9 de set. 2008

Coleccionista #3: Txarly Brown


¿Cuál fue el primer disco que compraste y a qué edad?
El primero que pagué de mi propio dinero ganado trabajando fue el primer LP de los Smiths en febrero del 1984, tenía 17 años. De peque acompañaba a mi padre los sábados a discos Chupi (Badalona), una tienda preciosa decorada en plástico y goma negro y naranja con telefonillos para oír los singles y trato personalizado, allí mi padre compraba jazz y easy setentero y me pagaba mis primeros discos, hablamos de 1974 aproximadamente, recuerdo el LP de "Viki el Vikingo" y cosas por el estilo.

¿Cuál ha sido el último? ¿Qué estás coleccionando en estos momentos?
Lo último han sido unos singles de Ray Heredia, Latin Combo, Dolores Vargas que estoy pendiente de recibir. Ahora estoy acabando la colección de rumba catalana y empiezo con los derivados, al sur rumba flamenca y al norte rumbas con moog y ediciones extranjeras de clásicos (Peret, etc..).

¿Cuál es tu hallazgo más precioso? ¿Qué disco consideras la joya de tu colección?
Tengo discos que valen pasta, de cuando coleccioné easy o jamaicana, pero valen más de lo que valen. Como joyas tengo test pressings de discos en los que he participado de manera activa como diseñador o colaborador. Uno de los que tardé más años en conseguir fue el Feel The Spirit de Prince Buster para descubrir que mi edición es la jamaicana y que en la inglesa hay dos temas distintos. A mí me costó hace 4 años 150 euros, y unos meses después a mi socio Quique (cantante de skatalá y collector de jamaicana) le regaló Pitu (el otro cantante de Skatalà) la edición inglesa. La había comprado a principios de los 80s en Discos Edisons por 100 pesetas. El tío que se lo vendió fue DJ Ragnampiza, que se dio cuenta de que lo estaba vendiendo sin haber revisado la caja que alguien le había traído de segunda mano; por supuesto, rabió por no haberse dado cuenta. Total, lo tengo grabado, tengo una portada de esa edición vacía, pero sigo sin tenerlo...
Otra joya es el primer EP de Peret, el 7" desplegable de EMI de 1963. Tengo una copia mint que me costo apenas 10 €. La suerte es que no pone su nombre en la portada, solo en el interior, y encima al abrirse la carpeta se levanta un recortable superfreak de pareja flamenquita bailando... El primer LP de los Amaya en EMI es una obra maestra, también se cotiza mucho, pero es fácil cazar copias en los Encantes. El que es flipante es el Rabbit Rumba de Josep Cunill, la última copia la pilló en Ebay un tal arroces1000 por 145 dolares, no está mal para un LP español de rumbas de 1974. Yo encontré una copia mint en una feria por 30 €, Jordi Segura "Zeta" de Wah Wah consiguió los derechos, la ha remasterizado Dennis Blakman y la reedición está al caer. Suena mejor que el original...

¿Artwork y portadas favoritas?
Las 40 primeras referencias de Mo Wax', los primeros de Talkin' Loud, aunque eran refritos de Blue Note. Las del sello Go Feet (80's)...
¿Cómo tienes ordenada tu colección?
En casa por estilos, jamaicana; ska, reggae , mento y calypso, easy listening, brasileña, latina, hip hop, acid jazz., trip hop, soul y disco, house, techno, jungle, breakbeat, cut'n'paste, efectos de sonido. En la oficina sólo rumbas y discos con portada hecha por mí.
¿Sabes cuántos discos tienes?
Vinilos, en casa aproximadamente 3.000 y en la oficina 500 (formato 30 cm). Y unos 800 singles en total. Nunca los he contado ni listado, me marea.

¿Cuál es/era tu tienda de discos favorita?
Wah Wah en bcn, Beltza en Donosti, Ama en Madrid, Don Cecilio en Sevilla...

