14 de juny 2006

Lo sencillo es mejor

Cómic El dibujante barcelonés Juanjo Sáez ejemplifica en El arte su visión del mismo mediante conversaciones imaginarias con su madre

‘Honestidad’ es tal vez el adjetivo menos preciado en crítica. Quizás porque, a la hora de juzgar la creación, muchos lo ven como un valor sin valor, algo que no es inherente al proceso. Empecemos pues por afirmar que honestidad y sinceridad son los pilares de la creación útil. Escuchen sino esto: “(Jonathan Richman & The Modern Lovers) glorificaban el amor verdadero, la sinceridad, la pasión (...) Se burlaban de la insensibilidad y poca sinceridad, la auto-indulgencia y el materialismo”. Lo dijo Tim Mitchell en la biografía del grupo. Y uno, como atrapado en una novela de piratas, sólo puede contestar: “Pero, ¡que me aspen si ése no es Juanjo Sáez!”.

Sáez, es cierto, tal vez sea el dibujante más honesto del mundo. Es un rasgo que comparte con Richman, un músico que imagino debe encantarle. Su obra hasta el día de hoy (tanto su antiguo fanzine, Círculo primigenio, como su previo libro Viviendo del cuento, así como viñetas para Rockdelux o El Periódico) es una a veces emocionante, a veces entrañable, oda a la honestidad. Y si en anteriores trabajos el dibujante se concentraba en el mundo de los clubes o el indie, ahora da un firme paso adelante y se pronuncia en El arte sobre la creación, la expresividad, las escuelas y otras cosas artísticas. Las opiniones de Sáez, sin ponzoña ni ego, surgen del mismo atributo que distingue su trabajo: Honestidad. La palabra va a salir en esta crítica dos veces más, por lo menos.

En el libro, Juanjo Sáez -punk involuntario- ilustra mediante conversaciones imaginarias con su madre (su amor filial, tan uncool para algunos, es una nueva prueba de honestidad) opiniones ovacionables como “Lo sencillo es mejor” o “El arte es un tesoro que nos han robado” (el dibujo muestra a varias sórdidas siluetas rodeando un cofre, y añade: “Sólo los “intelectuales” pueden disfrutar del tesoro. La élite de la cultura”). El dibujante –que rechaza ser “artista”- confía en la intuición más que en lo aprendido. No huye de la ridiculez que todos poseemos; Sáez es s-i-n-c-e-r-o, incluso si eso le hace quedar mal. Glorifica su poca pericia (nunca pone caras a sus personajes, por ejemplo, porque admite que no le salen bien), pero a la vez manifiesta “querer ser cada día mejor”. Geoff Dyer, hablando de Charles Mingus, dijo: “Quería que la música fuese (...) una comida devorada por un hambriento, algo tan inmediato e instintivo, tan necesario como eso”. Lo mismo se desprende de El arte; el intento de realizar un arte útil, bello, comprensible por todos, honesto.

Los peros del libro no son tales. Ya en el prólogo se nos advierte de que no debe tratar de leerse El arte como un libro teórico, y que está lleno de contradicciones. En efecto, lo está. A pesar de reivindicar un arte real, usable, Sáez elogia a auténticos arrimalasardinas del medio que por lógica debería detestar. Por un lado odia a la elitista intelectualidad burguesa y por el otro mistifica el Guggenheim; cuando, es obvio, lo segundo es una herramienta de lo primero. Es como si, para él, la vanguardia no hubiese existido jamás. Los análisis anti-arte, desde Morris o los situacionistas a neoistas y Fluxus, brillan por su ausencia. Y ¿saben qué? Da un poco igual. Al admitir ese embrollo inherente en todo hombre, Sáez acepta su fragilidad y humanidad. Ése es su mayor valor y la razón por la que El arte es una gran obra. En contra de lo formal y la horseshit de la alta cultura, Sáez ha construido un manifiesto a la honestidad por encima de todo. Y es, créanme, estupendo.
Kiko Amat

(Artículo publicado previamente el 7 de junio del 2006 en el suplemento Cultura/S de La Vanguardia)

El arte; Conversaciones imaginarias con mi madre
Juanjo Sáez
Reservoir Books
263 páginas

La casa de la bomba

Stuart Christie. El anarquista escocés fue acusado, con diez años de diferencia, de intentar asesinar a Franco y pertenecer al grupo armado Angry Brigade.

