Por segunda vez en un día, y como demostración de la teoría del corta-y-pega Lautréamontiano, nos agenciamos palabras ajenas, que hay veces que están mejor dichas que las nuestras.
Éste en concreto es un mini-análisis de los mencionados kameraden de La Patatatoak de la Libertad sobre la lógica que rige el cerebro de ese gran gallinita mojada que es Garzón.
El bully de colegio que se mete con niños pequeños porque sabe que con los verdaderamente malos -la oligarquía empresarial, el ejército español, su majestad, los viejos franquistas (ahora demócratas) del PP- no puede.
Cua-cua-cua-cua, le decimos desde La Escuela Moderna a ese gran capitán de la sardina que es Garzón.
La lógica Garzoniana es un instrumento metodológico fabuloso. Si A = B y B = C, entonces A = C. Y si proseguimos así, se prolonga esta cadena hasta que A = Z. Oscureciendo todo matiz intermedio, obtenemos que como una taberna abertzale recoge dinero para presos de ETA entonces la taberna entera es ETA. Y los que acudían a tomar txiquitos y zuritos, también son ETA. De hecho, las botellas de Rioja Alavesa que se venden allí también son ETA, y el dueño de las bodegas que las produce también es de ETA, y la madre del dueño ¿lo adivinan?... pues sí: también es de ETA. Y el monte Igueldo, donde han sido vistos varios abertzales, también es ETA. A los ojos de Garzón, hasta un perro pastor vasco -esa raza autóctona parecida a los gossos d’atura-, es completamente ETARRA pues “pertenece al entorno de ETA”. Pues sí, no se rían. La próxima semana se juzga a más de cuarenta chavales de Gestoras Pro Amnistía sin que se haya probado nada en su contra, con un sumario plagado de irregularidades (con toda la intención política, por supuesto); los trasladarán primero a Madrid, a ese juzgado de excepción permanente que es la Audiencia Nacional. Y después, para que no tengan que salir de prisión (algunos llevan allí tres años), los juzgarán en un periquete.
9 de febr. 2005
Democracia representativa vs. Democracia delegativa
Este es un artículo de Ken Knabb sobre las distinciones de democracia representativa y democracia delegativa. Es muy importante entender el concepto, pues su enmascaramiento y posible confusión es una de las pocas razones por las que lo que ahora estamos viviendo utilice aún el empobrecido nombre de democracia como tal.
Ken Knabb es un viejo situacionista, y su Bureau of Public Secrets ( www.bopsecrets.org/index.shtml ) una de las mejores páginas con textos situacionistas, tanto por su claridad (que se agradece) como por su tono ilustrativo y en absoluto arrogante -ese tono que nuestro amado Debord utilizaba a granel.
Antes referencia diaria de reflexión, habíamos abandonado las visitas al BOP hasta que los amigos de La Patata de la Libertad ( http://lapatatadelalibertad.blogspot.com/) nos alertaron sobre un artículo contra el hippismo que continuaba el análisis que se hizo en este mismo blog con ocasión del artículo sobre Malvido.
[Democracia representativa versus democracia delegativa]
No repetiré todas las clásicas críticas socialistas y anarquistas del capitalismo y el estado. Son ampliamente conocidas, o al menos ampliamente accesibles. Pero para acabar con algunas de las confusiones de la retórica política tradicional puede ser útil resumir los tipos básicos de organización social. En atención a la claridad, comenzaré examinando separadamente aspectos “políticos” y “económicos”, aunque están obviamente interrelacionados. Es tan fútil tratar de igualar las condiciones económicas de la gente mediante una burocracia de estado como lo es intentar democratizar la sociedad mientras el poder del dinero permite a una minúscula minoría controlar las instituciones que determinan la conciencia de la realidad social de la gente. Puesto que el sistema funciona como un todo sólo puede ser cambiado fundamentalmente como un todo.
Comenzando con el aspecto político, podemos distinguir de forma aproximativa cinco grados de “gobierno”:
(1) Libertad sin restricción
(2) Democracia directa
a) consenso
b) dominio de la mayoría
(3) Democracia delegativa
(4) Democracia representativa
(5) Dictadura abierta de una minoría
La sociedad actual oscila entre (4) y (5), es decir entre el dominio abierto de la minoría y el dominio encubierto de la minoría camuflado por una fachada de democracia simbólica. Una sociedad liberada debe eliminar (4) y (5) y reducir progresivamente la necesidad de (2) y (3).
Discutiré más tarde los dos tipos de (2). Pero la distinción crucial está entre (3) y (4).
