29 maig 2008

The Fleshtones: El secreto de las fiestas


Los herederos naturales de los indios Manhattan, bailando como tales. Señores que celebraban todo lo que vale la pena celebrar cuando el planeta entero posaba y se hacía el depre. Los Fleshtones eran negrura, twist, parties caseras, discos de 45 rpm, punk de sótano y conga, mucha conga. Nacieron antes de tiempo y luego nunca han querido morir. El auténtico beat americano es suyo.

Momentos grandes #1: Es el 2 de mayo de 1991, y estoy poniendo cara de bobo en la escalera de caracol de la sala KGB. Hace un minuto bailaba el twist con los Fleshtones, que aporreaban su Farfisa y sus trompetas con vigor. Dentro de cuatro estaré sin camiseta subido a los hombros de alguien, haciendo el ridículo y sin que me importe ná. En ese lapso de tiempo busco perplejo al grupo, que se ha esfumado tamborileando en fila india del escenario. Y de repente alguien me hace tup-tup-tup en el hombro, me vuelvo y es Peter Zaremba, el cantante, que baja por las escaleras con todo el grupo a su cola, como un dragón chino, a ritmo de bum-bum-bum. Los focos se vuelven hacia el sexteto, ahora septeto porque me he añadido a la culebra descendiente gritando ¡C-o-o-o-o-on-gA! como en un fragmento de El secreto de las fiestas de Francisco Casavella. Un pequeño paso para la humanidad, pero una noche extática para aquel niñato de 19 años.
Porque el secreto de las fiestas es este: The Fleshtones. El grupo más divertido del mundo, y no de ja-ja, no de disfrazarse de lagarterana, sino de baile de San Vito, baile furioso para mantener a raya la marea de la tristeza. Con treinta años a sus espaldas, nacidos en el NY del punk pero fermentados con el espíritu del frat rock, la emoción del soul y la música disco más religiosa y la rabia simple del garaje, The Fleshtones han conseguido mantenerse en un estado de desarrollo interrumpido. Siempre así, siempre sí, doce discos más tarde y recién editado su Take a good look (Yep Roc 2008) The Fleshtones continuan igual. Ahí viene, arreando, su conga.

