5 març 2010

SuperCritic vs. Amenábar 666



Jordi Costa es un crítico de cine lúcido y probo. Un ser en apariencia tan incorruptible como el Comisario Gordon de Batman, alguien que en otra época ya estaría durmiendo con los peces en el fondo del Manzanares. Jordi Costa pertenece a ese mermado grupo de críticos españoles que no practica lo que Francisco Casavella llamaba el efecto “yo te doy cremita, tú me das cremita”. No, él es un crítico honesto, y dignifica una profesión que la mayoría de la gente relaciona con esa camorra de apellidos temibles cuyas críticas valen lo que los canapés engullidos en las bacanales del sector. Al no participar en todo ello, Costa, ese Serpico del periodismo, está solo como una rata. El hombre es Gary Cooper en Sólo ante el peligro, y a él también tiene uno ganas de decirle: “Si eres honesto serás pobre toda la vida y terminarás muriendo solo en algún callejón. ¿Y para qué? Para nada”.


Mis problemas con Amenábar es la más reciente de las quemas de barcos, puentes y arrozales de Costa. Pues Costa, enemigo declarado del consenso y la gilipollez, arremete aquí con el niño intocable del cine español: Alejandro Amenábar. En este divertidísimo cómic que ilustra su compinche Darío Adanti, el crítico catalán disecciona al laureado cineasta para toparse con La Nada. Amenábar, según Costa, “es un conjunto vacío que cualquiera puede rellenar como desee”, alguien que compensa su “obvia falta de talento con una ambición brutal y desmesurada”. Costa desmonta el mito serrando las dos patas que lo sujetan: su aureola de “buen tipo” (en realidad, según Costa, el director es un Damien maniobrero y codicioso) y de cineasta genial (en realidad es una caca). En el rato libre que dejan los bombardeos a Tesis (“si el gotelé fuera cine, se llamaría Tesis”), Abre los ojos (“un puto-thriller de mierda que envasaba al vacío la sensibilidad mameluca de las juventudes del PP”) y machacar el “sentimentalismo parroquial” de Mar adentro, el airado crítico aún encuentra fuerzas para arremeter contra los Festivales de Cine, los jóvenes directores españoles y los suplementos dominicales.


Así que no les extrañe si, en determinados medios, la firma de Costa es cada día más difícil de ver. Es por cosas como este cómic, una -sin duda- onerosa demostración de honradez personal en un universo cada vez más dominado por la cicatería. Pero no sufras, Jordi: en mi casa siempre tendrás un plato a la mesa.


Kiko Amat


Mis problemas con Amenábar

Jordi Costa y Darío Adanti

Glénat

48 págs.


(Artículo publicado originalmente en el suplemento Cultura/S de La Vanguardia del 24 de febrero del 2010)