente profundo. Es un álbum conceptual, pero no de la manera embalsamada que lo sería el pomposo Sgt. Peppers. The Who Sell Out celebra el mencionado lifestyle teen-mod en su forma de consumo masivo más extendida: la radio pirata del rock’n’roll, con aquellos anuncios y jingles y hit singles que tantas vidas iluminaron. Su falsa trivialidad -al igual que el engañoso consumismo mod- esconde una apabullante carga de significado y -especialmente- realidad. Es subversivo, pero no a la manera boba de los bed-ins. Es psicodélico y experimental, sin ser nada artie. Sólo tienen que escuchar “Armenia City In The Sky” o “I can see for miles”; ambas son medio psych, pero contienen aún la permanente amenaza anfetamínica de la clase obrera inglesa. No es el sonido de alguien con flores en el cabello, sino la vibración en el aire que avisa del comienzo de una pelea.

Además de esa agresividad poco disimulada, otra cosa distingue a Sell Out del resto de discos de 1967: el humor. De nuevo un humor, un cinismo, un poco tomarse a sí mismos en serio que marca la frontera insalvable entre la gloria pop de los Who y la pretenciosidad disecada de los últimos Beatles. Escuchen el himno al acné “Medac” (“Tenia una cara como un pastel de zanahoria”), “Heinz Baked Beans” o “Odorono” (con ese épico “TRI-UN-FANT!” del estribillo) y entenderán lo que les digo.

El último factor que eleva el álbum a la categoría de obra maestra es la inaudita (y prematura) tristeza que permea las canciones de Townshend. Una melancolía, un dolor infantil, que anticipa los más rotos momentos de Quadrophenia, y que tiene su expresión más sentida en “Tattoo” o “Our love was” (“famine and frustration”, continua diciendo). Unan esto a la mencionada agresión y carácter pop-art del disco, al crujir y desmenuzar del aporreo de Keith Moon, a los power-chords afilados de Townshend, y lo que obtendrán es más que un LP: es una bomba, un objeto arrojadizo de pop cabreado y en llamas, pero a la vez delicado y bromista.

En los extras, variedad a manta: la imprescindible cara B de “I can see for miles”, “Someone’s coming” (una de mis canciones favoritas del grupo), las legendarias “Jaguar” o “Glittering girl”, la desechada versión de Cochran “Summertime blues” (resurgiría en directo hacia la época del Who’s Next), un temprano -y digno- intento compositivo de Daltrey (“Early Morning Cold Taxi”) y mucho más. Y esas notas de Dave Marsh. No se lo pierdan.
Hippies abstenerse, por eso.
Kiko Amat

(Versión extendida de la crítica publicada en el Rockdelux de junio del 2009)