Cuéntanos el episodio más memorable de tus días de cazador de discos (un timo, un error, un triunfo, un encuentro, un robo, una conversación...)
Urf... hay miles. La vida del cazador esta plagada de trampas y anécdotas, de comisionistas y de gente que puja sólo porque yo pujo. En una subasta de internet resultó que tres de los que pujábamos nos conocíamos pero utilizábamos otro nick... Robos no conozco, sólo cuando los afectados son amigos, y entonces me da por saco. Errores muchos; ahora compro a saco por internet muchos discos que luego son un ponzoñón, sobretodo con el bizarrismo spanish, bajo títulos apasionantes hay muchísima basura. Hasta he soñado a veces que encontraba un disco y al darme cuenta de que era un sueño, intentaba llegar a casa, dejar el disco bajo la cama, acostarme y cuando me despertase que el disco estuviera allí... Ja, ja... Qué absurdo. Nunca me he sentido timado ya que el valor a la música se lo pones tú. A mi no me cuesta pagar por música, pero no soy fetichista en exceso, sólo si está justificado.

¿Ha cambiado tu perspectiva del coleccionismo de discos desde la aparición de Ebay y la compra por Internet?
No, es como si te abren la puerta de una tienda gigante, y lo que te separa del disco es un buscador. Es como la frase mágica que te lleva a no dormir sólo cuando estás soltero. En internet pasa lo mismo, si no sabes la frase no pillas. Y para vender también hace falta ser muy puta, hay descripciones que acojonan.

¿Aireas tu colección? Es decir: ¿Pinchas discos o realizas una actividad didáctica similar?
Si, nunca he sido un egoísta. Lo único que no hago es dejar discos, una vez dejé el Interstellar Reggae de los Vulcans y nunca más lo volví a ver. Y yo no puedo dormir si tengo un disco prestado en casa. Cada uno le da el valor a las cosas que cree que tienen, para mí el respeto no tiene precio.

(Txarly Brown es diseñador gráfico, DJ, agitador clubista y reputado coleccionista / recopilador de jamaicana, rumba-soul y otros géneros bailongos, además de orgulloso ex-rude boy 80's)

Coleccionista #2: Uri Amat

¿Cuál fue el primer disco que compraste y a qué edad?
Creo que fue War de U2 cuando iba a 7º de EGB. No sé que edad es eso. No tenía aún tocadiscos y lo único que hacía era abrir su portada desplegable, darle vueltas y leerme las letras. Creo que después de eso cayeron un par o tres maxis más de U2 y también el Strawberries de los Damned, y alguna caca de Chameleons y Big Country, que creo que nunca me llegaron a gustar mucho. Después ya Ramones y cosas más punkis. El Strawberries de los Damned me sigue encantando, cosa que no puedo decir de algunos de los otros.

¿Cuál ha sido el último? ¿Qué estás coleccionando en estos momentos?

Creo que el último comprado aquí fue el de Georgie James, un grupo del ex-Q and not U John Davies y otro de Fairport Convention. Por correo, el mes pasado me llegó un paquete con discos de The Chills y los dos primeros de Cat Stevens que me encantan. No colecciono nada en concreto, de hecho creo que el término "Coleccionista" es exagerado para mi caso, tan sólo soy un tío que aún compra discos (que ya es decir!). Tengo el típico "wants list" de cosas que quiero tener físicamente que voy completando. Aún así hay sellos concretos de los que tengo muchísimas referencias, caso de Dischord, SST o Touch and Go, porque casi todo lo que han sacado sé que va a ser bueno. Post-hardcore americano mayormente.
En la época compraba casi todo lo que salía de Voxx, Get-Hip y tal…
Quizás me encantaría tener todo el catálogo de la difunta Bam Caruso, pero son raros de encontrar y valen un dinero que no tengo.

