6 abr. 2009

Estetas entre deshechos


Los Negativos El pionero grupo barcelonés que hacía pop a lo 1966 en 1986 vuelve con disco semi-recopilatorio y conciertos.

1. Hoy no me podía levantar, y no era porque el fin de semana me hubiese sentado fatal. Era porque ayer estuve acordándome de la FM de 1986, cuando la radio parecía un concurso interminable de A Ver Quién Hace la Canción más Espantosa: “Venezia” (Hombres G), “Cruz de navajas” (Mecano), “La puerta de Alcalá” (Ana Belén y Víctor Manuel)... Estos monstruosos atentados 80’s contra el decoro y la razón me impiden dormir, y mi alma no encontrará reposo hasta que sus autores pidan disculpas, cumplan condena, rediman sus atrocidades. Eso no significa que la radiofórmula de hoy sea mejor, ni mucho menos, pero es imperativo ir cauterizando las purulentas nafras que residen en nuestra psique musical colectiva, y por algún lado hay que empezar.

2. Me estoy enrollando, perdonen. Les he dado este contexto para que entiendan lo que significaron grupos como Los Negativos en 1986. Lo increíblemente extrañas que resultaban en el pop algunas actitudes que hoy se dan por sentadas, y el valor que se requería entonces para manifestar posiciones estéticas que en el 2009 son moneda (más o menos) común. Lo que quiero decir es que, en plena época de ultramodernidad 80’s de pega -todo el look estaba fusilado del constructivismo y el expresionismo- mirar a los 60’s en busca de inspiración (como hicieron ellos) era anatema, una cosa de bichos raros, era buscarse la ostracización mediática más absoluta. Y, ¿saben qué? A ellos les daba igual.
Los Negativos eran cuatro barceloneses amigos de infancia (Carles, Valentí, Alfredo y Robert), unidos como grupo en 1984 por una pasión común: los sixties. Los de los primeros Stones, los Beatles del Rubber Soul, los Byrds, la nouvelle vague, jerséis de cisne negros y botines cubanos, Peter Sellers y Michael Caine. Estetas “aburridos de un mundo sin Brian Jones” (como afirmaron en una canción) a los que sólo interesaba leer a Byron y Baudelaire, tocar el sitar, hornear galletas de jengibre y hacerse peinados de Príncipe de Beukelaer. Dandis entre basura, en resumen, exploradores con caleidoscopio que marcarían el camino a seguir, aguerridos habitantes de un mundo privado, realmente pequeño, invisible a los ojos de la post-movida, el diseño catalán y Arsenal. Eso les salvó y condenó a la vez.

Sin nadie mirando y con el gran público concentrado en cantar “You’re in the Army now”, los Negativos pudieron concentrarse en lo suyo. La casa discográfica Victoria -creyendo quizás que aquello era lo que se llevaba, que era música “joven”- les dió completa libertad artística, y el grupo se encerró durante semanas en los estudios Aprilia armado de clavicordios, pianos, guitarras Rickenbaker y vibráfonos. No sé si ha quedado del todo claro, así que voy a repetirlo una vez más: en 1986, estas cosas no se hacían. Ir con esas pintas y extraños cortes de pelo por la calle era, a los ojos de la gente, un síntoma inequívoco de demencia o homosexualidad rampante. Tocar instrumentos de otras décadas en un mundo mainstream que -inocente- creía haber entrado de lleno en la era de las computadoras era... Algo, en fin, que hacían sólo los locos del manicomio, una aberración anacrónica propia de luditas enfebrecidos. Piknik Caleidoscópico, su álbum de debut de 1986, sería el primer resultado de aquella fiebre.

3. ¿Cuánta gente compró Piknik Caleidoscópico? Nadie y todo el mundo. Nadie porque, obviamente, no desencadenó un alzamiento pop ni desbancó a Olé Olé o Jennifer Rush de las listas. Pero, aún así, los medios le prestaron atención y llegó a vender cerca de 15.000 ejemplares, una cifra que ni en sueños alcanzarían hoy sus equivalentes en el underground más underground. Además, hacia 1987, todos mis amigos lo tenían; estaba en todas las colecciones de todas las habitaciones a las que entré. Tenerlo era una afirmación de ideales bonitos en el marco de una cultura institucional más deshonesta, vacía y reaccionaria que nunca. Por aquel entonces, a mediados de los ochenta, o eras de los Negativos (o Brighton 64, o Brioles, o Último Resorte...) o eras de Mecano, PSOE y Bosé. Tenías que escoger un lado de la valla, y mejor que te lo pensaras bien; era una decisión crucial. Como dice Billy Childish: si alguna vez dudas sobre lo que te gusta de veras, piensa en lo que te gustaba a los 16; eso es lo que te gusta, en el fondo de tu corazón. Y, bueno, a mí a los 16 me gustaban Los Negativos. Los amaba con una intensidad, con una devoción que hoy me parece imposible ser capaz de aplicar a otro grupo. Piknik Caleidoscópico, Los Negativos: Eso es lo que me gustaba entonces y, por consiguiente, lo que me gusta ahora.
Gracias a Dios que escogí bien.

4. Todo esto que acabo de contarles no es fruto de un repentino ataque de nostalgia senil; además, la nostalgia ya no es lo que era. No, les he contado todo esto porque el grupo regresa a los escenarios para presentar Dandies entre basura, un artefacto imprescindible para terminar el fascinante puzzle que eran los Negativos. Para los fans, reseguir la lista de canciones incluidas en el disco es pulsar un resorte automático de taquicardia: pues aquí están canciones míticas del grupo que nunca llegaron a incluirse en sus dos LPs oficiales. Canciones sólo escuchadas en cochambrosas maquetas en directo o mencionadas sin aliento por fans más veteranos: “Calles vacías”, “Fotos del ayer” (prestada a Brighton 64) o “Sacerdotisa de la carne eléctrica”. Los Negativos han agarrado estos temas y los han unido a otros nuevos (el tracklist abarca de 1984 a 2008). Y los han rehecho, negándose a editar algo por mera arqueología. Pero no teman: no hay una versión house de “Parque portugués”. Para ellos, retocar significa meter otro clavicordín por aquí; soltar un par de trompetas Love por allá; remodelar aquella otra en clave folk. Y el resultado de todo ello es un disco de apabullante pop, anclado firmemente en unos referentes cronológicos concretos (1965-1968) pero extrañamente atemporal y perenne, como las cosas grandiosas siempre son. “Cuanto sé lo aprendí entre surcos de vinilo y vermouth”, cantan en “Dandies entre basura”; y uno podría responderles, sin miedo a exagerar: Y cuanto sé yo lo aprendí entre surcos de vinilo de Los Negativos. Me inclino ante ustedes, señores.

Los Negativos
Dandies entre basura
(Bittersweet Recordings)

Viernes 20 de marzo, A Estrada (Pontevedra, Teatro Principal)
Viernes 27 de marzo, Valencia (Wah-Wah)
Sábado 28 de marzo, Pedreguer (Rockódromo)
Viernes 17 de abril, Zaragoza (Oasis)

(Artículo publicado originalmente en el suplemento Cultura/S de La Vanguardia del 1 de abril de 2009)