1. Terrorismo. Qué palabra tan fea, sinónima hoy de islamistas en chándales de lycra multicolor y milicianos redneck-nazis envueltos en camuflaje verduzco. Qué lejos esteticamente está ya de la época en que la lucha armada no sólo era plenamente defendible, sino incluso cool. Recuerden a aquel Andreas Baader empeñado en hacer instrucción militar en tejanos negros estrechos y botines, recuerden esas fotos de la RAF (o Baader-Meinhof) en que parecen más la Velvet Underground descansando en la Factory que un grupo de dinamiteros clandestinos y, cómo no, acuérdense de los cardigans italianos y las gafas negras de los Black Panthers. Que buena pinta tenían todos.
Y no sólo eso. Por añadidura, algunos de sus objetivos eran loables y lógicos; no se me escandalicen. Habiendo rechazado el pacifismo como calle sin salida en la eliminación de la autocracia, algunos de ellos parecían haber llegado a la misma conclusión que ese ilustre abogado de la violencia-si-es-por-las-razones-correctas que era Günter Anders: “No hay que vacilar en eliminar a aquellos seres que por su escasa fantasía o estupidez emocional no se detienen ante la mutilación de la vida y la muerte de la humanidad”. En el fondo, como los artífices del webzine La Patata de la Libertad defienden, se trata de “sistematizar Fuenteovejuna”. Porque los dictadores y tiranos, por definición, no abandonan el puesto por su propio pie; a veces, como demuestra la historia, hay que convencerles con un ligero empujoncito. ¿Aún no están de acuerdo? Pondré otro ejemplo para los pacifistas recalcitrantes: ¿Y si se hubiera tratado de matar a Franco? Ah. Ya me parecía a mí.

2. Las espeluznantes cifras de muertos y represaliados por el Franquismo que Xavier Montanyà exhibía en su artículo sobre la transición publicado en el suplemento Cultura/S de La Vanguardia hace algunos meses son ciertas. Y lo que es peor, muchas de ellas se podían haber evitado haciendo volar al enano pellejudo con un trampolín de TNT; miles y miles de personas hubiesen aprobado la ejecución sumarísima del carnicero gallego, y a nadie se le hubiese ocurrido llamarla “ciego terrorismo”.
Lo mejor del caso es que esa acción estuvo a punto de suceder. Como el anarquista escocés Stuart Christie ha desvelado recientemente en su libro Franco me hizo terrorista (Temas de Hoy), el 11 de agosto de 1964 fue abortado un atentado contra el dictador en el que debía participar el propio autor. De hecho, Christie (que, por la época y la procedencia, se parecía más al bajista de los Who que a un activista libertario) debía encargarse tan solo del transporte de los explosivos, que debían ser entregados a un contacto junto a una carta con los detalles de la operación. El atentado había sido preparado por Defensa Interior (DI), un grupo armado afín a la Federación Ibérica de las Juventudes Libertarias que contaba en sus miembros con gente de la CNT, FAI y el MLE. Entre sus filas estaban gente tan admirable como Laureano Cerrada (famoso por haber intentado bombardear el yate de Franco en 1948), Octavio Alberola, José Pascual palacios (el Public Enemy Nº1 de la dictadura) y otros insignes anarco-guerrilleros con los genitales bien colocados.
Por desgracia, la operación se desarrolló con esa tendencia a la chapuza (fruto de la buena fé) que parece ser característica de las organizaciones anarquistas. A Stuart Christie le detuvieron recogiendo la carta en la oficina de American Express en Madrid, y el atentado se vino abajo. Nuestro simpatico escocés pasaría en las cárceles españolas hasta 1967, fecha en que fue indultado por puro interés político, pues Gibraltar empezaba a ser la nueva patata caliente del régimen. Al poco tiempo, la vieja guardia de la CNT/FIJL (Federica Montseny y Germinal Esgleas, entre otros) cometió el garrafal error de condenar la lucha armada contra Franco, y Defensa Interior desaparecía como grupo. Un nuevo error de la cobardica izquierda burocrática que ibamos a pagar todos con siete años más de Franquismo, amigos.

