21 gen. 2009

Oh, bondad graciosa

Los libros de Nick Hornby son cada vez más entrañables. Entrañables como una blanca Navidad, un osito de peluche o una niñita con su vestidito y su canesú. Desde aquel Fiebre en las gradas de 1992, su estilo se ha ido hollywoodizando con cada nueva obra, hasta el punto en que Hornby ha superado a Frank Capra en la lista de Autores para Sentirse Bien. No, Capra al lado del Hornby actual era un nihilista adicto al crack, pura depravación moral Ballardiana.

Eso no significa que Hornby, en sus inicios, fuera un punk-rocker espitado; nunca lo fue. Hornby es el epítome de la clase media-alta culta (pero populista) inglesa, y sus libros son el reflejo exacto de ello. Ya en sus primeras novelas se distinguía de forma inconfundible el horror a la vulgaridad que posee la middle class del norte de Londres: no era difícil imaginar a Hornby ruborizándose y sudando cada vez que obligaba a sus personajes a decir coño o joder.

Un gran chico fue la segunda novela de Hornby y apareció en 1998, tres años después de la excelente Alta Fidelidad. En su momento se tradujo como Érase una vez un padre (en catalán Una mena de pare), y hoy Anagrama la retitula en su campaña de reedición de la obra de Hornby. Un gran chico cuenta la anómala relación entre un solterón abúlico y canalla (Will) y el hijo empollón y solitario de una madre separada con tendencias suicidas (Marcus lo primero, Fiona lo segundo); su encuentro se produce porque Will simula tener un hijo para ligar con madres divorciadas. Sin haberlo leido, ustedes ya pueden intuir las altísimas posibilidades a lo Liberad a Willy 3 de un argumento así: entuertos adorables, redención espiritual, influencia niño-canalla tras una etapa de mutua incomprensión, canje del cinismo adulto por empatía y cariño, etc. No hacía falta ser vidente para predecir que de ella emergería un filme feel-good protagonizado por el cara-vasija de Hugh Grant.

En suma, ésta es una buena novela escrita con la mayor corrección, y es imposible no apreciar que Hornby ama a sus protagonistas. Por supuesto, es un amor de yaya, de pellizco en la mejilla y beso pegajoso; y ustedes saben de sobras lo cargantes que pueden ser esos amores. Dicho esto, Un gran chico es el perfecto regalo de Navidad hijos-padres y yernos-suegras, una tarjeta de presentación que dice: Estoy lleno de bondad. Porque de cómo ser buenos, Hornby sabe un rato.
Kiko Amat

Un gran chico
Nick Hornby
Anagrama
353 págs.
Trad. de Miguel Martínez-Lage

(Artículo publicado originalmente en el suplemento Cultura/S de La Vanguardia del 7 de enero de 2009)