Quiero hablar con el jefe: Peter Zaremba.
Soy yo. El dictador de los Fleshtones. El rey de los Fleshtones (en español en el original).
Quiero hablar contigo desde 1987, aquella época extraña en que tu grupo era famoso aquí. Tocásteis en una Mercè para miles de personas. ¿O fue un sueño?
No, pasó de verdad. Recuerdo que tocábamos con Chuck Berry. El tío normalmente es un hijo de puta de primera categoría, pero aquella noche le hacía falta un afinador, así que tuvo que venir todo manso a pedírnoslo a nosotros. A parte de esto, aquello fue una maravilla a atesorar, en el sentido más clásico de la expresión. Algo absurdo e increíble.
Desde vuestra fundación en 1976 siempre os ha costado encajar: erais demasiado rock’n’roll para la No Wave, demasiado farreros y soul para la escena garajera...
Siempre hemos sido los grandes herejes. Especialmente de cara al garaje 80’s, o Paisley Underground. No éramos lo suficientemente “puros” para ellos, escuchábamos funk y disco, nos gustaba la fiesta y el perder el control...
A vuestra condición de heréticos ayudaba la mezcla de 60’s punk, soul, funk, power pop, surf, r’n’r...
En los últimos discos estamos focalizando el sonido. No pretendemos ser puros, pero sí estamos más concentrados que antes en el garaje. No para ser iguales que los Seeds o los Standells, quiero creer, sino aprendiendo de su lección y su energía. No somos nostálgicos. No nos gusta ese rollo tan específico, “me gusta la música de abril de 1966 y todo lo demás es una mierda”.
En vuestro primer álbum (Blast off!, Red Star 1978) ya se intuía cómo érais: una versión de Suicide y una de The Strangeloves, bubblegum y punk y funk; algo que entonces se consideraba poco cool.
Es una tragedia que ese disco no saliese cuando se grabó, en 1978. Fue un revés que nos echó atrás. Habíamos descubierto la luna, pero no pudimos declararla nuestra, porque para cuando se reeditó otros se nos habían adelantado. Es justo y dulce que la historia nos haya dado la razón.
No estabais hechos para aquel mundo. Ahora otros grupos triunfan con esa mezcla bailonga de punk sincopado y funk blanco y estribillos gritados en grupo.
Es una pena, sí. No me estoy lamentando, pero quizás debería (Se ríe) La parte II de esta tragedia es que nuestros dos siguientes álbumes (Roman gods y Hexbreaker, IRS 1982 y 83) están descatalogados. Eso me apena, porque no somos shakespearianos; no buscamos la oscuridad porque sí.
Es una contradicción en la que vivimos algunos fans: queremos lo mejor para nuestras bandas favoritas, pero a la vez nos regodeamos en su rareza y mala pata comercial.
¡A mí me pasaba lo mismo! Mucho antes de tener un grupo, la excentricidad y el fracaso comercial de otros me atraían. Imagino que sin desearlo acabamos recreando algo de esto; copiábamos a los grupos secretos, a los raros. No hay que olvidar que empezamos a tocar en el absoluto auge del rockstar de los 70, que -no hace falta decirlo- considerábamos ridículo.
Los Fleshtones siempre han dado la impresión de estar en esto por las razones correctas. Por amor puro, no por ego o dinero.
Es la gloria de la causa perdida. Somos quijotescos, y no digo esto de forma pretenciosa. Además, que no se nos olvide: Esto es divertido. No nos gusta el sufrimiento, y no queremos que nuestros fans sufran.
El mito/cliché del artista torturado es algo cada vez más risible, sin duda.
La pena no es algo que deseemos inflingirle al mundo. Ya hay demasiada gente a la que le gusta revolcarse en su propia miseria.
Dentro de la escena garajera había otra cosa en los Fleshtones que daba el cante: Tu flequillazo ladeado de soul boy.
Te lo creas o no, de una manera o de otra siempre he llevado ese peinado. Desde los últimos años 50, como mínimo. Cuando aparecieron los Beatles me lo intenté dejar más largo, pero me miré en el espejo y me di asco. Así que volví a mi flequillo inicial, el que ya se ve en Blast Off! ¡Ah! Durante dos meses en 1969 llevé lo mismo pero más cardado, como un flequillo Hitleriano a lo Vidal Sasson. Horrible. Pero en cualquier caso, nunca he querido llevar pinta sixties.
Vuestro show en directo es mítico, y con razón. Eso si es música como celebración del estar vivo.
Siempre nos lo hemos querido pasar bien con esto, aunque no sé muy bien de dónde surge la forma concreta que adopta nuestro show. Al principio éramos más destructivos, yo me cargaba un Farfisa cada noche, pero abandonamos esa etapa. Queremos que la cosa siga siendo interesante. No nos interesa el concepto de escenario como altar sagrado. Queremos utilizar todo el espacio de una sala, y de paso hacer que la gente participe.
Esa cercanía es algo que le debemos al punk. La destrucción del espectador pasivo de la era hippie.
Has dado en el clavo. Muchos grupos son pasivos y convencionales, y fomentan un respeto y una no-violación del espacio que resultan muy aburridos. El punk fue muy necesario; hizo a los grupos accesibles. Y todo el speed que tomaban les daba el impulso y las ideas grandiosas. A veces fracasaban, como fracasamos nosotros. Pero es un fracaso hermoso.
Esperemos que el nuevo, Take a good look, no lo sea. Creo que es vuestro mejor álbum en años.
Yo también lo pienso. El productor es grande, y entiende lo que significa la música cruda, divertida e inmediata.
Ahora que te tengo aquí: ¿Se puede saber qué significa Hexbreaker? Me ha intrigado toda la vida.
Viene de una época en que nos fascinaba el tema vudú de Nueva Orleans. La magia, y las energias que pueden ser utilizadas para el bien o para el mal. No magia para volatilizar un palomo o contactar a los espíritus, ojo. Gordon (Spaeth, saxo y órgano del 78 al 88) estaba obsesionado con esto. Hex quiere decir “maleficio”, pero también es la raíz de Hexágono, una figura de seis lados. Hex era una maldición en el sexteto, que nosotros estábamos rompiendo con nuestra música.
Una cosa más: Como fanático de discos antiguos, ¿Hay algo en la nueva música pop que te interese?
No soy un revivalista, pero lo cierto es que no paro de regresar a la música jamaicana, especialmente el rock steady y el ska. Es un mundo en sí mismo, como escuchar un universo nuevo. Por supuesto que hoy hay grandes grupos, y gente con la que me encanta tocar. Y las audiencias son cada vez menos pasivas. Eso es algo a celebrar.

DISCOGRAFÍA SELECCIONADA

El disco punk
Blast off! (Red Star / ROIR, 1978)
Los estirados de los artie-punks les llamaban “un grupo de twist”, pero su debut inédito (ROIR lo sacó en cinta años después) es punk de garaje chicletoso a ratos, amenazador a otros, fiestero siempre. Hay armónicas al trote, punk electrónico, bubblegum raro (el “Soul Strutin’” de Jamie Lyons, de los Music Explosion), soul maníaco... Una enciclopedia de lo cool grabada cuando el resto del mundo oía campanas.

El disco glorioso
Roman Gods! (IRS, 1982)
Todas las tretas de la good time music de los 50’s-60’s enlazadas en un Non Stop Cabaret de conga y ponche, y modernizadas para eliminar toda ranciedad o archivismo. Hay algo de garaje lisérgico y psicótico (“The dreg”), pero en su mayoría es surf-soul-pop-punk, siempre melódico, siempre bailable. Estribillos deletreados (“R-I-G-H-T-S”), versiones de negros (“Ride your pony” de Lee Dorsey) y emocionantes himnos adolescentes (“I’ve got to change my life”). Un gran disco para escuchar a los 17.

El disco comercial
Powerstance (Ichiban / Big Beat 1991)
No, claro. De comercial no tiene nada. Pero sí es el mejor grabado y el que suena más contundente. Produce Dave Faukner de los Hoodoo Gurus y toca con ellos Andy Shernoff de los Dictators. Está lleno de hitazos memorables de Super Rock Sound (“Irresistible”, “Armed and dangerous”, “Let it rip”), instrumentales para bailar en calzoncillos (“Mod teepee”) y ambiente general de despedida de soltero.

Kiko Amat

(Entrevista publicada originalmente en la revista Rockdelux#262, Junio de 2008)