Como ya avisamos hace unos días, a partir de ahora publicaremos en el blog todos mis artículos para el Cultura/S de La Vanguardia según vayan apareciendo en el suplemento. En primer lugar rescataremos algunos que no llegaron a colgarse (no todos, pues hay ya unas cuantas decenas) y, a partir de ahí, los frescos seguirán apareciendo con regularidad.
Empezando con la prometida entrevista a Jonathan Lethem, que incluyo.
Novela. Punk, graffiti, discos de soul, cómics y bambas Pro-Keds, revueltos en un libro que es casi un tratado sobre el crecer en el Brooklyn de los 70.
DICCIONARIO DE NOMBRES POP
Hubo una época fría y oscura en la noche de los tiempos en que las novelas no contenían referencias a cultura pop. Puedo decirles ya que eso era funesto. Puedo decirles también que quizás exageré al referirme a esas épocas como prehistóricas; en realidad, eran los ochenta. Por qué ahora me parecen tan lejanos y bizarros es un trabajo para historiadores y, tal vez, psiquiatras, y en cualquier caso eso es algo que no les concierne. Lo que si deben tener presente es que esa época existió y, aunque resulte difícil de creer ahora (lo repetiré por si acaso no lo han puesto en su merecida perspectiva), hubo un tiempo siniestro en que las novelas no hablaban de pop.
Los más jóvenes de ustedes se preguntarán, con toda la razón: “Entonces, ¿de qué rayos hablaban las novelas?”. Buena pregunta. Hablaban de la otra cultura; ya saben, la clásica. El protagonista ponía un disco de Bach y se sentaba a leer Catulo, ese tipo de cosas. Puesto así no parece una fatalidad por la que haya que lamentarse tanto, es cierto, como también lo es que esos detalles no afectan al desarrollo de la narrativa. Ustedes digan lo que quieran. Pero en aquellos días de infortunio anhelamos con desesperación que aparecieran Devo, Spiderman, los Who, lo que fuese con tal de que no fuera high-brow y marcase una diferencia clara con los libros de nuestros padres. Algunos incluso empezaron a plantearse el aplicar adhesivos para sustituir las referencias, como en esa viñeta del cómic Robotman en la que el asustado protagonista cambia las partes de miedo en un libro de terror: “Allí, enterrada en la tumba de Drácula, estaba su... Plancha de hacer gofres”. En fín, cómo puedo contarles, aquello era una lata.
Por suerte -y por Anagrama- llegó un momento en que empezaron a publicarse libros con claras menciones a la cultura pop. Algunos porque venían de su epicentro (como Colin McInnes o el primer Wolfe), otros porque pertenecían a una generación parecida a la nuestra y que compartía intereses, desde el punk a los comic-books (caso del Kureishi de “El buda de los suburbios”). El caso es que lo que era raro se tornó en mayor o menor medida habitual, y amaneció el día en que no era ofensa capital nombrar a los Jam o El Increible Hulk en una obra de narrativa. Aleluya.
Ya ven que me demoré un poco introduciéndoles en la materia, pero era vital que tomaran buena nota de aquello antes de hablarles de Jonathan Lethem (New York, 1964) y “La fortaleza de la soledad”. El propio autor lo dijo en la primera frase de su anterior trabajo “Huérfanos de Brooklyn”: “El contexto lo es todo” y ciertamente lo es. Aunque he intentado repetidas veces desligar la nueva obra de Lethem de su aplastante contexto histórico, me ha sido imposible. Pues ésta tal vez sea la historia de dos chicos (Dylan Ebdus y Mingus Rude, no se pierdan esos nombres de pila) y sus padres en el Brooklyn de los 70. Tal vez sea una historia sobre la infancia y sus enigmas pandilleros, o sobre la adolescencia y sus velocidades, sus tragedias cotidianas, sus intensidades. Tal vez esta novela hubiese funcionado igual con abstracciones y términos genéricos (ya saben, aquel irritante “Puso un disco” que tanto exaspera a los amantes del detalle; QUÉ disco, maldita sea, es lo que queremos saber), pero poco importa que elucubremos con esas posibilidades.
