4 de juny 2009

¡Derribad las estatuas!

La calle es suya: Mossos y brutalidad policial en Barcelona

¡A que te meto, neng!

-Salga inmediatamente de mis tierras o me pongo a disparar.

O dicho de otra manera y a ocho mil kilómetros de Texas:
-Por favor, retírense, abandonen las Ramblas que vamos a cargar.
La interpretación de la advertencia difundida por los megáfonos de las lecheras policiales es una pieza clave para hacerse una idea de los hechos que acontecieron la sobrecogedora Noche del Triplete. La advertencia es clara: si no te vas, disparo. El mensaje: finca privada, defensa de la propiedad, respuesta armada.
Como es lógico, no podemos estar de acuerdo ni con la advertencia ni con la actuación posterior. Pero sí lo estamos con la justificación que subyace: realmente, el centro de Barcelona ya no nos pertenece. En el Centro de Barcelona, pocas bromas. Porque es ajeno: es del consistorio, de los turistas, de los arrendadores de pisos por días y hasta por horas. Toda esa parte de la ciudad, toda esa “finca”, es definitivamente suya. Se gestiona como un terreno cercado, y toda intrusión en sus lindes tiene “armed response”.
Los vecinos, tal y como nos advierte en la Calle Hospital un curioso stencil que representa a una mujer con un moño y un carrito de la compra, son ya una especie en peligro de extinción. Es en parte por ello, aunque reconozco que esta no es toda la razón, que sentimos mitad indiferencia mitad placer morboso cuando contemplamos las famosas escenas televisadas del milenarismo futbolero: paradas de autobús abatidas, semáforos en vibración, pira de esqueletos bicing, una letra A de Zara volando por los aires… Realmente, todo eso nos importa todo un rábano, y si acaso tuviese que despertarnos un sentimiento algo más trascendente, sólo sería risa. El motivo está claro: una marabunta celebrante, a altas horas de la noche y en Las Ramblas ¡sólo puede molestar a los restauradores y a los turistas! Los que nos han robado la ciudad.
Y sí, tal vez sería más coherente que las cargas policiales las hiciesen los de prosegur y las pagase Burguer King, el Corte Inglés y la Sastrería Modelo, por aquello de mantener la separación de lo público y lo privado, pero el caso es que aquí no hay en realidad ninguna contradicción: quienes cargan son los Mossos, que trabajan para la Marca-que-agrupa-todas-las-marcas: la letra B!
Esta ofensiva contra la fealdad se ha completado en los días siguientes con una furibunda actuación de represión de la economía paralela, que también ofende estética y económicamente al sector turístico y a la puta letra B!. En concreto, se ha realizado una gran operación con el siguiente saldo: 824 denuncias entre el litoral, la Plaza de Catalunya, la Rambla del Raval, el Paseo de Gràcia, la Calle Aragó, el Port Vell y el Olímpic. De los más de 10.000 objetos confiscados, 3.995 son latas y bebidas, 6.250 eran artículos de vestir y complementos y 52 bocadillos.
Pues sí, las cifras hay que enmarcarlas en su contexto: el saldo de las operaciones de higiene urbana son tres globos oculares y también 52 bocadillos. Es un planteamiento sencillo: si el mundo ahí afuera es feo, lo cuadraremos a porrazos. Nada de borrachos patrios con los bolsillos vacíos y nada de bocadillos baratos. ¡A comer al restaurante, cacho pobre! Para poner a trabajar a La Ciudad, primero tiene que estar dispuesta, limpia de gente fea, sin marabunta ebria celebrante, sin negros casi azules vendiendo imitaciones de vuitton, sin estudiantes enclaustrados contra la mercantilización de la enseñanza, sin skaters tocapelotas, sin masajistas chinas…
Y sí, también sin vecinos.