¿Cuál es tu hallazgo más precioso? ¿Qué disco consideras la joya de tu colección?
Normalmente considero hallazgos preciosos esos discos de los que no sabes casi nada y que compras a ciegas por cuatro duros y que luego te acaban encantando. El último con el que me ha pasado es Trotsky Icepick Presents Danny and the Doorknobs in 'Poison Summer' de Trotsky Icepick de SST. Pensaba que iba a ser hardcore rarote a lo Flipper y es un discazo de punk y garage-pop que no se lo salta un galgo.
Le tengo mucho cariño al primer y único elepé de los Vile Cherubs, un grupo de garage-punk que compartió escena con todos los grupos del "Revolution summer" de Washington D.C., pero con los que no tenían nada que ver. Creo que llegarón a telonear a los Cynics, aparte de hacer lo propio con 3, Rites of Spring y toda esta colla. El disco me lo regaló uno de sus miembros, Jesse Quitslund, en una barbacoa en el patio de atrás de casa de nuestro amigo común Alec Bourgeois (de los Dusters, Dischord, etc.) en D.C., cuando descubrimos que ambos compartiamos un antiguo amor: los peinados a lo Príncipe Valiente, las Chelsea boots y los discos de los Chesterfield Kings. Me hubiera gustado que hubiera añadido al lote sus calcetines con el lema "Still in the punk" y sus bermudas con viñetas de comic, pero no se puede tener todo.

¿Artwork y portadas favoritas?
Me gustan las portadas complicadas que puedes contemplar largo rato y en las que puedes buscar detallitos y cosas secretas: ahora mismo se me ocurren Our favourite shop de Style Council y 25 o'clock de los Dukes of Stratosphear. Aunque también me gustan las minimalistas tipo Signals, Calls and Marches de Mission of Burma, las de los Wire o las de Jamie Reid para los Pistols. Así en plan medio psicodélico, medio minimal me gusta mucho la del primer disco de los 13th Floor Elevators que pensé en tatuarme en un brazo, cosa que (afortunadamente) no hice. Las que no me gustan son las típicas portadas con una foto sin ninguna sustancia (un grifo, la cara de un perro,…) y el nombre del grupo allí plantao.

¿Cómo tienes ordenada tu colección?
Estaba por estilos pero ahora está desordenada y nunca encuentro nada. Aún están en la bolsa los de la última pinchada fallida en el Sidecar…

¿Sabes cuántos discos tienes?
Ni idea. Creo que 3/4 de una expedit de IKEA grande. Ayer calculé que entre 1500 y 2000 sin contar singles ni CDs (por supuesto) –Es mentira. Se me fue la pelotica. A día de hoy los he contado más eficientemente y me salen ±800 LPs, ±300 singles y unos 400 CDs. Ya decía yo…–

¿Cuál es/era tu tienda de discos favorita?
Cuando empecé a comprar en Barcelona, Papermusik y Kebra creo. Estoy muy contento de no haber comprado nunca nada en el Virgin Megawhore. Luego ya 7 pulgadas, que eran un poco goths, pero que traían singles y elepés en vinilo chulos. Ahora me gusta rebuscar entre la mierda polvorienta de las ofertas del piso de arriba de Revolver, y para ir sobre seguro: Wah Wah y Daily para discos antiguos y CD Drome para novedades. En Londres todos los Music & Video Exchange (que no sé si existen aún) y en New York Academy Records, especialmente la de Williamsburg y Generation Records. En una de Lisboa encontré bastantes discos chupis también, no recuerdo el nombre de la tienda ahora…

Cuéntanos el episodio más memorable de tus días de cazador de discos (un timo, un error, un triunfo, un encuentro, un robo, una conversación...)?
Creo que mi vida de "cazador de discos" es más bien insulsa… En mis días de ultra-fan de los Gruesomes me compré una recopilación de grupos de Canadá sólo porque contenía un tema inédito de estos, más concretamente la primera canción de la primera cara. Tan sólo llegar a casa, al sacarlo de la funda con toda la ilusión para ponerlo en el tocadiscos, me cayó perpendicular al suelo y se rompió. Quedó mellado (si) justo hasta el final de la primera canción de la primera cara. Los demás grupos eran una mierda.