Lo cierto es que “La fortaleza de la soledad” es casi un tratado en referencias pop, nostalgias y detalles infinitesimales y que estos, lejos de ser una simple enumeración de términos para evocar melancolías de saldo, están tan embrollados en la trama que son indivisibles de ella. Gallina o huevo, ya nunca podremos saber si los apuntes pop han hecho que la narrativa explote con millones de colores o, por el contrario, la espléndida historia ha otorgado valor y significado a los múltiples guiños. Pero ya dijimos que nada de eso importa ya; miren, en cambio, algunas de las cosas que son vitales en el nuevo libro de Lethem: el graffiti, la música soul de los sesenta, la palestra y los juegos callejeros infantiles, los cÓmics de DC y Marvel, el punk rock, la aparición del rap, el crack, las bambas y la crítica rock. ¿No les parece fantástico? ¿No les parece inaudito? “Siempre había creido que hablar de esas cosas era ilegal” –comenta telefónicamente el propio Lethem- “Por eso no lo hice en mis primeras novelas. Siempre pensé que la narrativa requería un acto puro de invención de una vida ficticia. En “Huérfanos de Brooklyn” el protagonista tiene una mente que encuentra dificultad en describir el mundo real, y por eso está enamorado de las cosas físicas que le rodean. Así como tuve que encontrar una voz para él era importante que hiciera lo mismo con Dylan, Mingus y sus padres. Su religión es el arte, y éste les importa más que el mundo real. Por eso una vez hube decidido sus voces abracé el concepto y dejé fluir todo mi amor por el pop, el cine experimental, etc. Quise capturar el mundo que conozco, y quise que fuera una enciclopedia del Brooklyn de los 70, de la misma manera que en el “courage” de Dickens cada calle tiene un nombre de canción o una referencia; eso lo hace muy persuasivo”.
Ese alud de memorabilia tiene un protagonista paralelo que en ocasiones parece zamparse a los personajes que juegan a la charranca o bailan breakdance por sus callejuelas: Brooklyn, atrapado en un momento helado del tiempo, un lugar cambiante lleno de cosas relucientes y alimento de urracas culturales. Por ello podría decirse que “La fortaleza de la soledad” es una novela de barrio; pues, aunque pueda leerse en Tegucigalpa o Tombuctú, apunta milimétricamente las esquinas, la dignidad y la pasión por la ropa chillona de un barrio de clase obrera de Nueva York. Pero, ya dije, esos barrios se parecen mucho en todas partes. Se lo digo yo. “En mi anterior novela el lenguaje era universal” –explica- “Pero en esta quise un lenguaje autobiográfico, hacer una declaración cultural muy concreta. En ese sentido es una novela arqueológica, pues aparecen mi hermano, sus amigos, como en una capsula temporal. De hecho, para el tipo de lector que deseara hacer un viaje en el tiempo al Brooklyn setentas, ésta es la localización exacta. Eso también me asusta un poco, porque un escritor se involucra apasionadamente con sus personajes, y en el caso de una autobiografía eso es peligroso. Podríamos decir que “La fortaleza...” es una biografía sin máscara. Todos los personajes son mezclas de gente real; Dylan tiene pedazos de mi hermano, de mi mejor amigo Carl, y de un montón de chavales blancos de aquel Brooklyn. Incluso de personajes de novelas anteriores mías.” Disculpándonos, en este punto no podemos menos que hacer la pregunta más clicheada del universo literario: ¿Es el protagonista, pues, un reflejo del autor? “Por lo que he dicho, la novela está pidiendo a gritos una pregunta así. Pero no, no soy Dylan. Su padre, Abraham Ebdus, tiende más a ser un autorretrato de mí. La diferencia con Dylan es enorme, aunque suene pretenciosa: Yo soy un artista realizado y Dylan es un artista frustrado. Su abilidad para crear es, cuanto menos, retrasada”.