El bombardero que ha despegado…

Todo esto se complica con un problema algo más filosófico: el de la confusión entre problema y función. Razonemos según la lógica burocrática: cuando surge un problema, y supongamos para lo que nos ocupa que la inseguridad lo es, se crea una función para resolverlo, en este caso el cuerpo policial. ¿Pero qué sucede cuando el problema (la inseguridad) desciende año tras año y la función que le corresponde crece? ¿Liquidado el problema, qué hacemos con la función que hemos creado? Esto lleva sucediendo cerca de una década. El índice de criminalidad (de los mejor medidos por el estado puesto que parte de las denuncias presentadas) ha bajado año tras año mientras que la dotación policial no ha dejado de aumentar. Ello ha provocado que los cuerpos policiales se hayan visto en el brete de tener que inventarse el trabajo. De este nodo se ha invertido la lógica burocrática, y ya no es el problema el que motiva una función sino esta la que genera el problema para poder seguir siendo. O eso o el Paro: el fantasma de la inactividad. De esta paradoja surge la diversificación y especialización reciente de la actividad policial y judicial, y a la tradicional inutilidad de la función antinarcóticos, se añade la inclusión de los asuntos de tráfico automovilístico en el código penal, la separación de la violencia sexista en brigadas y juzgados específicos, la criminalización de las actividades cibernéticas, el control político de la esfera abertzale, el aumento de la dotación para la vigilancia de fronteras, la creación de divisiones para el control del Terrorismo Internacional y toda una serie de actividades, a cual más inútil e improductiva, destinadas a poco más que crear Puestos de Trabajo de Policía. Como último de todos estos ejemplos, y ya hemos regresado al tema central, tenemos el incesante refuerzo de las brigadas de pastoreo de masas o antidisturbios. Tantas tanquetas, tantos uniformados, tantas escopetas, tantas lecheras, tantas balas de goma: para algo deben utilizarse. Y si la realidad no da pie a ello, si ya no hay revoluciones sociales, huelgas salvajes ni peleas multitudinarias entre tribus urbanas, tendremos que inventarnos los enemigos. Altermundistas, supporters, okupas… Cualquier colectivo, estigmatizado o no, sirve para justificar la función. Cualquier cosa menos dormitar en comisaría. Rafael Sánchez-Ferlosio lo dice de forma más metafórica y mucho más clara al anunciar que “cuando el bombardero ha despegado, alguna bomba ha de tirar”.
Está claro: si no, no sería un bombardero…

Nuestra repulsa

Pero ya hemos hablado demasiado: no vamos a quedarnos satisfechos con una observación cabal del conflicto. En otras palabras, ni estamos aquí para hacernos los intelectuales ni somos unos cabrones equidistantes. Si una stormtruppe recorre amenazante nuestras calles apaleando a los universitarios, reventando globos oculares en las celebraciones futbolísticas o se infiltra en los movimientos sociales para reventarlos desde abajo, no vamos a limitarnos a emitir un maldito rebufo sociológico. Cuando se provoca tanto sufrimiento y se rompen tantas ilusiones a porrazos, cuando se señalan tantas vistas judiciales y se llenan tantas camas de hospital, hay que hablar claro y no ponerse cínico-plomizo. En La Escuela Moderna queremos declarar solemnemente nuestro hartazgo y subrayar la extrema gravedad del problema. Un problema que tiene un recorrido bastante preciso y unos responsables aún más concretos. La brutalidad de los Mossos d’Esquadra no ha dejado de crecer en los últimos tres años y se ha vuelto ya incontenible. En sus primeros años, “sólo” fueron algunas palizas a borrachos e inmigrantes (ya saben: del género disciplinable) pero su saña pronto alcanzó también a manifestaciones pacifistas (¿recuerdan los kubotanes?), a las protestas estudiantiles (donde se hizo tabula rasa y se fue también a por niños, turistas y periodistas) y, finalmente, al grueso de la población que salió en masa a celebrar el bendito triplete. No basta con las recientes condenas por brutalidad policial, ni con la difusión de imágenes de palizas en comisaría. Porque la cosa va mucho más allá: a las recientes agresiones post-champions league, se han añadido visitas intimidatorias a los agredidos en los hospitales y declaraciones bravuconas de los responsables de los sindicatos policiales. Perlas como esta: "Quien se queda en el lugar cuando los Mossos ya han avisado y ve que sigue el lanzamiento de objetos contra los agentes y que se han disparado las salvas ya sabe lo que pasará, y si se queda, es su responsabilidad. Si se lesionan, no pueden pedir responsabilidades a nadie más que a ellos mismos". Aunque no tengamos más autoridad más que la que nos da vivir por aquí, en los márgenes de la letra B!, exigimos la dimisión de todo el mundo. Todos aquellos con alguna responsabilidad en los sucesos recientes: Alcalde Hereu, Conseller Saura, mandos de la policía autonómica y policías antidisturbios implicados. También exigimos que se vincule la dotación policial a la verdadera conflictividad social: que, en la medida en que se reducen los crímenes violentos y la conflictividad grave, se desmantele al mismo ritmo la función policial. Por último, solicitamos el fin inmediato las políticas securitarias que acompañan al modelo de ciudad que padecemos. Ya no aguantamos más.
Carlos Alonso y La Escuela Moderna

¡Muere, CD, muere!