¿Ha cambiado tu perspectiva del coleccionismo de discos desde la aparición de Ebay y la compra por Internet?
Nunca he comprado por Ebay, por diversas razones, nunca conseguí hacerme una cuenta de Paypal. Si que uso esos buscadores de discos en tiendas afiliadas, tipo Gemm o Musicstack. Me gustan bastante. Es como ir a una tienda pero desde la otra punta del mundo, aunque con la desventaja de no poder ver y tocar el disco y tener que fiarte de unas descripciones mas bien vagas.

¿Aireas tu colección? Es decir: ¿Pinchas discos o realizas una actividad didáctica similar?
Pincho con Hungry Beat cuando nos dejan. Nunca me lo había pasado tan bien pinchando como en el E.J.E. con mucha gente bailando y pasándoselo realmente bien. El otro día coincidimos con un amigo en que la gente de nuestro entorno no baila porque en Barcelona no hay ningún sitio donde hacerlo. El E.J.E. era ese sitio y se echa mucho de menos. Creo que esas fiestas fueron míticas (en el sentido más literal de la palabra). Adios amigous.

8 de set. 2008

Coleccionista #1: Kiko Amat

¿Cuál fue el primer disco que compraste y a qué edad?
Mi primer disco fue (en cinta) el Thriller de Michael Jackson en 7º de EGB, pero no cuenta porque se lo pedí a mis padres. Mis siguientes dos discos fueron el primero de los Clash y el primero de los Jam, pero tampoco cuentan porque eran cintas grabadas. Así que supongo que son, ya en vinilo y comprados por mí en 1984 a los 14 años: The Doors The Doors y el recopilatorio Dance Craze de la 2-Tone. En este orden.

¿Cuál ha sido el último? ¿Qué estás coleccionando en estos momentos?
Llenando huecos de mod revival (aún no tenía el Just released de The Crooks, acabo de adquirirlo), punk raro y DIY (estoy cazando a The Lines, pujando por sus primeros singles), northern y deep soul como siempre, folk inglés, grupos de chicas, sixties mod y freakbeat, indie exquisito... Mi última adquisición ha sido un disco que llevaba 10 años en mi wants list: la banda sonora de una peli apestosa llamada Judgement night, en que se mezclan rappers con grupos de pop, metal o fusión. El disco es una basura, pero contiene una de mis canciones favoritas para silbar por la mañana: “Fallin” de De La Soul & Teenage Fanclub, con sampler del “Falling” de Tom Petty. No se puede conseguir en ninguna otra parte y ahora es mío (voz de Gollum aquí).

¿Cuál es tu hallazgo más precioso? ¿Qué disco consideras la joya de tu colección?
He tenido grandes hallazgos por cuatro perras: El Win or Lose de Long Tall Shorty en un carboot sale de Holloway Road a 50 peniques. El primer álbum de The Dillards por un euro en la parada del holandés de la Feria del Disco de Barcelona. El Jools/Brian de Brian Auger y Julie Driscoll en una tienda rockabilly de Camden, en el cajón de mierda a 1 Pound (no sabían lo que era, algo que encuentro entrañable). Una buena parte de la colección de Charly R&B por nada. Hay muchos. Creo que la clave es buscar cosas excelentes en sitios equivocados (un dealer de soul te venderá indie rarísimo por nada, pues para él no tiene ningún valor).
Las joyas de mi colección no lo son tanto por precio sino por recuerdos, sentimentalismo, etc, y tienden a ser los discos con los que crecí: Jam/TSC, Dexys, Mose Allison, primeros recopilatorios de Kent, mod revival y garaje 60’s en general, las reediciones de Edsel (Action, Creation, Sorrows), Who, 2-tone, primeros recopilatorios de Trojan (Monkey Business especialmente), mod ibérico (B64, Kamenbert, Negativos...).