El periodista inglés Kevin Pearce confesaba recientemente que se había leido la novela “Dining on stones” de Iain Sinclair pasando páginas en busca de las ignotas referencias culturales. Un comportamiento enfermizo, aunque no por ello menos comprensible; los libros de Sinclair, con sus listas misteriosas de calles y seres olvidados de Londres, lo reclaman de rodillas. En cierto modo, aunque sería un error e iban ustedes a perderse una fenomenal obra de fiction, “La fortaleza de la soledad” también está suplicando a grito pelado que lo hagan. Que se obsesionen ustedes, los que se murieron de hambre esperando que llegara la avalancha novelizada de datos pop, con este festín de nombres y pormenores underground. Que lean en diagonal hasta encontrar a los Talking Heads, los Cuatro Fantásticos, Linterna Verde y Curtis Mayfield. Que subrayen y se congratulen a ustedes mismos por compartir y recordar superhéroes y discos. Pues, créanme, se van a hartar: “Ya era un amante de todo eso” –añade Lethem- “Al inventar el libro me estaba dando una excusa, una razón, para convertirme en un nerd. Y fue muy satisfactorio. Leer sobre música soul en periódicos antiguos, buscar a viejos amigos para recordar estilos, juegos y construir los personajes infantiles, escuchar toneladas de CDs. La parte del punk rock salió más fácil, por cercana, pero a la vez requería menos profundidad. En cuanto a cómics, siempre he preferido la Marvel, sus superhéroes de los 70 parecían vivir en el mundo real, y especialmente en New York, así que tras la acción podías distinguir detalles y caras de la vida neoyorquina. En particular me encanta el tipo de superhéroe alienado y solitario, pero que forma parte de un grupo, como Visión de Los Vengadores o Cinturón Negro en Los Inhumanos”. Pero a Lethem se le olvida una de las partes mejor documentadas y más certeras del libro; su retrato del Dylan adulto como crítico musical es de las más minuciosas del libro, e incluso se incluye un Interludio en forma de notas interiores de un CD imaginario. “Nunca he sido crítico” –afirma “Por eso me hace tan feliz que me digas eso, fue la parte más dura del trabajo. La gente asume que he realizado crítica musical porque fui editor del “2002 Best Music Writing”, pero la verdad es que nunca había escrito sobre música hasta hoy”.
Para finalizar, voy a añadir dos cosas que tal vez les sorprendan. La primera es que uno de los dos personajes se convierte en superhéroe, y eso no le quita un ápice de credibilidad a la obra (“Creí que el libro necesitaba un elemento de metáfora, de mito, algo mágico que evitara que se convirtiera en un documental”, matiza el autor). La segunda es que, como señalábamos anteriormente, “La fortaleza de la soledad” es una novela que paradójicamente continúa siendo universal a pesar de lo exagerado de su localismo. Tal vez sea porque las cosas diminutas y los secretos de pubertad también se parecen mucho en todas partes. “Habla de la dulzura de la amistad” –concluye- “y de lo duro que es hacerse mayor. Cada personaje forcejea con el dilema de conectar y la dificultad para comunicarse. Es como en el ejemplo del graffiti: son trabajos alienados, muy privados, pero que a la vez reclaman fama. En la adolescencia no quieres ser despreciado como un ser marginal, pero sí buscas el glamour de la rebelión”.
Kiko Amat
(Artículo aparecido anteriormente en el suplemento Cultura/S de La Vanguardia)
4 d’abr. 2005
9 de març 2005
Más sobre la Industria discográfica...
Hace unos meses colgaba un post aqui titulado "La Industria discográfica no debería ser salvada" en el que exponía unas cuantas razones por las cuales es deseable que todo ese emporio se hunda con todos sus semi-artistillos detrás.
Para más información podeis entrar aquí, donde se demuestra mucho más claramente que las campañas para evitar "que muera la música" no son más que una sarta de mentiras destinadas a (como siempre) confundir al público sobre quien serían realmente los grandes perjudicados en caso de que la industria se viniera abajo. Y si de paso podeis conseguir camisetas y pegatinas bastante molonguis a cambio de vuestra ayuda económica a esta campaña mejor que mejor, no?
Para más información podeis entrar aquí, donde se demuestra mucho más claramente que las campañas para evitar "que muera la música" no son más que una sarta de mentiras destinadas a (como siempre) confundir al público sobre quien serían realmente los grandes perjudicados en caso de que la industria se viniera abajo. Y si de paso podeis conseguir camisetas y pegatinas bastante molonguis a cambio de vuestra ayuda económica a esta campaña mejor que mejor, no?