En la democracia representativa la gente abdica de su poder en beneficio de candidatos elegidos. Los principios proclamados por los candidatos se limitan a unas cuantas generalidades vagas, y una vez que han sido elegidos hay poco control sobre sus decisiones reales acerca de cientos de problemas — aparte de la débil amenaza de cambiar el voto, unos años más tarde, a cualquier rival político igualmente incontrolable. Los representantes dependen de los ricos mediante sobornos y aportaciones a la campaña; están subordinados a los propietarios de los medios de comunicación, que deciden qué temas consiguen publicidad; y son casi tan ignorantes y débiles como el público general en lo que respecta a muchos asuntos importantes que están determinados por burócratas y agencias secretas independientes. Los dictadores abiertos son a veces derrocados, pero los verdaderos dominadores en los regímenes “democráticos”, la pequeña minoría que posee o controla virtualmente todo, nunca ganan ni pierden el voto. La mayoría de la gente no sabe siquiera quiénes son.
En la democracia delegativa, los delegados son elegidos para propósitos determinados con muy específicas limitaciones. Pueden actuar estrictamente bajo mandato (encargados de votar de una cierta manera en un cierto asunto) o el mandato puede dejarse abierto (los delegados son libres de votar como mejor crean) reservándose la gente que los ha elegido el derecho a confirmar o rechazar cualquier decisión así tomada. Generalmente los delegados son elegidos para períodos muy cortos y están sujetos a revocación en todo momento.
En el contexto de las luchas radicales, las asambleas de delegados se han llamado normalmente “consejos.” La forma del consejo fue inventada por los trabajadores en huelga durante la revolución rusa de 1905 (soviet es la palabra rusa que significa consejo). Cuando los soviets reaparecieron en 1917, fueron sucesivamente apoyados, manipulados, dominados y cooptados por los bolcheviques, que pronto consiguieron transformarlos en parodias de sí mismos: sellos de caucho del “Estado Soviético” (el último soviet independiente que sobrevivió, el de los marineros de Kronstadt, fue aplastado en 1921). No obstante los consejos han continuado para reaparecer espontáneamente en los momentos más radicales de la historia subsiguiente, en Alemania, Italia, España, Hungría y otros lugares, porque representan la solución obvia a la necesidad de una forma práctica de autoorganización popular no jerárquica. Y continúan recibiendo la oposición de todas las organizaciones jerárquicas, porque amenazan el dominio de las élites especializadas señalando la posibilidad de una sociedad de la autogestión generalizada: no la autogestión de unos cuantos detalles del sistema presente, sino la autogestión extendida a todas las regiones del globo y a todos los aspectos de la vida.
Pero como señalamos arriba, la cuestión de las formas democráticas no puede ser separada de su contexto económico.
Ken Knabb es un viejo situacionista, y su Bureau of Public Secrets ( www.bopsecrets.org/index.shtml ) una de las mejores páginas con textos situacionistas, tanto por su claridad (que se agradece) como por su tono ilustrativo y en absoluto arrogante -ese tono que nuestro amado Debord utilizaba a granel.
Antes referencia diaria de reflexión, habíamos abandonado las visitas al BOP hasta que los amigos de La Patata de la Libertad ( http://lapatatadelalibertad.blogspot.com/) nos alertaron sobre un artículo contra el hippismo que continuaba el análisis que se hizo en este mismo blog con ocasión del artículo sobre Malvido.
[Democracia representativa versus democracia delegativa]
No repetiré todas las clásicas críticas socialistas y anarquistas del capitalismo y el estado. Son ampliamente conocidas, o al menos ampliamente accesibles. Pero para acabar con algunas de las confusiones de la retórica política tradicional puede ser útil resumir los tipos básicos de organización social. En atención a la claridad, comenzaré examinando separadamente aspectos “políticos” y “económicos”, aunque están obviamente interrelacionados. Es tan fútil tratar de igualar las condiciones económicas de la gente mediante una burocracia de estado como lo es intentar democratizar la sociedad mientras el poder del dinero permite a una minúscula minoría controlar las instituciones que determinan la conciencia de la realidad social de la gente. Puesto que el sistema funciona como un todo sólo puede ser cambiado fundamentalmente como un todo.
Comenzando con el aspecto político, podemos distinguir de forma aproximativa cinco grados de “gobierno”:
(1) Libertad sin restricción
(2) Democracia directa
a) consenso
b) dominio de la mayoría
(3) Democracia delegativa
(4) Democracia representativa
(5) Dictadura abierta de una minoría
La sociedad actual oscila entre (4) y (5), es decir entre el dominio abierto de la minoría y el dominio encubierto de la minoría camuflado por una fachada de democracia simbólica. Una sociedad liberada debe eliminar (4) y (5) y reducir progresivamente la necesidad de (2) y (3).
Discutiré más tarde los dos tipos de (2). Pero la distinción crucial está entre (3) y (4).
