6 d’abr. 2009

Ahora! No mañana (presentació i festa)

El dimecres 15 d'abril a les 19:00 a la FNAC de L'Illa es presenta el llibre ¡Ahora! No mañana; los mods en la nueva ola española 1979-1985 de Pablo Martínez Vaquero.
A la taula rodona hi serà l'autor acompanyat de Andrés Salvarezza (fotògraf), Albert Gil (músic de Brighton 64 i Chest), Miguel Trillo (fotògraf), Xavier de Castro (editorial Milenio) i Kiko Amat (escriptor).

A les 22h de la nit al Bar Las Guindas (Sant Pau 126) Julià Ramos, Alberto Valle (The Boiler) i Albert Gil (B64) punxaran sets exclusius de mod revival, spanish 80's mod i mod punk per cel·lebrar el llibre.

Aquesta parranda és un esforç conjunt de Las Guindas, La Escuela Moderna, The Boiler i Bip Bip Records.
Us hi esperem.
Parka obligatòria i bonus per cada xapot extra. Glory Boys welcome.

Estetas entre deshechos


Los Negativos El pionero grupo barcelonés que hacía pop a lo 1966 en 1986 vuelve con disco semi-recopilatorio y conciertos.

1. Hoy no me podía levantar, y no era porque el fin de semana me hubiese sentado fatal. Era porque ayer estuve acordándome de la FM de 1986, cuando la radio parecía un concurso interminable de A Ver Quién Hace la Canción más Espantosa: “Venezia” (Hombres G), “Cruz de navajas” (Mecano), “La puerta de Alcalá” (Ana Belén y Víctor Manuel)... Estos monstruosos atentados 80’s contra el decoro y la razón me impiden dormir, y mi alma no encontrará reposo hasta que sus autores pidan disculpas, cumplan condena, rediman sus atrocidades. Eso no significa que la radiofórmula de hoy sea mejor, ni mucho menos, pero es imperativo ir cauterizando las purulentas nafras que residen en nuestra psique musical colectiva, y por algún lado hay que empezar.

2. Me estoy enrollando, perdonen. Les he dado este contexto para que entiendan lo que significaron grupos como Los Negativos en 1986. Lo increíblemente extrañas que resultaban en el pop algunas actitudes que hoy se dan por sentadas, y el valor que se requería entonces para manifestar posiciones estéticas que en el 2009 son moneda (más o menos) común. Lo que quiero decir es que, en plena época de ultramodernidad 80’s de pega -todo el look estaba fusilado del constructivismo y el expresionismo- mirar a los 60’s en busca de inspiración (como hicieron ellos) era anatema, una cosa de bichos raros, era buscarse la ostracización mediática más absoluta. Y, ¿saben qué? A ellos les daba igual.
Los Negativos eran cuatro barceloneses amigos de infancia (Carles, Valentí, Alfredo y Robert), unidos como grupo en 1984 por una pasión común: los sixties. Los de los primeros Stones, los Beatles del Rubber Soul, los Byrds, la nouvelle vague, jerséis de cisne negros y botines cubanos, Peter Sellers y Michael Caine. Estetas “aburridos de un mundo sin Brian Jones” (como afirmaron en una canción) a los que sólo interesaba leer a Byron y Baudelaire, tocar el sitar, hornear galletas de jengibre y hacerse peinados de Príncipe de Beukelaer. Dandis entre basura, en resumen, exploradores con caleidoscopio que marcarían el camino a seguir, aguerridos habitantes de un mundo privado, realmente pequeño, invisible a los ojos de la post-movida, el diseño catalán y Arsenal. Eso les salvó y condenó a la vez.

Sin nadie mirando y con el gran público concentrado en cantar “You’re in the Army now”, los Negativos pudieron concentrarse en lo suyo. La casa discográfica Victoria -creyendo quizás que aquello era lo que se llevaba, que era música “joven”- les dió completa libertad artística, y el grupo se encerró durante semanas en los estudios Aprilia armado de clavicordios, pianos, guitarras Rickenbaker y vibráfonos. No sé si ha quedado del todo claro, así que voy a repetirlo una vez más: en 1986, estas cosas no se hacían. Ir con esas pintas y extraños cortes de pelo por la calle era, a los ojos de la gente, un síntoma inequívoco de demencia o homosexualidad rampante. Tocar instrumentos de otras décadas en un mundo mainstream que -inocente- creía haber entrado de lleno en la era de las computadoras era... Algo, en fin, que hacían sólo los locos del manicomio, una aberración anacrónica propia de luditas enfebrecidos. Piknik Caleidoscópico, su álbum de debut de 1986, sería el primer resultado de aquella fiebre.