15 de febr. 2005
EL ENIGMA DEL COMPLOT DANTE Y EL MISTERIO SAGRADO DE LA HERMANDAD DEL CÓDICE SECRETO DEL CÓDIGO TEMPLARIO DE DA VINCI
En La Patata de la Libertad dicen que se asustan cuando entran en aviones y se encuentran inevitablemente a un individuo sosteniendo un ejemplar de Los Pilares de la Tierra en el regazo. Eso no es nada. Imaginad entrar a un Kiosko un domingo por la mañana y descubrir que todos los best sellers que se comercializan ahora son exactamente iguales que El Código Da Vinci. Es como un episodio de The Twilight Zone. Todos impresos con sus portaditas casi-gemelas, en ese horrible tono tierra, con esos degradados e imágenes de viejos frescos bizantinos de fondo. Tan sólo se observan imperceptibles variaciones, observen: El Enigma Sagrado, Los Misterios Templarios, El Complot de María Magdalena, El Códice Secreto, El Club Dante, La Hermandad de la Sábana Santa, etc. No me he inventado nínguno, existen!!!
¿¿Será esto a lo que se refieren con lo del pensamiento único??
¿¿Será esto a lo que se refieren con lo del pensamiento único??
14 de febr. 2005
La Brújula Política
En estos tiempos de tanta demagogia y campañas de marketing, la apropiación y tergiversación de palabras que antaño servían para definir cosas e ideas está a la orden del día: izquierda, derecha, libertad, democracia, … son palabras agredidas, mancilladas, ultrajadas centenares de veces al día por politicuchos a sueldo de la oligarquía.
La gente ya no es de izquierdas ni de derechas sino "apolíticos". Y no les culpo, en tanto que su concepto de izquierda y derecha viene dado por referentes como ZP o Aznar. Como decía el saber popular en referencia a otras fuerzas vivas de las que hablaremos otro día: "ZP i Jose María, la mateixa porquería".
Para los que vayan (vayamos) más perdidos hay una "Brújula Política" que puede ayudarnos a encontrar nuestro sitio en este barullo de ideologías, concretamente en:
http://www.politicalcompass.org. Allí y mediante un sencillo test en el que se os harán distintas propuestas a las que debeis responder sinceramente si estais en gran desacuerdo, en desacuerdo, de acuerdo o muy de acuerdo descubrireis qué coordenadas (más o menos) ocupais en el espectro político actual. El único problema es que es en inglés. Como os quiero tanto pero ahora no tenía el tiempo necesario para traducirlo entero he intentado hacerlo desde Worldlingo (el típico traductor cibernético a la C3PO) pero me salían cosas tan bízarras como "con todo ese los reaccionarios izquierdistas de las hojas tienen gusto de Roberto Mugabe y del pote de Pol del gancho" o "No es suficiente decir que Stalin era simplemente ido que Gandhi". Así que os lo incluiré un poco más resumido pero más comprensible para la gente que no viva en Saturno.
Dejemos que ellos mismos se expliquen: "Existe una necesidad clara de [una brújula política]. Las viejas categorías unidimensionales de ' derecha ' e ' izquierda', establecidas para la organización de la asamblea nacional francesa de 1789, han terminado siendo harto simplistas para el complejo paisaje político de la actualidad (…) ¿Cómo distinguir entre izquierdistas como Stalin y Gandhi? No es suficiente con decir que Stalin era más de izquierdas que Gandhi ya que hay diferencias fundamentales entre ellos que las viejas categorías no pueden explicar (…) Creemos que en una época en que las ideologías están perdiendo importancia, una nueva generación en particular tendrá una idea más clara de que sitio ocupan ellos políticamente".
También nos recuerdan que no hay preguntas correctas o incorrectas, sino que es sólo una manera de medir las acitudes y las inevitables contradicciones humanas para ofrecer una definición más clara de donde se situan las personas y partidos.
A eso también os animamos desde La Escuela Moderna, a (para empezar) tener claro en que lado de la cama dormís (y con quien) como un primer paso para empezar a vivir una vida que valga la pena, pues tal confusión no nació un día de la noche a la mñana sino que tanto interés en acabar con las ideologías no es sino una estrategia orquestada por los capitalistas y sus asalariados politicos, medios de comunicación y demás charlatanes de feria dedicados en cuerpo y alma a vendernos ese elixir de la vida llamado progreso que está destrozando nuestras vidas, el planeta y todo lo que se mueve. Ya está, ya me calmo un poco.