Ante todo se impone decir que vinyl rules y que, cuando suenen las trompetas del Juicio Final, todos los que no posean discos de vinilo tendrán su herencia en el lago que arde con fuego y azufre, que es como la muerte segunda. Eso zanjaría sobradamente la cuestión de los formatos de audio que ha re-emergido a raíz del anuncio del aumento de ventas de vinilo (un 400%, se comenta), pero conviene matizar unos cuantos puntos, por amor al intercambio de pareceres y porque siempre es placentero aplastar a los enemigos de uno.

Lo primero que hay que apuntar es que teníamos razón, y tener razón está bien. El mundo, el público, el consumidor, han dejado bien claro que los formatos en alza son el vinilo y los MP3 downloadeables. El primero por todas las razones que no nos hemos cansado nunca de subrayar sus defensores: suena mejor (y más orgánico: el sonido conserva todas las frecuencias originales), el objeto como tal es sólido y perdurable -y se raya menos-, se mantiene la lógica conceptual del arco narrativo de caras A y B, y, finalmente, por tamaño de portada y forma, es mucho más atractivo estéticamente. El vinilo es mejor, un objeto emocional insustituible, y saber que está en alza (algo de lo que, por otra parte, jamás dudamos; sólo los periódicos y los memos se creyeron lo de su desaparición) nos llena de gozo.
En cuanto a las descargas de MP3, en fin... Como puristas nos importan un bledo, pero hay que admitir que -pese a los defectos que enumeraremos más abajo- su portabilidad y frecuente gratuidad les dan un barniz de guerrilla sónica que tiene su no-sé-qué. En todo caso, sólo los muy bobos (o crédulos) siguen defendiendo el CD como formato del futuro, y en eso estamos de acuerdo tanto los descargadores de MP3 como los estegosaurios del vinilo. Y, sin embargo, aún se oyen voces que lo defienden, y a esas voces les vamos a dar pa’l pelo desde esta página.

Hay varios argumentos en defensa del mísero CD, pero generalmente el debate suele resumirse en que es muy almacenable, que no suena tan mal y que “lo importante es la música”, no el formato, y que bravo por la música que nos hace mágicos. Sería fácil comulgar con esta última idea si no fuese por el estremecedor aroma Juan Pardo / José Luis Perales que desprende, además de que la historia nos ha enseñado a sospechar de cualquiera que se llene la boca hablando de lo “importante” de la música (ver SGAE, Ayuntamiento de Barcelona, cualquier cadena de televisión, todos los partidos políticos). Todos estos “amantes de la música” son precisamente aquellos a los que les importa un pimiento, aquellos que nunca han estado obsesionados con ella y a quienes nunca les ha salvado la vida, literalmente, como es nuestro caso.

Y es que la música no es sólo música, como quieren hacer entender nuestros adversarios. Un álbum de vinilo envía información emocional por 4 frentes: música, letras, cubierta y contexto. Un CD reduce de manera palpable un par de ellos, mientras que un MP3 los encoge a dos; nadie, absolutamente nadie, tendrá recuerdos importantes asociados a un MP3. No se registra el año en que se adquirió, el lugar, el periplo, las veces que se prestó, las novias que lo escucharon: todo este material vivencial simplemente desaparece. La música que contiene se convierte, así, en desechable; muzak para la vida cotidiana. Ninguna de estas cosas sucede con un disco de vinilo, esa poderosa presencia física, esa ancla sónica de la memoria. Es imposible imaginar su equivalente en MP3 (“oh, sí, 15 de abril del 2009: lo recuerdo perfectamente, me bajé el disco de los Franfurtiuns en mi laptop, fue chupis, jamás olvidaré aquellos 30.5 segundos de descarga en el Rapidshare”).

Pero volvamos al CD, ese insignificante Gollum sónico. Otro de los grandes argumentos a su favor es que “se almacena fácil”. Y no es que no sea verdad; es sólo que ese es un atributo que utilizaría una maruja para hablar del fenomenal armario empotrao que se ha hecho instalar para guardar los mochos. Creíamos que aquí se hablaba de materia vital, de asuntos a vida o muerte, no de funcionalidades domésticas. Esto no son lámparas: son discos. Lo más importante que conocemos. Si midieran 50x50m y estuviesen hechos de granito los atesoraríamos de igual manera.
Y eso admitiendo que, como sugieren los filisteos, el vinilo no es portátil y el CD sí. Es cierto, pero aún iríamos más allá: la portabilidad es, de hecho, la única ventaja del CD. Un CD es, a todos los efectos, una cinta de cassette que se puede rebobinar fácilmente, y como tal debería ser tratado. Es decir, como una cosa que es práctica, sí, pero también fea, malsonante y frágil. Y que quizás sirva para enchufar en el coche en viajes largos, pero jamás como formato rey en cuanto a almacenaje de canciones grandiosas. Y, en cualquier caso, la existencia del MP3 -que és 100% portátil- lo hace irrelevante. O sea, que: przzzzz.