3. ¿Cuánta gente compró Piknik Caleidoscópico? Nadie y todo el mundo. Nadie porque, obviamente, no desencadenó un alzamiento pop ni desbancó a Olé Olé o Jennifer Rush de las listas. Pero, aún así, los medios le prestaron atención y llegó a vender cerca de 15.000 ejemplares, una cifra que ni en sueños alcanzarían hoy sus equivalentes en el underground más underground. Además, hacia 1987, todos mis amigos lo tenían; estaba en todas las colecciones de todas las habitaciones a las que entré. Tenerlo era una afirmación de ideales bonitos en el marco de una cultura institucional más deshonesta, vacía y reaccionaria que nunca. Por aquel entonces, a mediados de los ochenta, o eras de los Negativos (o Brighton 64, o Brioles, o Último Resorte...) o eras de Mecano, PSOE y Bosé. Tenías que escoger un lado de la valla, y mejor que te lo pensaras bien; era una decisión crucial. Como dice Billy Childish: si alguna vez dudas sobre lo que te gusta de veras, piensa en lo que te gustaba a los 16; eso es lo que te gusta, en el fondo de tu corazón. Y, bueno, a mí a los 16 me gustaban Los Negativos. Los amaba con una intensidad, con una devoción que hoy me parece imposible ser capaz de aplicar a otro grupo. Piknik Caleidoscópico, Los Negativos: Eso es lo que me gustaba entonces y, por consiguiente, lo que me gusta ahora.
Gracias a Dios que escogí bien.

4. Todo esto que acabo de contarles no es fruto de un repentino ataque de nostalgia senil; además, la nostalgia ya no es lo que era. No, les he contado todo esto porque el grupo regresa a los escenarios para presentar Dandies entre basura, un artefacto imprescindible para terminar el fascinante puzzle que eran los Negativos. Para los fans, reseguir la lista de canciones incluidas en el disco es pulsar un resorte automático de taquicardia: pues aquí están canciones míticas del grupo que nunca llegaron a incluirse en sus dos LPs oficiales. Canciones sólo escuchadas en cochambrosas maquetas en directo o mencionadas sin aliento por fans más veteranos: “Calles vacías”, “Fotos del ayer” (prestada a Brighton 64) o “Sacerdotisa de la carne eléctrica”. Los Negativos han agarrado estos temas y los han unido a otros nuevos (el tracklist abarca de 1984 a 2008). Y los han rehecho, negándose a editar algo por mera arqueología. Pero no teman: no hay una versión house de “Parque portugués”. Para ellos, retocar significa meter otro clavicordín por aquí; soltar un par de trompetas Love por allá; remodelar aquella otra en clave folk. Y el resultado de todo ello es un disco de apabullante pop, anclado firmemente en unos referentes cronológicos concretos (1965-1968) pero extrañamente atemporal y perenne, como las cosas grandiosas siempre son. “Cuanto sé lo aprendí entre surcos de vinilo y vermouth”, cantan en “Dandies entre basura”; y uno podría responderles, sin miedo a exagerar: Y cuanto sé yo lo aprendí entre surcos de vinilo de Los Negativos. Me inclino ante ustedes, señores.

Los Negativos
Dandies entre basura
(Bittersweet Recordings)

Viernes 20 de marzo, A Estrada (Pontevedra, Teatro Principal)
Viernes 27 de marzo, Valencia (Wah-Wah)
Sábado 28 de marzo, Pedreguer (Rockódromo)
Viernes 17 de abril, Zaragoza (Oasis)

(Artículo publicado originalmente en el suplemento Cultura/S de La Vanguardia del 1 de abril de 2009)

Extraperlo: Lirismo y nocturnidad (y un punto ¡weah!)


La aspiración es lo que define al artista. Aspirar a lo más alto, subir peldaño tras peldaño de la escalera del fanatismo, pretendiendo tocar a las estrellas de tu universo. ¿Quién quieres ser? Quién querrías ser? Puedes escoger. Las metas que anhelamos nos definen. Y si luego hay caída, si luego hay morrón... Bien, por lo menos será un morrón glorioso. Un jumazo épico

Estoy diciendo todas estas cosas excitado en una bodega del Raval barcelonés. Me rodean tres miembros de Extraperlo, que me miran como si hubiese sacado un mechero y, levantando ambas piernas, me hubiese puesto a expeler piroflatulencias. Y eso que ellos son la razón de mi excitación: Borja Rosal (voz/guit.), Cacho Salvador (guit.) y Alba Blasi (teclados), y el que falta es Aleix Clavera (bajo y cajas de ritmos). Hablando, discutiendo y bebiendo, hemos vadeado casi dos décadas de diferencia generacional. Porque la media de edad de Extraperlo es de 22 años (Alba Blasi era alumna de ESO de una amiga mía, si pueden creerlo) y, por extraño que parezca, me siento acompañado de gente afín. Debería sentirme Gandalf, debería ser Matusalén, hablándoles de cuando engendré a Lamec con 187 años y, sin embargo... Se siente en el aire una extraña comunión.