En la democracia representativa la gente abdica de su poder en beneficio de candidatos elegidos. Los principios proclamados por los candidatos se limitan a unas cuantas generalidades vagas, y una vez que han sido elegidos hay poco control sobre sus decisiones reales acerca de cientos de problemas — aparte de la débil amenaza de cambiar el voto, unos años más tarde, a cualquier rival político igualmente incontrolable. Los representantes dependen de los ricos mediante sobornos y aportaciones a la campaña; están subordinados a los propietarios de los medios de comunicación, que deciden qué temas consiguen publicidad; y son casi tan ignorantes y débiles como el público general en lo que respecta a muchos asuntos importantes que están determinados por burócratas y agencias secretas independientes. Los dictadores abiertos son a veces derrocados, pero los verdaderos dominadores en los regímenes “democráticos”, la pequeña minoría que posee o controla virtualmente todo, nunca ganan ni pierden el voto. La mayoría de la gente no sabe siquiera quiénes son.
En la democracia delegativa, los delegados son elegidos para propósitos determinados con muy específicas limitaciones. Pueden actuar estrictamente bajo mandato (encargados de votar de una cierta manera en un cierto asunto) o el mandato puede dejarse abierto (los delegados son libres de votar como mejor crean) reservándose la gente que los ha elegido el derecho a confirmar o rechazar cualquier decisión así tomada. Generalmente los delegados son elegidos para períodos muy cortos y están sujetos a revocación en todo momento.
En el contexto de las luchas radicales, las asambleas de delegados se han llamado normalmente “consejos.” La forma del consejo fue inventada por los trabajadores en huelga durante la revolución rusa de 1905 (soviet es la palabra rusa que significa consejo). Cuando los soviets reaparecieron en 1917, fueron sucesivamente apoyados, manipulados, dominados y cooptados por los bolcheviques, que pronto consiguieron transformarlos en parodias de sí mismos: sellos de caucho del “Estado Soviético” (el último soviet independiente que sobrevivió, el de los marineros de Kronstadt, fue aplastado en 1921). No obstante los consejos han continuado para reaparecer espontáneamente en los momentos más radicales de la historia subsiguiente, en Alemania, Italia, España, Hungría y otros lugares, porque representan la solución obvia a la necesidad de una forma práctica de autoorganización popular no jerárquica. Y continúan recibiendo la oposición de todas las organizaciones jerárquicas, porque amenazan el dominio de las élites especializadas señalando la posibilidad de una sociedad de la autogestión generalizada: no la autogestión de unos cuantos detalles del sistema presente, sino la autogestión extendida a todas las regiones del globo y a todos los aspectos de la vida.
Pero como señalamos arriba, la cuestión de las formas democráticas no puede ser separada de su contexto económico.
28 de gen. 2005
Hippies subterráneos
Este es un artículo sobre el underground 70's que saldrá en el Reciclajes del Culturas en unas semanas. La semana que viene publicaremos también aquí el artículo de Lethem que algunos no llegásteis a ver en el mismo suplemento .
El libro Nosotros los malditos de Pau Malvido y el documental Underground de Gervasio Iglesias dan dos visiones parecidas de la contracultura local de los 70.
Los hippies subterráneos
KIKO AMAT
Malditos
Hace escasos meses Anagrama sacó el libro Nosotros los malditos, una recopilación de artículos de Pau Malvido que el difunto teórico de la contracultura publicó en su día en la revista Star. En un momento concreto del libro su autor se sube por las paredes por culpa de unas declaraciones del entonces director de la revista AjoBlanco, Ribas, en las que éste comentaba como el hippismo era “un invento de snobs americanos ricos”. Malvido, comprensiblemente irritado desde su condición de freakie urbano, le espeta que la situación ibérica es completamente distinta, que la masa hippie de Barcelona es una mezcla de “izquierdistas desengañados o agotados, pequeñoburgueses más bien pobretones, mezclados con grifotas de la línea tradicional (...) y extranjeros peregrinantes”, y que, caramba, si los del Ajoblanco lo ven de otro modo es porque ellos mismos son hippies snobs y intelectuales elitistas. Lo que está Malvido diciéndoles, en pocas palabras, es el viejo refrán: “Cree el ladrón que todos son de su condición”. Chincha y rabia.
