10 maig 2007

Desenmascarando el Tinglado


Disinformation La editorial americana descubre mediante libros y series de TV la oscura realidad del poder, los media y las corporaciones

1. La palabra no es mejor. Uno no se siente mejor tras leer los libros de la compañía americana Disinformation. Pero uno sí se siente más listo; y esa listez es nuestra única garantía de victoria ante el abuso constante de El Poder y Los Media y Las Grandes Corporaciones. Con Disinformation, uno empieza a comprender El Tinglado. Kesey lo llamó así en Alguien voló sobre el nido del cuco, El Tinglado (en inglés The Combine), ese entramado que de tan visible se ha convertido en invisible, como un dedo que hubiésemos acercado demasiado cerca de los ojos. El Tinglado son los que mandan, los que tienen el dinero y los que nos informan; es una Sagrada Trinidad, tan omnipotente y omnipresente que no necesita esconderse. No hay juramentos secretos ni ceremonias subterráneas. Cuando uno tiene a la vez el poder y la máquina para convencer a la gente de que lo que ven no es lo que ven, uno no necesita esconderse tras artificios masónicos. La maquinaria de El Tinglado está preparada para cualquier eventualidad; “Es fácil hacer de actor, cuando El Tinglado es la única estrella”, cantaban The Jam en su The Combine. Disinformation, pues, quieren despertarnos de ese sopor Huxleyano mediante una avalancha de información, si no prohibida, al menos enterrada, y ofrecernos la conciencia. Kilos de conciencia. Pero cuidado, ya lo dijo Dostoyevsky, “uno de los frutos legítimos de la conciencia es la inercia, o sea, el quedarse-sentado-con-las-manos-en-el-regazo-conscientemente”, abrumado por la información. O no; otro fruto es el salir a la calle a pedir explicaciones. A ver qué va a pasar, qué va a pasar.

2. Disinformation fue fundada el 13 de septiembre de 1996 en New York por Gary Baddeley y Richard Metzger. El proyecto empezó como un servidor de “información prohibida” para Internet, y fue patrocinado por TeleCommunications Inc, una de las compañías mediáticas más grandes del planeta. Antes de que puedan decir paradoja, ya les avanzo que el noviazgo duró poco; más concretamente, tres semanas. Ése fue el tiempo que TCI tardó en darse cuenta del bastardo semilla-del-diablesco que acababa de engendrar, y retiró sus millones del asunto. Chulos como ochos, Metzger y los suyos continuaron adelante, y el proyecto –ahora ya independiente- desarrolló los tentáculos que hoy posee: editorial, web y productora de series de TV. Estas últimas, llamadas Disinformation; the series (definidas como “¡el 30 Minuts en punk rock!”) empezaron a emitirse en Inglaterra hacia 1999, justo detrás de Ally McBeal. Es imposible imaginar qué pensaron los telespectadores de la llorona bulímica cuando se enfrentaron de golpe a bizarras teorías conspiratorias, viajes en el tiempo, Genesis P-Orridge mutado en señora tetuda o el sexo de los robots. Creo que aquí, tras visualizar la imagen, me voy a tener que reír fuerte: JA, JA, JA. Por supuesto, Disinformation; the series aún no se ha emitido en el “país de la libertad”.

Por supuesto.

3. ¿Qué quieren en Disinformation? Richard Metzger lo deja claro en el prólogo a la recopilación de artículos Everything you know is wrong: “Ya es hora que la gente deje de quejarse de los medios y se convierta en los medios”. Otro de sus argumentos es el que pronunció en la conferencia Disinfo.con del 2000 en NY; según Metzger, no hay nada que joda más al entramado mediático que ver a tipos como él adquiriendo poder y conduciendo coches mayores que los de ellos. Esto, claro, es una afirmación de preescolar, pero es que –no lo olviden- Disinformation es una compañía americana, y los yanquis son niños. Cuando Metzger suelta en ese prólogo “¡Aquí en Disinformation somos más provocadores que nadie!” a uno le entran ganas de darle un puñado de nubes y una peonza. Pero no dejen que mi penoso antiamericanismo se entrometa en esto. En Disinformation están haciendo una labor de desenmascaramiento de las mentiras mediático-gubernamentales encomiable. Es solo que, cuando justo parece que de esa revelación brutal van a sacar una teoría revolucionaria, se paran en seco. Por un lado, creo, porque no quieren parecer demasiado izquierdistas; en sus libros aparece de vez en cuando el puntual artículo derechista –imagino que para... ¡provocar!- a favor del NRA o contra el Islam. Y por otro, porque son unos freaks. Un ejemplo claro es la aparición de Grant Morrison, el autor de la saga de Los Invisibles, en el Disinfo.con del mismo año: Morrison, vestido con un traje de DKNY que vale lo que mi piso, dice que El Poder nos miente, y cuando estamos a punto de empezar las lógicas huelgas salvajes se lanza a una diatriba de “nada es real” y “superar el ego” que parece atizada por un cactus entero de alucinógenos. O sea, Grant, algunas cosas sí son reales y vale la pena no perderlas de vista: la derecha es mala, por ejemplo. Suelta ya el LSD, tío.

4. Pero bueno, la conclusión es que Disinformation es utilísimo. De sus libros You are being lied to, Abuse your illusions o el mencionado Everything you know is wrong podrán sacar hechos que van a hacerles cuajada la sangre. Pasen de largo cosas como “Las ballenas utilizan un lenguaje que rima” (vale, están escribiendo L’Auca del Senyor Catxalot, ¿Y a mí que me importa?) y vayan a lo bueno. ¿Waco? Los Davidianos no eran peligrosos, intentaron entregarse, y el ataque de los SWAT fue un asesinato a sangre fría. ¿Al Gore? Un chorizo que ha dado permisos a puñados de compañías mineras para deforestar inmensos valles protegidos (vaya con el ecologista). ¿9/11? Nada de lo que nos han contado es cierto, y les juro que cuando lo leí tuve pesadillas. ¿Columbine? Con esto sí que van a alucinar. ¿Así que solo dos adolescentes siniestrillos, eh? Miren, me voy a reír otra vez: JA, JA, JA. Y luego, luego vomitaré un poco más.



(Artículo publicado originalmente en el suplemento Cultura/S de La Vanguardia del 25 de abril de 2007)