¿Artwork y portadas favoritas?
Las portadas de Ian Clark o Phil Smee para la primera serie de recopilatorios de la Kent en los 80 me encantan. Lo mismo con las de Edsel y Bam Caruso, con distintos diseñadores (Ed at Waldo’s y otros). La gran mayoría de las portadas de beat/psych/mod/60’s punk originales son preciosas: Autumn, Decca/Deram, Smash, Immediate...

¿Cómo tienes ordenada tu colección?
En álbumes y 12”, por estilos: soul, mod, punk -americano e inglés separados-, nueva ola, indie, reggae, hip hop... Y dentro de los estilos, por grupo pero no por orden alfabético. Sólo puedo encontrarlos de memoria. En 7” por cajas de estilos (o mod/60’s, o soul/club, o punk/indie), y dentro de ellas el más completo caos.

¿Sabes cuántos discos tienes?
En la última mudanza eran 4000 o 5000, dependiendo de si contabas CDs o no. Yo tiendo a no contarlos, porque a los CDs no les tengo el menor respeto y es un formato de mierda y un timo, como se está demostrando cada vez más. Sólo los compro cuando el equivalente es desembolsar 5 millones de libras por algo.

¿Cuál es/era tu tienda de discos favorita?
Rock On en Londres era la hostia. Reckless (donde trabajé) estaba muy bien, sobre todo para cosas MUY baratas. Tiendo a encontrar siempre indie, punk y pop interesante (y a buen precio) en la Music & Video Exchange de Notting Hill Gate. Intoxica, si me apetece salir de allí con un barril por todo vestuario, es increíble. Academy de NY es mi favorita reciente. De mi ciudad, uso CD Drome para novedades, Wah Wah para reediciones de soul, jazz y punk, Revolver para gangas y Todo a 3 euros, Daily Records para reggae, punk y mod revival.

Cuéntanos el episodio más memorable de tus días de cazador de discos (un timo, un error, un triunfo, un encuentro, un robo, una conversación...)
Hay miles. Robé el mítico recopilatorio de singles de The Birds de Edsel metiéndolo (¡doblado!) dentro de mi parka, en 1985, en una tienda de la calle Tallers que ya no existe. Discos no muy raros pero en sitios extraños: Le compré el 7” de La Casa de la Bomba de Brighton 64 a un japonés en el Soho. Encontré un single de Wom-A2 (de Barcelona) en una charity shop de Archway. Errores, siempre: hace poco en Ebay me compré el “It’s an uphill climb to the bottom” de Walter Jackson, porque no tenía el single original en Okeh, y no me había fijado que era sólo la portada. Sigo sin tener lo de dentro, por cierto.

¿Ha cambiado tu perspectiva del coleccionismo de discos desde la aparición de Ebay y la compra por Internet?
Uso Ebay y las disquerías online de vez en cuando (unos 30 dolares al mes), pero para excitación, placer y pasión no hay nada que pueda igualar a la compra física y al rebuscar en cajones, hablar con otros enfermos... Social y emocionalmente es insustituible. No me obsesiona Ebay, y nunca pujo enajenadamente por nada; si no lo consigo, suele darme igual. Tengo toda una vida, y el camino es más importante que la meta. Y no soy completista por el acto en sí, así que no me importa no tener aquel disco que me falta de determinado sello si el disco como tal no me gusta.

¿Aireas tu colección? Es decir: ¿Pinchas discos o realizas una actividad didáctica similar?
Sí, como parte del colectivo Hungry Beat o en solitario. Pero a menudo es una experiencia decepcionante, porque ni salas ni público demuestran darle al acto la misma importancia que uno. Poner discos es un acto que ha de ser excitante y divertido y bailongo, pero también terapéutico y didáctico. Requiere un esfuerzo compartido (de audiencia y del pinchadiscos) para romper nuevos sonidos, poner canciones más difíciles, evitar el cliché ni el hit de Rac105... A menudo no siento que se produzca esta ansia ni voluntad de aprendizaje común. Excepto cuando Hungry Beat pinchaba en el Espai Jove de l’Eixample. Entonces sí.