Lo paradójico de todo esto es que ambos implicados en el choque de opiniones tenían igual razón. Los hippies, sin duda alguna, eran un concepto de clase media-alta por definición, una subcultura de origen estudiantil que, aunque vagamente contestataria en su superficie, era en extremo pasiva y conformista. Como dice el sociólogo de Birmingham Dick Hebdigge, sus festivales “transcurrían en lugares remotos y en una atmósfera de auto-congratulación, y se centraban en la consumición pasiva de música producida por una élite de artistas intocables”. Bingo. Hebdigge concluye su elaborado ataque al hippismo con un recuerdo a Altamont (el festival donde unas pocas decenas de Ángeles del Infierno asesinaron a un espectador ante la mirada abúlica de varios miles de hippies) y la incontestable ecuación: “Clase Media + hippie + marihuana = Pasividad”. Ése, en el fondo (aunque sin autoinculparse), es parte del argumento de Ribas; y es bastante cierto.
Por otro lado, es irrefutable que la situación en la España Franquista era para darle de comer aparte. Primero: Los hippies y freaks patrios, como bien apunta Malvido, tenían mayor relación con la resistencia política que en los Estados Unidos (allí se hacían Maoístas, sí, pero de broma) y aquí la implicación con círculos anarquistas era habitual. Segundo: Así como los hippies de Hight-Ashbury y King’s Road se paseaban por una atmósfera que les toleraba (aunque mofándose), los bravos primeros hippies hispanos se enfrentaban a un entorno beligerante que entrañaba gran peligro para sus integritudes físicas. Eso ya les diferenciaba radicalmente de los bobalicones hippies californianos, y el distinto origen social que les adjudica Malvido termina de cortar casi todo vínculo. Los hippies peninsulares, en pocas palabras, no eran hippies: eran proto-punks airados. Y es que ser hippie en Catalunya en 1968 requería bastantes bemoles. Y en Sevilla aún más.
Subterráneos
Underground es una palabra que se dice pronto, y que no siempre significa lo que significa. Underground; la ciudad del arco iris es el nombre de un documental de Gervasio Iglesias sobre la contracultura sevillana de los 70 que han coproducido Canal Sur y TV3, y que pudo verse en el pasado festival de documentales In-Edit 2004. Decía lo que decía al inicio del párrafo porque generalmente se le llama underground a cosas que son obviamente overground (o sea, que comparten parámetros con la cultura mayoritaria de la superficie) y sólo ocasionalmente surge algo verdaderamente subterráneo, que debe esconderse de los ataques del establishment para conservar su pureza. Las sociedades secretas socialistas del siglo XIX son un ejemplo obvio, y también lo es el movimiento Underground de Sevilla.
En este momento les pintaría un contexto adecuado de manera extensa, pero imagino que no hará falta; ya saben ustedes lo que había allí en 1968. Procesiones religiosas, conmemoraciones del cumpleaños del Caudillo, Día del Alzamiento, sindicatos verticales, policía gris y una situación cultural paupérrima y lamentable. En efecto, en España sobrevivía aún una dictadura homicida, cabestra y sanguinaria (por mucho que Garzón escurra el bulto, algunas de las aberraciones más gordas del siglo XX en Europa pasaron al lado de su casa, no al otro lado del Atlántico), y que penalizaba con brutalidad cualquier comportamiento individualista, hedonista o izquierdista.
El underground sevillano, por fortuna, tenía de sobras de las tres cosas, como bien nos muestra el documental de Iglesias. Lo formaba un dispar y desorganizado batallón de visionarios, hippies primigenios, músicos arriesgados, poetas tranquilos y Marines afroamericanos con afición al hachís. Mientras en la calle la situación era de a Dios rogando y con el mazo dando, en las catacumbas del underground se organizaban clubs, lecturas, exposiciones y debates; y conciertos, claro. Por algo uno de los grandes aglutinadores de la escena era la música, y especialmente las actividades del grupo Smash.
Aunque este no es el lugar para biografiarles, sí debemos apuntar algo antes de terminar: Smash eran uno de los grupos más excepcionales de aquí, y el exponente hecho carne del malditismo del que hablaba Malvido en su artículo. A diferencia de los integrantes de la repipi Gauche Divine, los sevillanos eran currantes, fans del blues y lo progresivo, extravagantes hombres de las praderas –como ellos mismos se definían- que no encajaban en el esquema de las cosas. Llamémosles hippies si se tercia, claro, pero no olvidemos el factor diferencial del hippismo hispano y lo lejano que éste vivía de la apatía de sus primos americanos. Hacer otra cosa estaría feo.
El libro Nosotros los malditos de Pau Malvido y el documental Underground de Gervasio Iglesias dan dos visiones parecidas de la contracultura local de los 70.