Chasque aquí para comenzar
Uri Amat
La gente ya no es de izquierdas ni de derechas sino "apolíticos". Y no les culpo, en tanto que su concepto de izquierda y derecha viene dado por referentes como ZP o Aznar. Como decía el saber popular en referencia a otras fuerzas vivas de las que hablaremos otro día: "ZP i Jose María, la mateixa porquería".
Para los que vayan (vayamos) más perdidos hay una "Brújula Política" que puede ayudarnos a encontrar nuestro sitio en este barullo de ideologías, concretamente en:
http://www.politicalcompass.org. Allí y mediante un sencillo test en el que se os harán distintas propuestas a las que debeis responder sinceramente si estais en gran desacuerdo, en desacuerdo, de acuerdo o muy de acuerdo descubrireis qué coordenadas (más o menos) ocupais en el espectro político actual. El único problema es que es en inglés. Como os quiero tanto pero ahora no tenía el tiempo necesario para traducirlo entero he intentado hacerlo desde Worldlingo (el típico traductor cibernético a la C3PO) pero me salían cosas tan bízarras como "con todo ese los reaccionarios izquierdistas de las hojas tienen gusto de Roberto Mugabe y del pote de Pol del gancho" o "No es suficiente decir que Stalin era simplemente ido que Gandhi". Así que os lo incluiré un poco más resumido pero más comprensible para la gente que no viva en Saturno.
Dejemos que ellos mismos se expliquen: "Existe una necesidad clara de [una brújula política]. Las viejas categorías unidimensionales de ' derecha ' e ' izquierda', establecidas para la organización de la asamblea nacional francesa de 1789, han terminado siendo harto simplistas para el complejo paisaje político de la actualidad (…) ¿Cómo distinguir entre izquierdistas como Stalin y Gandhi? No es suficiente con decir que Stalin era más de izquierdas que Gandhi ya que hay diferencias fundamentales entre ellos que las viejas categorías no pueden explicar (…) Creemos que en una época en que las ideologías están perdiendo importancia, una nueva generación en particular tendrá una idea más clara de que sitio ocupan ellos políticamente".
También nos recuerdan que no hay preguntas correctas o incorrectas, sino que es sólo una manera de medir las acitudes y las inevitables contradicciones humanas para ofrecer una definición más clara de donde se situan las personas y partidos.
A eso también os animamos desde La Escuela Moderna, a (para empezar) tener claro en que lado de la cama dormís (y con quien) como un primer paso para empezar a vivir una vida que valga la pena, pues tal confusión no nació un día de la noche a la mñana sino que tanto interés en acabar con las ideologías no es sino una estrategia orquestada por los capitalistas y sus asalariados politicos, medios de comunicación y demás charlatanes de feria dedicados en cuerpo y alma a vendernos ese elixir de la vida llamado progreso que está destrozando nuestras vidas, el planeta y todo lo que se mueve. Ya está, ya me calmo un poco.
Chasque aquí para comenzar
Uri Amat
9 de febr. 2005
La lógica Garzoniana y otras majaderías
Por segunda vez en un día, y como demostración de la teoría del corta-y-pega Lautréamontiano, nos agenciamos palabras ajenas, que hay veces que están mejor dichas que las nuestras.
Éste en concreto es un mini-análisis de los mencionados kameraden de La Patatatoak de la Libertad sobre la lógica que rige el cerebro de ese gran gallinita mojada que es Garzón.
El bully de colegio que se mete con niños pequeños porque sabe que con los verdaderamente malos -la oligarquía empresarial, el ejército español, su majestad, los viejos franquistas (ahora demócratas) del PP- no puede.
Cua-cua-cua-cua, le decimos desde La Escuela Moderna a ese gran capitán de la sardina que es Garzón.