Pero se me va. Ni pregunté. ¿Han oído ustedes hablar de Extraperlo? Son grandes, se lo aseguro. Hay algo extrañamente contagioso en la música pop de este grupo, y en su convicción, esa rara honestidad mezclada con seguridad en lo que hacen. Acaban de contarme su historia: amigos desde los 3 años, tocando versiones de los Beatles a los 13, entrada del indie a los 18 (Planetas y Yo La Tengo)... So far, so indie. Pero cosas extrañas pasan, como cuenta Borja Rosal: “Desde el principio queríamos hacer algo personal, experimentar. Queríamos hacer pop extraño mezclando cosas, pero no funcionaba. Cada vez que veíamos algo que nos gustaba (Veracruz, o Les Aus) intentábamos emularlo, sin éxito”.

Borja es sincero; yo mismo les vi en el Big Bang, y debo admitir que la cosa no chutaba. Así que es inevitable preguntarse cuándo se abrieron los cielos. “Por un lado está el cambio de la batería por caja de ritmos”, contestan, ya todos a la vez. “Luego los cuatro empezamos a escuchar los mismos discos al mismo tiempo: Orange Juice, Aztec Camera, Prefab Sprout, Pale Fountains... ¡Todos aquellos arreglos! Queríamos hacer música así. Canciones en las que pasaran cosas. Así que, tras años de ensayar tres días por semana sin que sucediera nada, nos paramos a pensar”. Después de 8 años de grupo, el grupo se convierte de repente en un cuarteto de amigos que se reunen para escuchar discos. Y aquellos discos traen estos lodos. Borja empieza a componer más, espoleado por James Kirk y los hermanos McAllon. Sale el sol. “Queríamos hacer algo divertido, que no fuese pesado ni afectado, ni derrotista de la manera que eran a veces grupos como La Habitación Roja o Los Planetas”, comenta. “Que la gente se divirtiese y bailara. Y, a la vez, no parecernos a nadie de la ciudad”.

Les digo que no deben temer parecerse a nadie. Y les digo que “Noche en la montaña” me recuerda extrañamente a grupos de nueva ola española de los ochenta, como los primeros Gabinete Caligari o Golpes Bajos. Y Borja exclama que esa es: “¡La mejor canción que he hecho! Tiene un aire Pale Fountains, con su lirismo y nocturnidad”. Y aquí es cuando ustedes nos encontraron. Yo diciéndoles que “lirismo y nocturnidad” es una definición grandiosa, y que está bien cuando los grupos aspiran a la grandiosidad en lugar de conformarse con el lugar común. Y les digo (grito, más bien) que, puestos a escoger, mejor intentar ser Curtis Mayfield y pegártela en el intento que querer emular a Oasis y acertar. Todos ríen. “Nosotros aspiramos a lo más alto”, comentan. “Queremos ser Prefab Sprout, Marvin Gaye, Arthur Russell, pero no alcanzamos. Pero esas producciones son el sitio a dónde queremos llegar. Y, aunque fracasemos, estamos aprendiendo”.

Extraperlo son fanáticos de los discos, y pueden hablar de ellos durante horas. Pero su acercamiento tiene el espíritu diseccionador del productor de hip hop, alguien despojado de prejuicios estilísticos sobre las canciones y cuyo interés principal es desnudarlas. Y ese entusiasmo no emborronado por la cautela es una de las grandezas del grupo. Y lo que provoca un momento humorístico, cuando tratan de convencerme de que “Por el amor de una mujer” de Julio Iglesias es una gran canción (“Tiene lo que llamamos el “punto weah”, afirma con convencimiento Alba). Hablan también de Martirio (“el disco producido por Teo Cardalda, de Golpes Bajos”) y juran por Lizzy Mercier Descloux y Claustrofobia. “Somos muy fans”, afirman, innecesariamente.