Record Collectors are people too

Empezamos a partir de hoy una serie de entrevistas a coleccionistas de discos inspiradas en el magnífico libro de Black Dog Publishing, Old Rare New; The independent record shop y tituladas en homenaje al disco aquel de Poison Idea, Record Collectors Are Pretentious Assholes. Cuando decimos coleccionistas, queremos decir esto mismo y no otras cosas. Ni críticos musicales con colecciones en CD (mayormente promocionales) ni nadie que tenga discografías enteras “bajadas”; hablamos de gente dedicada, obsesiva y con muchos, muchos discos. Desde luego más de mil. Y que además ha pasado una buena parte de su vida buscándolos y arriesgando su salud en tiendas, ferias o almacenes insalubres. Para más detalles sobre la diferencia entre Connoisseurs y aficionados, ver La Escuela Moderna #4.
La serie da inicio con los dos editores de La Escuela Moderna. No por afán de protagonismo, sino como ejemplo y anzuelo para todos los collectors que hemos contactado y contactaremos.
Ah: no nos llamen, nosotros les llamaremos.

5 de set. 2008

Project Shitjob VIII

Lo sabía. Hay más gente con trabajos de mierda de los que podemos abarcar. Pero aquí seguimos, erre que erre, documentando lo que hay. Esta vez nos llega de un conocido vía telemática, Paco Reyes, a.k.a. Velvetpac. Y ya nos explicarás que has hecho para encontrar curro de masover. Ese sería mi sueño.

Hace tiempo que llegué a la conclusión de que trabajar, el trabajo asalariado, es una mierda. Da igual que trabajes en una oficina delante del ordenador o estés en el tajo bajo el sol; el puto jefe siempre anda detrás tuyo, comprobando la producción, la disposición y las ganas.
Habiendo pasado por mas de una docena larga de trabajos, de terapeuta a encuestador, os hablaré del más extraño, por las circunstancias que lo rodearon y por el trabajo mismo, que he sufrido. Aunque podría ser cualquier otro, pues la lista es larga, y como ya dije antes todos son jodidos. Desde los 16 años en que empecé a trabajar de “aspirante a aprendiz” (esta categoría existía) en el departamento de ventas de una multinacional, a “masover” que es el qué realizo en la actualidad, sin duda el que recuerdo con más extrañeza es el que os relataré a continuación.
Esto sucedió a mediados de los 90, en Barcelona. Después de pasar 12 meses batallando contra un hábito, vicio o adicción en una masía las afueras de la ciudad, pude compartir un piso en Sarria con unos compañeros: J.C., madrileño y más chulo que un ocho y Tafol, un buen chaval valenciano, pero de reacciones violentas. Como es normal, al acabar el año de comunidad, tenías que buscar un trabajo y ganarte, con el sudor de la frente, las habichuelas. Por otra compañera de tratamiento, Raquel, una punk tinerfeña, nos enteramos que en su curro necesitaban repartidores. Hasta aquí todo normal, lo extraño del caso es lo que repartíamos...nada más y nada menos que tabaco de contrabando. La empresa estaba formada por un padre y su hijo que compraban tabaco americano en Andorra, y luego se dedicaban, mediante tele venta a venderlo a empresas, despachos, oficinas... El negocio, os puedo asegurar, tenía éxito. A las 9 de la mañana nos acercábamos J.C. y yo a casa del “capo”; vivía en Tres Torres en la zona alta de Barcelona. Allí recogíamos una lista con los lugares donde debíamos hacer el reparto y los cartones de tabaco en bolsas de basura negras . Recorríamos Barna de punta a punta, incluso íbamos a Hospitalet, Molins, Granollers... Normalmente nos recibía la telefonista de la empresa con la mayor normalidad. Nunca tuve la sensación de que ellos pensaran que lo que hacían era ilegal. En cambio, algo en mi interior me decía que lo mejor era buscar otra faena más acorde con mi “nueva vida”. También influyó el hecho de que la justicia reclamase mi presencia por asuntos del pasado. O sea, dejé el trabajo. A los pocos días de mi abandono J.C. fue detenido por la Guardia Civil con el cargamento. En comisaria le dejaron claro que sabían para quien trabajaba, que era un viejo conocido que se dedicaba al estraperlo, y que querían trincarlo. J.C., ante la evidencia, cantó de plano. No se si estuvo bien, pero es lo que hizo. Durante días recibimos amenazas telefónicas. La verdad es que era como una fiesta. Por la tarde nos reuníamos los tres alrededor del teléfono y esperábamos la llamada. Lo típico: con nosotros no se juega, nos decían. Tafol, el valenciano agresivo, se ponía como una moto, esperando con impaciencia el día de la verdad. Día que nunca llegó.