3. Pero ni la historia de Stuart Christie ni la de Defensa Interior terminan aquí. En agosto de 1967, la embajada americana en Londres fue ametrallada por un grupo conocido como Grupo 1º de Mayo, vinculado al Movimento de Solidaridad Internacional Revolucionaria (heredero del Consejo Ibérico de Liberación que puso las bases de DI en 1962). A Stuart Christie, que parecía poseido por un olfato invencible para meterse en berenjenales, no se le relacionó con estas acciones, pero sí con las posteriores de la Angry Brigade. Éstos, definidos por un periodista como “una mezcla de desilusión inglesa, situacionismo francés, anarquismo español y explosivos” habían lanzado su primer comunicado en agosto de 1970. Con un nombre que evocaba tanto a los enragés del 68 como a las brigadas anarquistas del 39 y los angry young men británicos, la Angry Brigade se convirtió en el grupo terrorista favorito de muchos. Rechazaban los coches bomba y los atentados sumarísimos, prefiriendo concentrarse en una destrucción de propiedad privada de clara influencia situacionista, y que abarcaba desde las embajadas de la España franquista a boutiques, casas de ministros, bancos, etc.
Así, el cenizo de Christie se las arregló para estar de visita -intentando vender su revista Black Flag- en casa de los que pasarían a ser denominados “Stoke Newington 8” (los 8 detenidos por pertenencia a la AB) en plena redada de la Special Branch. Un timing perfecto, como ven, que ocasionaría su detención y posterior liberación en 1972, cuando se demostró que la policía inglesa había plantado detonadores en su coche para inculparle. Muchos se preguntan aún si el caso de Christie no sería el mismo que el de muchos otros acusados por crímenes parecidos; en Inglaterra o en otros países más al sur.
Kiko Amat

(Artículo inédito de noviembre del 2005)

30 de maig 2006

Intríngulis técnicos hu hu

Algunas personas se nos habían quejado de que el PDF de la última L.E.M. daba problemas en algunos PCs (en los Macs siempre ha parecido ir bien). Se ve que no visualizaban bien algunas páginas y que no permitía ser impreso. O algo. No tenemos ni zorra del porqué.
Pero un señor muy amable, al que llamaré CSS1000, nos dice lo siguiente: " Hola
acabo de comprobar que con la última versión de Acrobat reader 7.07 se lee el PDF correctamente y deja imprimirlo... por si a alguien más le surje el mismo problema era un problema de actualización . salut"
Pues eso.
Gracias amigo robótico CSS1000.

19 de maig 2006

Mi vida con Pol

Un link a un artículo mío, "Mi vida con Pol". Una petición original de la revista y colectivo Ladinamo de Madrid, que quisieron ver ampliado el fragmento de un artículo de La Vanguardia donde mencionaba mi vida en la tienda de discos londinense Reckless al lado de mi jefe; el huno, borracho y orate Pol Malone.

http://www.ladinamo.org/ldnm/articulo.php?numero=21&id=539

Kiko Amat

Pinchaje Cabaret 18 de mayo de 2006

Los discos que puse (sin Hungry Beat, esta vez), antes, en medio y después del (muy gran) concierto de Epic kind y The Light Brigade el jueves 18 de mayo en Sidecar. Empiezan tradicionalmente el set Dexys y lo termina, como es menester, Sammy Davis Jr.

