6 abr. 2009

Extraperlo: Lirismo y nocturnidad (y un punto ¡weah!)


La aspiración es lo que define al artista. Aspirar a lo más alto, subir peldaño tras peldaño de la escalera del fanatismo, pretendiendo tocar a las estrellas de tu universo. ¿Quién quieres ser? Quién querrías ser? Puedes escoger. Las metas que anhelamos nos definen. Y si luego hay caída, si luego hay morrón... Bien, por lo menos será un morrón glorioso. Un jumazo épico

Estoy diciendo todas estas cosas excitado en una bodega del Raval barcelonés. Me rodean tres miembros de Extraperlo, que me miran como si hubiese sacado un mechero y, levantando ambas piernas, me hubiese puesto a expeler piroflatulencias. Y eso que ellos son la razón de mi excitación: Borja Rosal (voz/guit.), Cacho Salvador (guit.) y Alba Blasi (teclados), y el que falta es Aleix Clavera (bajo y cajas de ritmos). Hablando, discutiendo y bebiendo, hemos vadeado casi dos décadas de diferencia generacional. Porque la media de edad de Extraperlo es de 22 años (Alba Blasi era alumna de ESO de una amiga mía, si pueden creerlo) y, por extraño que parezca, me siento acompañado de gente afín. Debería sentirme Gandalf, debería ser Matusalén, hablándoles de cuando engendré a Lamec con 187 años y, sin embargo... Se siente en el aire una extraña comunión.

Pero se me va. Ni pregunté. ¿Han oído ustedes hablar de Extraperlo? Son grandes, se lo aseguro. Hay algo extrañamente contagioso en la música pop de este grupo, y en su convicción, esa rara honestidad mezclada con seguridad en lo que hacen. Acaban de contarme su historia: amigos desde los 3 años, tocando versiones de los Beatles a los 13, entrada del indie a los 18 (Planetas y Yo La Tengo)... So far, so indie. Pero cosas extrañas pasan, como cuenta Borja Rosal: “Desde el principio queríamos hacer algo personal, experimentar. Queríamos hacer pop extraño mezclando cosas, pero no funcionaba. Cada vez que veíamos algo que nos gustaba (Veracruz, o Les Aus) intentábamos emularlo, sin éxito”.

Borja es sincero; yo mismo les vi en el Big Bang, y debo admitir que la cosa no chutaba. Así que es inevitable preguntarse cuándo se abrieron los cielos. “Por un lado está el cambio de la batería por caja de ritmos”, contestan, ya todos a la vez. “Luego los cuatro empezamos a escuchar los mismos discos al mismo tiempo: Orange Juice, Aztec Camera, Prefab Sprout, Pale Fountains... ¡Todos aquellos arreglos! Queríamos hacer música así. Canciones en las que pasaran cosas. Así que, tras años de ensayar tres días por semana sin que sucediera nada, nos paramos a pensar”. Después de 8 años de grupo, el grupo se convierte de repente en un cuarteto de amigos que se reunen para escuchar discos. Y aquellos discos traen estos lodos. Borja empieza a componer más, espoleado por James Kirk y los hermanos McAllon. Sale el sol. “Queríamos hacer algo divertido, que no fuese pesado ni afectado, ni derrotista de la manera que eran a veces grupos como La Habitación Roja o Los Planetas”, comenta. “Que la gente se divirtiese y bailara. Y, a la vez, no parecernos a nadie de la ciudad”.

Les digo que no deben temer parecerse a nadie. Y les digo que “Noche en la montaña” me recuerda extrañamente a grupos de nueva ola española de los ochenta, como los primeros Gabinete Caligari o Golpes Bajos. Y Borja exclama que esa es: “¡La mejor canción que he hecho! Tiene un aire Pale Fountains, con su lirismo y nocturnidad”. Y aquí es cuando ustedes nos encontraron. Yo diciéndoles que “lirismo y nocturnidad” es una definición grandiosa, y que está bien cuando los grupos aspiran a la grandiosidad en lugar de conformarse con el lugar común. Y les digo (grito, más bien) que, puestos a escoger, mejor intentar ser Curtis Mayfield y pegártela en el intento que querer emular a Oasis y acertar. Todos ríen. “Nosotros aspiramos a lo más alto”, comentan. “Queremos ser Prefab Sprout, Marvin Gaye, Arthur Russell, pero no alcanzamos. Pero esas producciones son el sitio a dónde queremos llegar. Y, aunque fracasemos, estamos aprendiendo”.

Extraperlo son fanáticos de los discos, y pueden hablar de ellos durante horas. Pero su acercamiento tiene el espíritu diseccionador del productor de hip hop, alguien despojado de prejuicios estilísticos sobre las canciones y cuyo interés principal es desnudarlas. Y ese entusiasmo no emborronado por la cautela es una de las grandezas del grupo. Y lo que provoca un momento humorístico, cuando tratan de convencerme de que “Por el amor de una mujer” de Julio Iglesias es una gran canción (“Tiene lo que llamamos el “punto weah”, afirma con convencimiento Alba). Hablan también de Martirio (“el disco producido por Teo Cardalda, de Golpes Bajos”) y juran por Lizzy Mercier Descloux y Claustrofobia. “Somos muy fans”, afirman, innecesariamente.

¿Quieren que les diga una última cosa? Extraperlo son la next big thing, el grupo que todo el mundo va a bailar. Porque, como suele pasar con los grandes grupos que se hacen famosos, el zeitgeist está a su favor. Fans de lo africano desde hace años (“Pablo Guincho nos recomendó un blog y pasé una noche entera descargándome cassettes de música africana”, afirma Borja), ahora todo es afro-pop, gracias a parientes lejanos de Extraperlo como Vampire Weekend (una comparación que encuentran “honrosa”). Pero encajar en las corrientes de la superficie aún les sorprende: “Tienes que pensar que cuando emulábamos a Los Planetas íbamos voluntariamente 10 años tarde. Hacíamos indie nacional cuando todo el mundo escuchaba a Franz Ferdinand”. ¡Ja!

Kiko Amat

El disco de debut de Extraperlo se llama Desayuno Continental (Mushroom Pillow, 2009)


(Entrevista publicada anteriormente en la revista Rockdelux#271, marzo del 2009)