2 de set. 2008

Summer Holiday

‘Conozco esa mirada. Sé lo que significa’, digo, despellejándome la piel de los dedos, agazapado detrás de mis gafas de sol de 3 Euros.
‘¿Qué mirada? Nadie te está mirando, Kiko. Estamos en la playa’.
Esa parte es verdad: estamos en la playa. L’Escala, verano del 2008. Sol de huevo de avestruz frito y millones de hijos trotando y defecando sobre las dunas. Y sólo uno es mío.
Aplico crema protectora en sus bracitos y les miro alternativamente, a mi mujer Naranja y a él. Los dos del color de los albaricoques, encogidos bajo la sombrilla, huyendo del sol como Gremlins al borde de la abrasión. Una calabaza de Halloween y a su lado, Pippi Langstrumpf; su madre. Indices de melanina rozando el cero, untados de crema, aceitosos como entrañas a la brasa. Pelirrojos, joder. Se suponía que estaban en peligro de extinción, pero un sólo vistazo a mi hijo debería convencer a cualquier escéptico de que sus genes son dominantes, y se impusieron a mi débil ADN en un fulgurante blitzkrieg genético.
‘Ese tío me está mirando desde hace rato’, insisto, haciendo autoestop con el pulgar parapetado tras mi propio pecho. ‘Disimula’.
Naranja se vuelve lo más ostentosamente posible, volviendo la cabeza 180 grados a lo Linda Blair.
‘Es cierto. Te está mirando. Pero quizás es por el bañador de anciano que llevas’, dice, dirigiendo su mirada a mi entrepierna.
Hundo la cabeza entre los hombros como un sol poniente, y echo un vistazo a mi bañador. Me lo compró mi propio suegro -su padre- un día en que no pudo soportar más la vergüenza ajena por el antiguo, una cosa 60’s de paramecios marrones que era pa’verla. Lo compré en una Humana por 600 pesetas, y no pasa un día en que no me acuerde de él. Me encantaba.
Me pongo en pie y observo a mi alrededor. Familias catalanas hablando del tiempo, señoras mayores, púberes kumbayás y ni un sólo francés a la vista. ¿No es maravilloso? Llevamos un par de años viniendo a L’Escala, aunque el lugar ha sido destino familiar desde tiempos de mi abuelo. Antes no veníamos porque mi mujer se había empeñado en que teníamos que hacer Vacaciones Motrices. De un lado a otro, perdiendo útiles y odiando a la raza humana.
Aquello terminó hace tres años, cuando Naranja insistió en que fuésemos a una isla francesa. Tras un vómito de cuatro horas en el Ferry, una estancia dramática con un amplio elenco de accidentes automovilístico-gastronómicos y un regreso amenizado por un bouchon de 14 horas en las carreteras francesas, me vi obligado a tomar el mando. Fue un coup, sí, pero lo hice por su bien.
Desde entonces hacemos Vacaciones Estáticas en L’Escala. Los únicos signos externos de que hemos avanzado un día en el calendario son las páginas de nuestros libros, el menú cambiante, la coloración de la caca de mi hijo. El resto del escenario es inmutable.
Y es mejor así.
‘Mi antiguo bañador sí que era de puta madre’, le digo, regresando al tema anterior. Y el tío aquel, que no me quita ojo de encima.
‘Si exceptuamos que parecías Cliff Richard en Summer Holiday. Y que se te salía un huevo’.