Los hippies subterráneos
KIKO AMAT
Malditos
Hace escasos meses Anagrama sacó el libro Nosotros los malditos, una recopilación de artículos de Pau Malvido que el difunto teórico de la contracultura publicó en su día en la revista Star. En un momento concreto del libro su autor se sube por las paredes por culpa de unas declaraciones del entonces director de la revista AjoBlanco, Ribas, en las que éste comentaba como el hippismo era “un invento de snobs americanos ricos”. Malvido, comprensiblemente irritado desde su condición de freakie urbano, le espeta que la situación ibérica es completamente distinta, que la masa hippie de Barcelona es una mezcla de “izquierdistas desengañados o agotados, pequeñoburgueses más bien pobretones, mezclados con grifotas de la línea tradicional (...) y extranjeros peregrinantes”, y que, caramba, si los del Ajoblanco lo ven de otro modo es porque ellos mismos son hippies snobs y intelectuales elitistas. Lo que está Malvido diciéndoles, en pocas palabras, es el viejo refrán: “Cree el ladrón que todos son de su condición”. Chincha y rabia.
Lo paradójico de todo esto es que ambos implicados en el choque de opiniones tenían igual razón. Los hippies, sin duda alguna, eran un concepto de clase media-alta por definición, una subcultura de origen estudiantil que, aunque vagamente contestataria en su superficie, era en extremo pasiva y conformista. Como dice el sociólogo de Birmingham Dick Hebdigge, sus festivales “transcurrían en lugares remotos y en una atmósfera de auto-congratulación, y se centraban en la consumición pasiva de música producida por una élite de artistas intocables”. Bingo. Hebdigge concluye su elaborado ataque al hippismo con un recuerdo a Altamont (el festival donde unas pocas decenas de Ángeles del Infierno asesinaron a un espectador ante la mirada abúlica de varios miles de hippies) y la incontestable ecuación: “Clase Media + hippie + marihuana = Pasividad”. Ése, en el fondo (aunque sin autoinculparse), es parte del argumento de Ribas; y es bastante cierto.
Por otro lado, es irrefutable que la situación en la España Franquista era para darle de comer aparte. Primero: Los hippies y freaks patrios, como bien apunta Malvido, tenían mayor relación con la resistencia política que en los Estados Unidos (allí se hacían Maoístas, sí, pero de broma) y aquí la implicación con círculos anarquistas era habitual. Segundo: Así como los hippies de Hight-Ashbury y King’s Road se paseaban por una atmósfera que les toleraba (aunque mofándose), los bravos primeros hippies hispanos se enfrentaban a un entorno beligerante que entrañaba gran peligro para sus integritudes físicas. Eso ya les diferenciaba radicalmente de los bobalicones hippies californianos, y el distinto origen social que les adjudica Malvido termina de cortar casi todo vínculo. Los hippies peninsulares, en pocas palabras, no eran hippies: eran proto-punks airados. Y es que ser hippie en Catalunya en 1968 requería bastantes bemoles. Y en Sevilla aún más.
Subterráneos
Underground es una palabra que se dice pronto, y que no siempre significa lo que significa. Underground; la ciudad del arco iris es el nombre de un documental de Gervasio Iglesias sobre la contracultura sevillana de los 70 que han coproducido Canal Sur y TV3, y que pudo verse en el pasado festival de documentales In-Edit 2004. Decía lo que decía al inicio del párrafo porque generalmente se le llama underground a cosas que son obviamente overground (o sea, que comparten parámetros con la cultura mayoritaria de la superficie) y sólo ocasionalmente surge algo verdaderamente subterráneo, que debe esconderse de los ataques del establishment para conservar su pureza. Las sociedades secretas socialistas del siglo XIX son un ejemplo obvio, y también lo es el movimiento Underground de Sevilla.
En este momento les pintaría un contexto adecuado de manera extensa, pero imagino que no hará falta; ya saben ustedes lo que había allí en 1968. Procesiones religiosas, conmemoraciones del cumpleaños del Caudillo, Día del Alzamiento, sindicatos verticales, policía gris y una situación cultural paupérrima y lamentable. En efecto, en España sobrevivía aún una dictadura homicida, cabestra y sanguinaria (por mucho que Garzón escurra el bulto, algunas de las aberraciones más gordas del siglo XX en Europa pasaron al lado de su casa, no al otro lado del Atlántico), y que penalizaba con brutalidad cualquier comportamiento individualista, hedonista o izquierdista.
El underground sevillano, por fortuna, tenía de sobras de las tres cosas, como bien nos muestra el documental de Iglesias. Lo formaba un dispar y desorganizado batallón de visionarios, hippies primigenios, músicos arriesgados, poetas tranquilos y Marines afroamericanos con afición al hachís. Mientras en la calle la situación era de a Dios rogando y con el mazo dando, en las catacumbas del underground se organizaban clubs, lecturas, exposiciones y debates; y conciertos, claro. Por algo uno de los grandes aglutinadores de la escena era la música, y especialmente las actividades del grupo Smash.