La lógica Garzoniana es un instrumento metodológico fabuloso. Si A = B y B = C, entonces A = C. Y si proseguimos así, se prolonga esta cadena hasta que A = Z. Oscureciendo todo matiz intermedio, obtenemos que como una taberna abertzale recoge dinero para presos de ETA entonces la taberna entera es ETA. Y los que acudían a tomar txiquitos y zuritos, también son ETA. De hecho, las botellas de Rioja Alavesa que se venden allí también son ETA, y el dueño de las bodegas que las produce también es de ETA, y la madre del dueño ¿lo adivinan?... pues sí: también es de ETA. Y el monte Igueldo, donde han sido vistos varios abertzales, también es ETA. A los ojos de Garzón, hasta un perro pastor vasco -esa raza autóctona parecida a los gossos d’atura-, es completamente ETARRA pues “pertenece al entorno de ETA”. Pues sí, no se rían. La próxima semana se juzga a más de cuarenta chavales de Gestoras Pro Amnistía sin que se haya probado nada en su contra, con un sumario plagado de irregularidades (con toda la intención política, por supuesto); los trasladarán primero a Madrid, a ese juzgado de excepción permanente que es la Audiencia Nacional. Y después, para que no tengan que salir de prisión (algunos llevan allí tres años), los juzgarán en un periquete.
Éste en concreto es un mini-análisis de los mencionados kameraden de La Patatatoak de la Libertad sobre la lógica que rige el cerebro de ese gran gallinita mojada que es Garzón.
El bully de colegio que se mete con niños pequeños porque sabe que con los verdaderamente malos -la oligarquía empresarial, el ejército español, su majestad, los viejos franquistas (ahora demócratas) del PP- no puede.
Cua-cua-cua-cua, le decimos desde La Escuela Moderna a ese gran capitán de la sardina que es Garzón.
La lógica Garzoniana es un instrumento metodológico fabuloso. Si A = B y B = C, entonces A = C. Y si proseguimos así, se prolonga esta cadena hasta que A = Z. Oscureciendo todo matiz intermedio, obtenemos que como una taberna abertzale recoge dinero para presos de ETA entonces la taberna entera es ETA. Y los que acudían a tomar txiquitos y zuritos, también son ETA. De hecho, las botellas de Rioja Alavesa que se venden allí también son ETA, y el dueño de las bodegas que las produce también es de ETA, y la madre del dueño ¿lo adivinan?... pues sí: también es de ETA. Y el monte Igueldo, donde han sido vistos varios abertzales, también es ETA. A los ojos de Garzón, hasta un perro pastor vasco -esa raza autóctona parecida a los gossos d’atura-, es completamente ETARRA pues “pertenece al entorno de ETA”. Pues sí, no se rían. La próxima semana se juzga a más de cuarenta chavales de Gestoras Pro Amnistía sin que se haya probado nada en su contra, con un sumario plagado de irregularidades (con toda la intención política, por supuesto); los trasladarán primero a Madrid, a ese juzgado de excepción permanente que es la Audiencia Nacional. Y después, para que no tengan que salir de prisión (algunos llevan allí tres años), los juzgarán en un periquete.
Democracia representativa vs. Democracia delegativa
Este es un artículo de Ken Knabb sobre las distinciones de democracia representativa y democracia delegativa. Es muy importante entender el concepto, pues su enmascaramiento y posible confusión es una de las pocas razones por las que lo que ahora estamos viviendo utilice aún el empobrecido nombre de democracia como tal.
Ken Knabb es un viejo situacionista, y su Bureau of Public Secrets ( www.bopsecrets.org/index.shtml ) una de las mejores páginas con textos situacionistas, tanto por su claridad (que se agradece) como por su tono ilustrativo y en absoluto arrogante -ese tono que nuestro amado Debord utilizaba a granel.
Antes referencia diaria de reflexión, habíamos abandonado las visitas al BOP hasta que los amigos de La Patata de la Libertad ( http://lapatatadelalibertad.blogspot.com/) nos alertaron sobre un artículo contra el hippismo que continuaba el análisis que se hizo en este mismo blog con ocasión del artículo sobre Malvido.
[Democracia representativa versus democracia delegativa]
No repetiré todas las clásicas críticas socialistas y anarquistas del capitalismo y el estado. Son ampliamente conocidas, o al menos ampliamente accesibles. Pero para acabar con algunas de las confusiones de la retórica política tradicional puede ser útil resumir los tipos básicos de organización social. En atención a la claridad, comenzaré examinando separadamente aspectos “políticos” y “económicos”, aunque están obviamente interrelacionados. Es tan fútil tratar de igualar las condiciones económicas de la gente mediante una burocracia de estado como lo es intentar democratizar la sociedad mientras el poder del dinero permite a una minúscula minoría controlar las instituciones que determinan la conciencia de la realidad social de la gente. Puesto que el sistema funciona como un todo sólo puede ser cambiado fundamentalmente como un todo.