¿Quieren que les diga una última cosa? Extraperlo son la next big thing, el grupo que todo el mundo va a bailar. Porque, como suele pasar con los grandes grupos que se hacen famosos, el zeitgeist está a su favor. Fans de lo africano desde hace años (“Pablo Guincho nos recomendó un blog y pasé una noche entera descargándome cassettes de música africana”, afirma Borja), ahora todo es afro-pop, gracias a parientes lejanos de Extraperlo como Vampire Weekend (una comparación que encuentran “honrosa”). Pero encajar en las corrientes de la superficie aún les sorprende: “Tienes que pensar que cuando emulábamos a Los Planetas íbamos voluntariamente 10 años tarde. Hacíamos indie nacional cuando todo el mundo escuchaba a Franz Ferdinand”. ¡Ja!

Kiko Amat

El disco de debut de Extraperlo se llama Desayuno Continental (Mushroom Pillow, 2009)


(Entrevista publicada anteriormente en la revista Rockdelux#271, marzo del 2009)

3 d’abr. 2009

Rompepistas torna a Sant Boi

Canvi de data important: La xerrada sobre Rompepistas que tindrà lloc a Cal Ninyo (c/. Major, 43) de Sant Boi es passa del previst dimecres 8 d'abril al dilluns 20 d'abril. Serà a la mateixa hora, les 20:30.

1 d’abr. 2009

Rompepistas en Maialavida FM

Otra entrevista sobre Rompepistas, esta vez para los simpáticos chicos y chicas de Maialavida FM.

http://www.maialavida.com/2009/03/entrevista-kiko-amat.html

Withnail y nosotros

Withnail & I Celebramos (con retraso) el XXº aniversario de la película inglesa de culto dirigida y escrita por Bruce Robinson.

1. Un autor trata a la vida como un matarife a un gorrino; la intención es aprovecharlo todo. Ya conocen la ecuación: Humor = Tragedia + Tiempo. Del mismo modo, la juventud del cineasta Bruce Robinson (que él define como “el periodo más deprimente de mi vida”), una lacrimógena epopeya de histriones en paro, borracheras 7-11 y fregaderos atascados de “materia”, tenía el potencial para convertirse con los años en una sublime película de risa y horror. Voy a hablarles de ella en un instante, pero vamos a tener que trabajar rápido. ¡Un par de whiskis cuadruples y otro par de pintas, por favor!

2. Withnail & I se estrenó en 1987, un año nefasto en que la Thatcher ganó su tercer mandato y Guns’n’Roses sacaron primer LP. El karma cósmico se niveló con el inicio de la Intifada, la aparición del Tallulah de The Go-Betweens y la pérdida de mi virginidad, así como el estreno del filme más grande de la década.
Withnail & I cuenta la historia de dos actores desempleados, Withnail (Richard E. Grant) y el “I” anónimo del título (Paul McGann) quienes, para escapar de su mísera existencia en Camden Town (y el acoso de su camello Danny, inventor del maxi-porro “la zanahoria de Camberwell”), deciden pasar unos días en la villa de Monty, el tío marica de Withnail. Ustedes dirán que este argumento parece menos prometedor que El erótico enmascarado, y estarán equivocados. Para empezar, el filme cruza la frontera del culto por su afectuosa mirada al acto de engullir alcohol con entusiasmo, y algunas de las frases más memorables de Withnail están dedicadas a este noble hobby; como es el caso de “Se nos ha acabado el vino; ¿Qué vamos a hacer al respecto?”, “Necesito algo de priba. Exijo algo de priba” y , cómo no, la inolvidable “We want the finest wines available to humanity. And we want them here, and we want them now!” (ni traduzco). Otros Withnailismos que pueden aprender para utilizar en multitud de situaciones cotidianas, y que les harán tornarse odiosos a los ojos de sus amigos, son (apunten):

- “Hemos venido de vacaciones por error; ¿es usted el granjero?”
- “No me amenaces con un pez muerto”.
- “Tengo el corazón débil; si me pegas, será asesinato”
- “Ahí fuera no hay nada, aparte de un huracán”.