Aunque este no es el lugar para biografiarles, sí debemos apuntar algo antes de terminar: Smash eran uno de los grupos más excepcionales de aquí, y el exponente hecho carne del malditismo del que hablaba Malvido en su artículo. A diferencia de los integrantes de la repipi Gauche Divine, los sevillanos eran currantes, fans del blues y lo progresivo, extravagantes hombres de las praderas –como ellos mismos se definían- que no encajaban en el esquema de las cosas. Llamémosles hippies si se tercia, claro, pero no olvidemos el factor diferencial del hippismo hispano y lo lejano que éste vivía de la apatía de sus primos americanos. Hacer otra cosa estaría feo.
19 de gen. 2005
"El Pritt"
Domingo en el Mercat de Sant Antoni, al lado de una de esas paradas donde venden postales y fotos en blanco y negro de viejas estrellas (y no tan estrellas) de Cine de todos los tiempos y lugares. Como pasa a menudo en estas paraditas hay un corrillo y un gran debate se ha iniciado espontaneamente: los más apasionados el amo de la paradita y un señor mayor con pinta de antiguo M.C. de Music-Hall. Mientras, yo simulo ojear unos libros en la parada contigua para escuchar lo que dicen sin que se den cuenta.
La conversación versa sobre antiguas estrellas y todos están muy exaltados, por una vez no es por culpa del fútbol. La sabiduría popular hablando una vez más:
Antiguo M.C. de Music-Hall: - " …ella (a día de hoy aún no se de quien hablaban) si que llenaba la pantalla con su presencia, eso eran actrices y no lo de ahora…"
Amo de la paradita: -"Como el tío ése, "el Pritt" (aquí intuyo que hablaban de Brad Pitt) , es muy feo, no tiene nada"
Antiguo M.C. de Music-Hall: -" Es que los actores de ahora no tienen gracia"
Amo de la paradita (insiste con "El Pritt" y, para acabar, sentencia: ) "En mi comunidad seguro que hay más de 20 chavales más guapos que él y los pobres no encuentran ni trabajo…"
La conversación versa sobre antiguas estrellas y todos están muy exaltados, por una vez no es por culpa del fútbol. La sabiduría popular hablando una vez más:
Antiguo M.C. de Music-Hall: - " …ella (a día de hoy aún no se de quien hablaban) si que llenaba la pantalla con su presencia, eso eran actrices y no lo de ahora…"
Amo de la paradita: -"Como el tío ése, "el Pritt" (aquí intuyo que hablaban de Brad Pitt) , es muy feo, no tiene nada"
Antiguo M.C. de Music-Hall: -" Es que los actores de ahora no tienen gracia"
Amo de la paradita (insiste con "El Pritt" y, para acabar, sentencia: ) "En mi comunidad seguro que hay más de 20 chavales más guapos que él y los pobres no encuentran ni trabajo…"
12 de gen. 2005
HIBERNIAN
Los de La Patata de la Libertad comentan que tienen una libreria de segunda mano bastante bonita al lado de casa donde se pueden encontrar libros, libracos y librillos desde el módico precio de 1 Eypo (!). Es verdad, los libros de Taifa molan y está casi todo de los catalogos de las editoriales más molonguis de éste yermo desierto cultural, desde Anagrama pasando por Virus, Txalaparta o Las Pepitas de Calabaza. La única pega es que cuando saludas al entrar o al salir JAMÁS te devuelven el saludo. Por no decir no te dicen ni un "Ahí te pudras" y aún suerte que no te tiran un sipi en el ojo. Politicamente quizás esten en nuestro lado de la cama pero no son Mr. y Mrs. Simpatías, que le vamos a hacer. Ya se que eso es irrelevante a la hora de valorar la calidad de una librería, es verdad, pero molesta un poco.
Ya que hablamos de librerías, yo, por mi parte, y gracias a mi hermano, he descubierto otro sitio donde ir a buscar libros de segunda mano, aparte del majestuoso y siempre entretenido Mercat de Sant Antoni claro está, en este caso concreto en el idioma de Shakespeare. Se llama Hibernian y está en la Calle Pere Serafí con Ros de Olano, muy cerca de la Taifa y de la Pizzeria La Gavina, hogar de las pizzas deliciosas y demás mariconadas.
Los Hibernios son bastante simpáticos, hablan (o quizás son) un perfecto castellano y puedo atestiguar que ayer estuve una hora de reloj metido en recovecos de la tienda de muy mala visibilidad sin que nadie viniera a ver si estaba robando, cosa que evidentemente no hice. Respeto para ellos. Vi libros de Ralph Nader, Alan Sillitoe, Myla Goldberg o Evelyn Waugh pero fuí tan idiota como para no comprar nada, como siempre me pasa. Mañana vuelvo. ,Como siempre millones de libros de Isaac Asimov o del flipado de Michael Moorcock, pero más destacable es que tienen Penguins del año catapún para parar un tren. La manera de comprar allí es la misma que en el Mercat de Sant Antoni; buscar, rebuscar, comparar, de polvo y ácaros las manos y las naripias llenar y si algo encontrar comprar.