Eso también es cierto. Se me escapaba un huevo al menor movimiento. Cruzaba las piernas y, ¡zas! Ahí estaba Humpty Dumpty. Viejo y arrugado y ofensivo como sólo los testículos de personas mayores son. Era asqueroso de presenciar; no culpo a mi suegro, no.
‘Conozco la mirada de ese tío’, insisto. Y pongo los brazos en jarras, y parezco el gigante verde de los botes de guisantes. Por el color, no por la estatura. Hay gente que tiene la piel morena y los dientes blancos; yo tengo los dientes morenos y la piel blanca. Lo dijo Bill Hicks.
Naranja coje de los sobacos a nuestro hijo, que abre y cierra los paréntesis de las piernas y trata sin mucha fortuna de mantenerse en pie sobre el pareo extendido en la arena. Su cabello parece incandescente. Sé que mi hijo es mío, no del butanero, pero me sigue escamando el parecido con una bombona.
Cuando ve que no consigue mantenerse tieso, dice Te-Te-Te. Mi hijo, no su madre. Yo simulo reir amargamente. ‘Es por los tatuajes’.
Naranja nos mira a mí y a ese tipo, a mí y a ese tipo, tres o cuatro veces. ¿El tipo? Cara de mapa de Córcega, peinado de casco cartaginés (cepillo arriba, calentador de nuca), bermudas con gran algarabía cromática.
‘Es verdad. Váis tatuados los dos igual’, dice, sin darle importancia.
‘Igual ni hablar, chata’, le digo, quitándome las gafas. ‘Eso es lo que él cree. Yo iba tatuado en una época en que solo iban tatuados los gitanos, los skinheads, los legionarios, los yonquis y los rockers’.
‘Qué buenas compañías’, afirma sarcástica, abanicos chinos en sus ojos semicerrados por la luz. En su piel, dibujos de unir las líneas de puntos.
‘Podría haber sido peor’.
‘¿Sí? ¿Cómo?’ dice, poniendo al niño del revés, que se troncha. Tenemos el mismo sentido del humor, él y yo. Alegrías simples: alteraciones de la gravedad, ruidos corporales, excreciones en general. La vida, la vida.
‘No sé. Curas tatuados, por ejemplo’. Y me pongo en cuclillas, las manos sobre las rodillas, mirando al infinito. Como Robert Duvall en Apocalypse Now. Y me río solo.
‘Tu padre está loco’, le dice Naranja a mi hijo, que se troncha en su regazo. Luego ella dirige los ojuelos hacia mi omoplato derecho y murmura algo más, la boca a un lado de la mejilla, cara cubista.
‘¿Decías?’, le pregunto, escondiendo barriga y enderezando joroba, porque han aparecido al galope por la playa unas cuantas adolescentes locales. Las chicas me sortean con cuidado para no derribarme, como si fuera una mezcla de Ricardo III y el abuelo Simpson.
‘Y eso de la espalda...’, contesta Naranja, dando un golpe de barbilla hacia mí.
‘Eso de mi espalda es un Spiderman en pleno salto’.
‘Pues parece una cagada de gaviota’. Lo cual es en parte cierto, pero yo no tengo la culpa de que en los 80 los tatuadores mezclaran la tinta con gaseosa.
Mi hijo vuelve a troncharse, la boca sin un solo diente, el cabello cobalto y puntiagudo, arremolinado de Samitier.
‘¿Y tú de que te ries, fatty?’, le pregunto.
‘Te’, dice él.
O sea, de mí. Como todo el mundo, menuda novedad.

Kiko Amat

(Relato publicado originalmente en el suplemento de verano de El País del 25 de julio del 2008)