7 abr. 2005

Este Beatle está muy vivo

Teorías conspiratorias Viejos rumores aseguran que Brian Jones, de los Rolling Stones, fue asesinado, y que Paul Mccartney murió en un accidente de coche en 1966.

1. En su apéndice al cómic From Hell, Alan Moore comparaba el caso Jack El Destripador a la figura conocida como el Copo de Nieve de Koch: un triángulo contenido en un círculo que se bifurca en nuevos triángulos cada vez más complejos, hasta que la silueta es tan intrincada que –teóricamente- se vuelve infinita; sin embargo, el triángulo nunca excede el círculo inicial. Lo mismo sucede con El Destripador, en cierto modo. A pesar de que cada nueva teoría conspiratoria añade detalles, el área de su búsqueda no puede exceder los confines de la historia: Otoño, 1888, Whitechapel. Por muchos datos inéditos que salgan a la luz, el asesino no se descubrirá jamás, así como no será posible incorporar nuevos personajes o situar al destripador con una sierra mecánica en Texas; el Copo de Nieve de Koch se quedará quieto en su círculo mientras los Ripperólogos lo rellenan de más y más información trivial. Tal vez sea cierto lo que dice Alan Moore: la mayor parte de las veces las teorías conspiratorias dicen más sobre los que las siguen que sobre el hecho en cuestión.

2. Brian Jones era el bueno de los Stones: era el más guapo, llevaba la mejor ropa, el mejor peinado (aquel champiñón que, en mi juventud, consideré el no-va-más del estilismo capilar), y tenía los mejores discos. Desgraciadamente, hace poco se ha demostrado que Jones era también un (con perdón) grano en el culo, una persona mezquina, irritable y caprichosa que trataba fatal a sus novias. Pero los Brianistas no debemos amedrentarnos por lo que, en el fondo y como diría David Cross, son “unos cuantos fríos e irrefutables hechos”. En nuestra ayuda acude la nueva película The wild and wycked world of Brian Jones (basada en el libro de Terry Rawlings Who killed Christopher Robin?) pues, no solo miente y pinta a nuestro hombre como un querubín angelical, sino que además insinúa que se lo cargó un constructor llamado Jack Thorogood. En el libro se atestigua que el tal Jack era amigo del road manager de los Stones Tom Keylock, que a su vez era el encargado de vigilar que el des-Stonizado Jones no se desmandara. ¿Se han hecho un lío? Es muy fácil. Como decía aquella canción de los Pagans, Mick y Keith ordenaron matar a Brian Jones, y no se hable más. ¿No ven que todos salimos ganando?

3. Pero, por supuesto, la mejor teoría conspiratoria es la que concierne a la muerte de Paul McCartney. Quizás su encanto resida en que, así como todos los ejemplos expuestos hasta ahora versan sobre fiambres, en ésta se habla de un hombre vivito y coleando. Es decir, sus seguidores –los PIDs, por Paul Is Dead- han conseguido superar el gran tabú de la teoría conspiratorio-homicida: el sujeto de su tesis se pasea por ahí rebosante de salud (a no ser que se trate de un montaje a lo Este muerto está muy vivo) y, por si fuera poco, cantando. Pero no crean que eso intimida a los PIDs: negando lo innegable, basan su discurso en una complicada cosmogonía repleta de claves que, eso hay que admitirlo, es fascinante. Como en el libro Jack The Ripper: The final solution de Stephen Knight, la teoría es mucho mejor que la realidad.
Se la cuento: Paul McCartney se dio una leche en coche en noviembre de 1966 y se mató. Para no acabar con la gallina de los huevos de oro, los Beatles decidieron organizar un concurso de dobles de Paul. Nunca se anunció un ganador, pero lo hubo: un tal William Campbell. Éste desapareció de la luz pública y aceptó convertirse a todos los efectos en el nuevo Paul. Poco después, a los tres Beatles restantes les entró un súbito ataque de remordimiento y decidieron inundar al mundo de pistas para que el timo se descubriese. Dependiendo del PID las pistas aumentan o disminuyen en número, pero se acepta que casi todas están en el periodo que abarca desde Sgt Pepper’s hasta Abbey Road; los que las sitúan antes de la supuesta muerte de Paul tienen en sus manos un grave problema cronológico que ardo en deseos de escuchar. ¿Saltos en el tiempo, tal vez?.
Algunas de las pistas más importantes son bastante conocidas: En Sgt.Pepper’s a Paul le señala el dios de la muerte indio Shiva; en la foto interior lleva una chaqueta militar con la inscripción “OPD” (las siglas de Oficialmente Muerto, en inglés); en Magical Mistery Tour, Paul es la morsa, un símbolo de la muerte en algunas culturas; si escuchan el final de “Strawberry Fields forever” al revés, se escucha la frase “I buried Paul” (“Yo enterré a Paul”); la procesión de la portada de Abbey Road es funeraria, cómo no, y Paul –que va descalzo- es el occiso; en el mismo disco se puede ver un Volkswagen con la matrícula “28 IF”, la edad de Paul si viviera en el momento de lanzar el LP. En realidad eran 27 pero en la India, dicen, se le añade un año a la fecha de nacimiento.
Por supuesto, nada de esto es cierto. Paul está vivo (aunque algunos, después de “Ebony & Ivory” o los Wings, desearan lo contrario) y el origen del rumor se atribuye a diversas fuentes, pero sobretodo a un leve accidente de moto que el músico sufrió en 1965. William Campbell no existió nunca. Las pistas, aunque ingeniosas, son falsas: Shiva no señala a Paul en las otras tomas, OPD es OPP (Ontario Provincial Police), la morsa no es el símbolo de la muerte en ninguna cultura terráquea, “I buried Paul” es en realidad (corroborado por el propio Lennon) “cranberry sauce”, y en la India no le añaden un año a nada. Todo un complejo montaje que, no obstante, fue lo suficientemente comentado para que el propio McCartney tuviese que desmentir su propia muerte en tres ocasiones, ni más ni menos. ¿Se imaginan algo más triste?: “Les juro que estoy vivo”. La teoría se complica y el Copo de Koch se queda allí, quieto en su círculo.
KIKO AMAT

(Artículo aparecido el 07 de abril en el suplemento Cultura/S de La Vanguardia. Esta versión es, debido a la publicidad que entró en dicho periódico, sensiblemente más larga que la versión final y contiene algunos fragmentos inéditos)