Comenzando con el aspecto político, podemos distinguir de forma aproximativa cinco grados de “gobierno”:
(1) Libertad sin restricción
(2) Democracia directa
a) consenso
b) dominio de la mayoría
(3) Democracia delegativa
(4) Democracia representativa
(5) Dictadura abierta de una minoría
La sociedad actual oscila entre (4) y (5), es decir entre el dominio abierto de la minoría y el dominio encubierto de la minoría camuflado por una fachada de democracia simbólica. Una sociedad liberada debe eliminar (4) y (5) y reducir progresivamente la necesidad de (2) y (3).
Discutiré más tarde los dos tipos de (2). Pero la distinción crucial está entre (3) y (4).
En la democracia representativa la gente abdica de su poder en beneficio de candidatos elegidos. Los principios proclamados por los candidatos se limitan a unas cuantas generalidades vagas, y una vez que han sido elegidos hay poco control sobre sus decisiones reales acerca de cientos de problemas — aparte de la débil amenaza de cambiar el voto, unos años más tarde, a cualquier rival político igualmente incontrolable. Los representantes dependen de los ricos mediante sobornos y aportaciones a la campaña; están subordinados a los propietarios de los medios de comunicación, que deciden qué temas consiguen publicidad; y son casi tan ignorantes y débiles como el público general en lo que respecta a muchos asuntos importantes que están determinados por burócratas y agencias secretas independientes. Los dictadores abiertos son a veces derrocados, pero los verdaderos dominadores en los regímenes “democráticos”, la pequeña minoría que posee o controla virtualmente todo, nunca ganan ni pierden el voto. La mayoría de la gente no sabe siquiera quiénes son.
En la democracia delegativa, los delegados son elegidos para propósitos determinados con muy específicas limitaciones. Pueden actuar estrictamente bajo mandato (encargados de votar de una cierta manera en un cierto asunto) o el mandato puede dejarse abierto (los delegados son libres de votar como mejor crean) reservándose la gente que los ha elegido el derecho a confirmar o rechazar cualquier decisión así tomada. Generalmente los delegados son elegidos para períodos muy cortos y están sujetos a revocación en todo momento.
En el contexto de las luchas radicales, las asambleas de delegados se han llamado normalmente “consejos.” La forma del consejo fue inventada por los trabajadores en huelga durante la revolución rusa de 1905 (soviet es la palabra rusa que significa consejo). Cuando los soviets reaparecieron en 1917, fueron sucesivamente apoyados, manipulados, dominados y cooptados por los bolcheviques, que pronto consiguieron transformarlos en parodias de sí mismos: sellos de caucho del “Estado Soviético” (el último soviet independiente que sobrevivió, el de los marineros de Kronstadt, fue aplastado en 1921). No obstante los consejos han continuado para reaparecer espontáneamente en los momentos más radicales de la historia subsiguiente, en Alemania, Italia, España, Hungría y otros lugares, porque representan la solución obvia a la necesidad de una forma práctica de autoorganización popular no jerárquica. Y continúan recibiendo la oposición de todas las organizaciones jerárquicas, porque amenazan el dominio de las élites especializadas señalando la posibilidad de una sociedad de la autogestión generalizada: no la autogestión de unos cuantos detalles del sistema presente, sino la autogestión extendida a todas las regiones del globo y a todos los aspectos de la vida.
Pero como señalamos arriba, la cuestión de las formas democráticas no puede ser separada de su contexto económico.
Ken Knabb es un viejo situacionista, y su Bureau of Public Secrets ( www.bopsecrets.org/index.shtml ) una de las mejores páginas con textos situacionistas, tanto por su claridad (que se agradece) como por su tono ilustrativo y en absoluto arrogante -ese tono que nuestro amado Debord utilizaba a granel.
Antes referencia diaria de reflexión, habíamos abandonado las visitas al BOP hasta que los amigos de La Patata de la Libertad ( http://lapatatadelalibertad.blogspot.com/) nos alertaron sobre un artículo contra el hippismo que continuaba el análisis que se hizo en este mismo blog con ocasión del artículo sobre Malvido.