Ya que hablamos de librerías, yo, por mi parte, y gracias a mi hermano, he descubierto otro sitio donde ir a buscar libros de segunda mano, aparte del majestuoso y siempre entretenido Mercat de Sant Antoni claro está, en este caso concreto en el idioma de Shakespeare. Se llama Hibernian y está en la Calle Pere Serafí con Ros de Olano, muy cerca de la Taifa y de la Pizzeria La Gavina, hogar de las pizzas deliciosas y demás mariconadas.
Los Hibernios son bastante simpáticos, hablan (o quizás son) un perfecto castellano y puedo atestiguar que ayer estuve una hora de reloj metido en recovecos de la tienda de muy mala visibilidad sin que nadie viniera a ver si estaba robando, cosa que evidentemente no hice. Respeto para ellos. Vi libros de Ralph Nader, Alan Sillitoe, Myla Goldberg o Evelyn Waugh pero fuí tan idiota como para no comprar nada, como siempre me pasa. Mañana vuelvo. ,Como siempre millones de libros de Isaac Asimov o del flipado de Michael Moorcock, pero más destacable es que tienen Penguins del año catapún para parar un tren. La manera de comprar allí es la misma que en el Mercat de Sant Antoni; buscar, rebuscar, comparar, de polvo y ácaros las manos y las naripias llenar y si algo encontrar comprar.
24 de des. 2004
Se armó el Belén
No seré yo el que niegue las excelencias de un buen disturbio en defensa propia o cuando las circunstancias desembocan en ello, por ejemplo si en medio de una manifestación la gente es acosada por la policía y las cosas se van de madre y se acaba quemando algún cajero o volcando un coche-patrulla. Me parece perfecto (o como mínimo justificado).
Pero ayer mi conciencia se acabó escorando hacía el lado con el que ya llevo meses coqueteando, esto es, la no-violencia como medio para conseguir un fin. Ese fin que podriamos definir como "revolución" ( cambios radicales en el sistema que repercutan en la mejora de la calidad de vida de la inmensa mayoría de personas del mundo) no se va a conseguir por una vanguardia o élite que guie a los demás desgraciados a la verdad universal como si fueran un rebaño de ovejas descarriadas. Hace falta mucha gente y años de trabajo, hay que lanzar lazos con la gente "normal", los que van al Heron City a ver pelis de Van Damme, o la familia de clase baja que va a comprar los regalos de navidad al centro de Barcelona. Hay que atraerlos al lado de la política radical, porque también ellos tiene sueldos precarios como muchos de nosotros, gastan el 60% de su sueldo en una hipóteca que no acabaran de pagar hasta el fin de sus días, ven como se malgastan sus impuestos en decorados multimillonarios como el Forum mientras sus hijos no se pueden ir de casa… que abracen ideas anti-capitalistas y de justicia social solo es cuestión de convencer, explicar y que comprendan que es una batalla que también es suya.
Pero pasó lo que más temía. Una manifestación anti-fascista en homenaje a Roger, un okupa asesinado por un skin descerebrado era la ocasión perfecta para conseguir la adhesión a su causa o como mínimo la simpatía de una gran mayoría de personas que tienen conciencia y un corazoncito ahí abajo. Todos los que estuvieron en las manifestaciones contra la guerra deberían haber estado ayer allí, en Urquinaona. Pero habría unos 490.000 menos. ¿Y imaginais el porqué?
Pues posíblemente por ese centenar de crusties (me niego a usar con ellos la palabra "punks") que aprovecharon la mínima ocasión para destrozar la plaça Sant Jaume y el Belén y todo lo que se les puso por delante en una exhibición de fanatismo y agresividad macho injustificada. A la gente no le gusta tener miedo y ayer los que daban miedo eran ellos, que no se engañen. A mi me dió mucha grima.
Dejemos las cosas claras, me la suda la Navidad, el Belén y me la suda la Plaça Sant Jaume, por mí como si se hunde un dia con todos dentro, pero ayer no era el momento y si sirvió para algo fue para dar mala fama a un colectivo y unas ideas por lo general intachables.