DEXYS · One of those things
WEEKEND · Drum beat for baby
THE BEAT · All out to get you
JOYCE · Aldeia de Ogum
THE CARPENTERS · All I can do
DAVID BLUE · It tastes like candy
ZUMPANO · Some sun
MARCOS VALLE · Nem paletó, nem gravata
THE LILAC TIME · Work for the weekend
PHIL OCHS · Pretty smart on my part
PYLON · Weather radio
THE THREE O’CLOCK · With a cantaloupe girlfriend
THE ORCHIDS · Defy the law
DIE SACHE · Long distance call
THE BONGOS · Glow in the dark
TYRONE DAVIS · Can I change my mind
HURRAH! · This boy
ROBYN HITCHCOCK & THE EGYPTIANS · Only the stones remain
CLAUDE FRANÇOIS · Reste
CAMPER VAN BEETHOVEN · Ice cream every day
PEZBAND · On and on
FELT · Grey streets
TELEPHONE · Fait divers
PUGH · Love, love, love
THE DUMMIES · When the lights are out
THE LOFT · Up the hill and down the slope
OXFORD COLLAPSE · Proofreading
BOBBY PATTERSON · Everything good to you (Don’t have to be good for you)
THE CHILLS · Heavenly pop hit
DANNY HUNT · What’s happening to our love affair
THE POP GROUP · Rob a bank
LACK OF KNOWLEDGE · The uninvited
BIG FLAME · Why popstars can’t dance
JEAN WELLS · Try me and see
BOOTS FOR DANCING · Boots for dancing
THE JONES GIRLS · Let’s celebrate (Sittin’ on top of the world)
SAMMY DAVIS Jr. · Up, up and away

Kiko Amat

10 de maig 2006

La Escuela Moderna #2

Acabamos de colgar el último número de La Escuels Moderna en este humilde blog, así que ya os lo podeis imprimir y llevarlo al lavabo que (ya lo sabemos) es donde lo soleis leer habitualmente.
No tenemos más que añadir. A continuación, un resumen de los contenidos extraído de mi propia intro:

"En esta entrega de La Escuela Moderna tenemos más artículos de los que estar orgullosos que nunca. Nada de tendencias, ni críticas de discos mierdosos y banales. Nosotros y nuestra camarilla de colaboradores no-Universitarios (los que lo han sido se están deshaciendo a marchas forzadas de las mondas de patata y raspas de sardina culturales que les metieron en el cerebro) os ofrecemos esta vez lo siguiente: De primero encontraréis la 3ª parte (pero no última) de “Cosas que empiezan con O”, que esta vez trata de Vic Godard y los Subway Sect y de Kevin Rowland y Dexy’s Midnight Runners. El ya habitual David Feck, después del par de conciertos estupendos que Comet Gain nos regalaron, nos ofrece desde su retiro “fgansés” un buen (¡interesante!) artículo sobre psicodelia proletaria de los 80’s. Sí, lo habeis oído bien.
Por su parte, Carlos de La Patata de la Libertad nos lanza esta vez una perorata inspiradísima contra nuestro más odiado enemigo: el maldito trabajo. Yo, por mi parte, me he esforzado durante todos estos meses para conseguir extraerle el jugo a esa “tumultuosa horda simiesca de campesinos iracundos que golpeaban y aplastaban las flores de hierro donde libaban las abejas del progreso” llamados Luditas. ¿Qué más? Ah, si. Kiko, aparte de seguir con sus cosas con O, nos ha seleccionado un interesantísimo artículo de Hakim Bey sobre las sociedades secretas chinas llamadas Tongs y ha sacado brillo a su pasado y a sus “Años del Frescor”. Tengo que decir que yo también los recuerdo, los míos y los suyos, cuando él llegaba a casa llorando después de unos días de pura felicidad porque creía que nada podía superar aquello que había vivido.
Manolo Martínez (de fama mundial con Astrud) nos cuenta los entresijos del mundo del Márquetin vistos desde el prisma de un hombre que ha estado allí y ha visto el horror… el horror…, en un artículo que os pondrá los pelos del cogote como escarpias. Y cómo colofón, nuestro amigo Dale Shaw nos cuenta sus anéscdotas preferidas de la vida y obra del director alemán Werner Herzog.
Aparte, como veréis, estamos intentando superar el record mundial de citas de Kurt Vonnegut en un solo número de fanzine. Y para el siguiente número prometemos artículo sobre él, uno de los pocos bigotudos que respetamos. Hasta pronto.


Uri Amat, 10 d’ Abril del 2006