Tras leer los alegatos en defensa de los formatos no-vinilescos, en resumen, le sobreviene a uno la ineludible sensación de que sus autores no poseen discos, no compran discos y, desde luego, no han edificado una remarcable parte de su vida en base a ellos. Sus opiniones sobre los discos de vinilo, por tanto, han de ser tomadas con una pizca de sal, pues provienen de gente que no está familiarizada en absoluto con el formato físico para el que se concibió TODA la música del siglo XX. Lo importante es que, al final, se ha hecho justicia: el CD nació de manera artificial, una necesidad no necesaria, una comodidad injustificable si no era desde el mero lucro empresarial (convenientemente camuflado como “avance tecnológico”). Y ahora lo vemos perecer bajo la espada de la razón, emitiendo espantosos grlgrlrgrlgrl digitales, implorando una prórroga, pidiendo disculpas. ¿No es un gran momento?
Kiko Amat

(Un segundo y final análisis de los formatos de audio y los CDs, publicado originalmente en la revista Bostezo#2)

22 de maig 2009

GOD: la cruzada de los niños

To be a party-head, is something i could never do,
I don’t like no one, except for you,
you’re my only friend, you don’t even like me.

Come over to my house, i got a plan for you,
your not gonna come, but i want you to,
you’re my only friend, you don’t even like me.

Pa' mear y no echar gota…

18 de maig 2009

NUEVO NÚMERO DE LEM YA EN LAS CALLES

Aún tenemos resaca y nos pitan los oídos después del tremendo concierto de presentación del número 5 de LA ESCUELA MODERNA, el fanzine sin el cual este maldito blog no tendría ningún sentido, y ya lo teneis aquí colgado en PDF para vuestro uso y disfrute.

Podeis descargarlo desde el siguiente enlace (Pínchale, Petey) o, a partir de hoy y hasta del día del apocalipsis, desde la sección de descargas en la columna de la derecha.

Muchas gracias a la gente que asistió al evento y, sobretodo, a los grupos que lo hicieron posible (Els Trons, The Meows y Biscuit) con sus demoledores conciertos.
¡Viva La Escuela Moderna, carajo!

(Estamos preparando una sesión de pinchadiscos de Hungry Beat para quitarnos la espinita de no haber podido pinchar el sábado. Seguiremos informando)

15 de maig 2009

Izquierda Anticapitalista sale en defensa de Iniciativa Internacionalista

Un nuevo ataque a la libertad y al pluralismo político

Comunicado de Izquierda Anticapitalista

La decisión de la Fiscalía del Estado y del Gobierno de solicitar la ilegalización de la candidatura “Iniciativa Internacionalista-La Solidaridad entre los Pueblos” a las elecciones al Parlamento Europeo del próximo 7 de junio constituye un nuevo paso adelante en la criminalización de un sector de la ciudadanía del Estado español que puede reconocerse representado en esa lista y en su apoyo, entre otros objetivos, a la legítima apuesta política por el independentismo y la solución negociada de conflictos como el vasco. En el caso de llevarse finalmente a efecto esa ilegalización, amparándose para ello en una injusta Ley de Partidos y en un poder judicial que tienden a extender cada vez más la definición de “entorno terrorista” –como hemos visto con el juicio sobre el sumario 18/98- hasta incluir ahora a personas y organizaciones por estar smplemente “relacionadas con la izquierda abertzale”, nos encontraremos de nuevo con la vulneración de derechos básicos como los de asociación, participación y representación política y otro retroceso muy grave del Estado de derecho.

Desde Izquierda Anticapitalista queremos manifestar también nuestra indignación y rechazo frente a la presión ejercida por el gobierno y determinados partidos políticos sobre muchos de los cargos electos que avalaron la presentación de esa lista para que la retiraran, así como ante la campaña de intoxicación emprendida desde diferentes medios de comunicación contra personas miembros de esta candidatura, y en particular contra la figura de Alfonso Sastre.

Izquierda Anticapitalista, que promueve una lista en estas elecciones europeas en la que participan también activistas sociales e independientes, rechaza esta petición de la Fiscalía y la Abogacía del Estado y se compromete a defender durante esta campaña la derogación inmediata de la Ley de Partidos y la restitución plena de las libertades de asociación, participación y representación política.


www.anticapitalistas.org

14 de Mayo de 2009