Se supone que era una manifestación anti-violencia, anti-fanatismo y anti-fascista, para más inri como recuerdo a un pobre chaval que murió a consecuencia de sus ideales libertarios. De acuerdo que cosas como estas hacen hervir la sangre y no es de extrañar que los ánimos estén muy crispados pero, manteniendo la cabeza fría, era la ocasión perfecta que tenía el movimiento okupa o todos los anti-fascistas en general para lavarse la cara frente a la ciudadanía corriente que (no nos engañemos) se enteran de lo que ocurre por los medios de comunicación. ¿Porqué darles motivos a éstos medios para que saquen las fotos más espectaculares y los titulares más sensacionalistas? ¿No hubiera estado bien una bonita marcha multitudinaria, no violenta y (por favor) sin los cuatro crusties alienados cuyo arbol ("anarkia y birra fría") no les deja ver el bosque? ¿No tenían flautas que tocar y perros que alimentar?
Supongo que a los activistas más concienciados de, repito, este tan respetable movimiento les debe joder igual que a mí que todo su trabajo para justificar, extender sus ideas y hacerlas comprensibles para la mayoría de la gente se vaya al garete en media hora por culpa de los de siempre, los que acaban convirtiendo centros sociales en chutaderos y ideas gloriosas en tópicos de barra de bar y en esloganes vacios para justificar sus miserables (y alienadas) vidas.
Pero ayer mi conciencia se acabó escorando hacía el lado con el que ya llevo meses coqueteando, esto es, la no-violencia como medio para conseguir un fin. Ese fin que podriamos definir como "revolución" ( cambios radicales en el sistema que repercutan en la mejora de la calidad de vida de la inmensa mayoría de personas del mundo) no se va a conseguir por una vanguardia o élite que guie a los demás desgraciados a la verdad universal como si fueran un rebaño de ovejas descarriadas. Hace falta mucha gente y años de trabajo, hay que lanzar lazos con la gente "normal", los que van al Heron City a ver pelis de Van Damme, o la familia de clase baja que va a comprar los regalos de navidad al centro de Barcelona. Hay que atraerlos al lado de la política radical, porque también ellos tiene sueldos precarios como muchos de nosotros, gastan el 60% de su sueldo en una hipóteca que no acabaran de pagar hasta el fin de sus días, ven como se malgastan sus impuestos en decorados multimillonarios como el Forum mientras sus hijos no se pueden ir de casa… que abracen ideas anti-capitalistas y de justicia social solo es cuestión de convencer, explicar y que comprendan que es una batalla que también es suya.
Pero pasó lo que más temía. Una manifestación anti-fascista en homenaje a Roger, un okupa asesinado por un skin descerebrado era la ocasión perfecta para conseguir la adhesión a su causa o como mínimo la simpatía de una gran mayoría de personas que tienen conciencia y un corazoncito ahí abajo. Todos los que estuvieron en las manifestaciones contra la guerra deberían haber estado ayer allí, en Urquinaona. Pero habría unos 490.000 menos. ¿Y imaginais el porqué?
Pues posíblemente por ese centenar de crusties (me niego a usar con ellos la palabra "punks") que aprovecharon la mínima ocasión para destrozar la plaça Sant Jaume y el Belén y todo lo que se les puso por delante en una exhibición de fanatismo y agresividad macho injustificada. A la gente no le gusta tener miedo y ayer los que daban miedo eran ellos, que no se engañen. A mi me dió mucha grima.
Dejemos las cosas claras, me la suda la Navidad, el Belén y me la suda la Plaça Sant Jaume, por mí como si se hunde un dia con todos dentro, pero ayer no era el momento y si sirvió para algo fue para dar mala fama a un colectivo y unas ideas por lo general intachables.
Se supone que era una manifestación anti-violencia, anti-fanatismo y anti-fascista, para más inri como recuerdo a un pobre chaval que murió a consecuencia de sus ideales libertarios. De acuerdo que cosas como estas hacen hervir la sangre y no es de extrañar que los ánimos estén muy crispados pero, manteniendo la cabeza fría, era la ocasión perfecta que tenía el movimiento okupa o todos los anti-fascistas en general para lavarse la cara frente a la ciudadanía corriente que (no nos engañemos) se enteran de lo que ocurre por los medios de comunicación. ¿Porqué darles motivos a éstos medios para que saquen las fotos más espectaculares y los titulares más sensacionalistas? ¿No hubiera estado bien una bonita marcha multitudinaria, no violenta y (por favor) sin los cuatro crusties alienados cuyo arbol ("anarkia y birra fría") no les deja ver el bosque? ¿No tenían flautas que tocar y perros que alimentar?
Supongo que a los activistas más concienciados de, repito, este tan respetable movimiento les debe joder igual que a mí que todo su trabajo para justificar, extender sus ideas y hacerlas comprensibles para la mayoría de la gente se vaya al garete en media hora por culpa de los de siempre, los que acaban convirtiendo centros sociales en chutaderos y ideas gloriosas en tópicos de barra de bar y en esloganes vacios para justificar sus miserables (y alienadas) vidas.
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