[Democracia representativa versus democracia delegativa]
No repetiré todas las clásicas críticas socialistas y anarquistas del capitalismo y el estado. Son ampliamente conocidas, o al menos ampliamente accesibles. Pero para acabar con algunas de las confusiones de la retórica política tradicional puede ser útil resumir los tipos básicos de organización social. En atención a la claridad, comenzaré examinando separadamente aspectos “políticos” y “económicos”, aunque están obviamente interrelacionados. Es tan fútil tratar de igualar las condiciones económicas de la gente mediante una burocracia de estado como lo es intentar democratizar la sociedad mientras el poder del dinero permite a una minúscula minoría controlar las instituciones que determinan la conciencia de la realidad social de la gente. Puesto que el sistema funciona como un todo sólo puede ser cambiado fundamentalmente como un todo.
Comenzando con el aspecto político, podemos distinguir de forma aproximativa cinco grados de “gobierno”:
(1) Libertad sin restricción
(2) Democracia directa
a) consenso
b) dominio de la mayoría
(3) Democracia delegativa
(4) Democracia representativa
(5) Dictadura abierta de una minoría
La sociedad actual oscila entre (4) y (5), es decir entre el dominio abierto de la minoría y el dominio encubierto de la minoría camuflado por una fachada de democracia simbólica. Una sociedad liberada debe eliminar (4) y (5) y reducir progresivamente la necesidad de (2) y (3).
Discutiré más tarde los dos tipos de (2). Pero la distinción crucial está entre (3) y (4).
En la democracia representativa la gente abdica de su poder en beneficio de candidatos elegidos. Los principios proclamados por los candidatos se limitan a unas cuantas generalidades vagas, y una vez que han sido elegidos hay poco control sobre sus decisiones reales acerca de cientos de problemas — aparte de la débil amenaza de cambiar el voto, unos años más tarde, a cualquier rival político igualmente incontrolable. Los representantes dependen de los ricos mediante sobornos y aportaciones a la campaña; están subordinados a los propietarios de los medios de comunicación, que deciden qué temas consiguen publicidad; y son casi tan ignorantes y débiles como el público general en lo que respecta a muchos asuntos importantes que están determinados por burócratas y agencias secretas independientes. Los dictadores abiertos son a veces derrocados, pero los verdaderos dominadores en los regímenes “democráticos”, la pequeña minoría que posee o controla virtualmente todo, nunca ganan ni pierden el voto. La mayoría de la gente no sabe siquiera quiénes son.
En la democracia delegativa, los delegados son elegidos para propósitos determinados con muy específicas limitaciones. Pueden actuar estrictamente bajo mandato (encargados de votar de una cierta manera en un cierto asunto) o el mandato puede dejarse abierto (los delegados son libres de votar como mejor crean) reservándose la gente que los ha elegido el derecho a confirmar o rechazar cualquier decisión así tomada. Generalmente los delegados son elegidos para períodos muy cortos y están sujetos a revocación en todo momento.
En el contexto de las luchas radicales, las asambleas de delegados se han llamado normalmente “consejos.” La forma del consejo fue inventada por los trabajadores en huelga durante la revolución rusa de 1905 (soviet es la palabra rusa que significa consejo). Cuando los soviets reaparecieron en 1917, fueron sucesivamente apoyados, manipulados, dominados y cooptados por los bolcheviques, que pronto consiguieron transformarlos en parodias de sí mismos: sellos de caucho del “Estado Soviético” (el último soviet independiente que sobrevivió, el de los marineros de Kronstadt, fue aplastado en 1921). No obstante los consejos han continuado para reaparecer espontáneamente en los momentos más radicales de la historia subsiguiente, en Alemania, Italia, España, Hungría y otros lugares, porque representan la solución obvia a la necesidad de una forma práctica de autoorganización popular no jerárquica. Y continúan recibiendo la oposición de todas las organizaciones jerárquicas, porque amenazan el dominio de las élites especializadas señalando la posibilidad de una sociedad de la autogestión generalizada: no la autogestión de unos cuantos detalles del sistema presente, sino la autogestión extendida a todas las regiones del globo y a todos los aspectos de la vida.
Pero como señalamos arriba, la cuestión de las formas democráticas no puede ser separada de su contexto económico.
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