Como prueban estos ejemplos, Withnail es una de las creaciones más maravillosas del celuloide. A la hora de describirlo para Richard E. Grant, Robinson lo pintó “mendaz, cobarde, pavo, afectado y completamente encantador”; Grant se tomaría sus palabras al pie de la letra, haciéndole mítico. Y por cierto: Grant es abstemio de toda la vida. Su interpretación del curdas de Withnail, por tanto, es lo que fuera de este país se llama ser un buen actor.
Los antecedentes de este adorable y ficticio imbécil son claros: Robinson se inspiró en un antiguo compañero de piso llamado Vivian Mackerell, un pijo vanidoso, pomposo y malogrado que, a pesar de sus ínfulas de artista genial, no hacía otra cosa que “beber y despotricar”. En cuanto a su nombre, Robinson afirma que es un mal deletreado del apellido Withnell. Jonathan Withnell era una especie de héroe local en el barrio del director, un tío célebre por haber estrellado su Aston Martin contra un coche de policía al tratar de abandonar su pub, tan borracho que había olvidado el funcionamiento de sus piernas. En fin: con este par de ingredientes se entiende mejor por qué Withnail resultó ser esa especie de nihilista neurasténico con hígado de titanio que vimos en el filme y no el estudiante matable que hubiesémos sufrido si llega a filmarse todo este despropósito en Hollywood.
Hay que admitir, con todo, que Withnail funciona particularmente bien por la contraposición con un personaje serio, en este caso “I”; el actor sensible pillado en horas bajas que al final logrará evadir su mala suerte, dejando al autodestructivo flatmate atrapado en su personal tornado de autoengaño y misantropía. Dicho así parece de suicidio, pero les prometo que en Withnail & I se torna cómico. O agri-cómico, al menos.

3. Podríamos pasar todo el día hablando de escenas memorables -el gran Tío Monty buscando borrar el cerito sessual de “I” (“¡Debo tomarte, aunque sea a la fuerza!”), la teoría de Danny sobre los barberos que son empleados gubernamentales (y las melenas, antenas que recogen señales del cosmos) o el resacazo sobre ruedas de Withnail (“Me siento como si un cerdo se me hubiese cagado en la cabeza”)- pero mejor verla. Sólo un aviso: si deciden hacerlo a la vez que ponen en práctica ese clásico de la melopea estudiantil inglesa, el “Withnail & I Drinking game” (los concursantes deben beber al ritmo de Withnail), vayan con cuidado. El bueno de W se mete entre pecho e hígado: 9 vasos de tintorro, media pinta de sidra, 2’5 chupitos de ginebra, 6 de sherry, 1 de gas de mechero, 13 vasos de whisky y media pinta de lager. O sea, morirían en el acto. Yo mismo traté de hacerlo una vez y, tras haber echado gaznate abajo una cuarta parte de lo que Withnail se mete en la película, estaba semidesnudo en mi comedor gritándoles a mis amigos “¿Ge osabosdais ague meomo loarrcedineeeee?” (“¿Qué os apostáis a que me como los calcetines?”).

4. Veo que les he convencido. Dicho así, ¿A quién podría no gustarle Withnail & I? Se lo diré. No le gustó un pelo a Dennis O’Brien, productor ejecutivo de Handmade Productions (los de La vida de Brian), quien dijo que era “tan divertida como un orfanato en llamas” (jo, jo). La película estuvo a punto de no filmarse, y sólo la salvó la testarudez de Robinson. Tampoco gustó en Norteamérica, ese país de filisteos, donde Withnail & I ni siquiera adquirió el estatus de peli-de-culto; como todo el mundo sabe, en los USA son incapaces de apreciar la figura del perdedor, y Withnail es el Dios loser. Para él no hay triunfo final ni victoria, ni siquiera pírrica; sólo amargura e ingratos tragos de gasóleo.
El tercer ente que decididamente odia Withnail & I es mi mujer, que la describe como (cito textualmente) “basura inhumana”, “pretencioso montón de estiercol” y “detritus sobreactuado”, y a Withnail como “histriónico, repelente y mezquino”, sin que sirva de nada mi “se trata precisamente de eso, ceporra” (mascullado entre dientes).
Ustedes sabrán a quién escuchan.

5. Una última cosa. Si están dudando entre veranear en Colliure, Tomelloso, Ultramort o cualquier otra parte, no lo hagan. Un señor rico e inglés llamado Seb Hindley, dueño del pub local, acaba de comprar Sleddale Hall o, como se renombró la casa de campo del Tío Monty en Withnail & I, “Crow Cregg”. Está al laíto de Shap, en Cumbria. Tiene toda la pinta de hacer un frío de tres pares de cojones, pero pasarán las vacaciones-por-error más temáticas de su vida. Eso sí, no olviden cargar el maletero con vinacho; la “fenomenal bodega” de Monty sólo existió en la ficción.

Kiko Amat

http://www.withnailandiforum.com/
http://www.withnail-links.com/index.htm/

(Artículo publicado originalmente en el suplemento Cultura/S de La Vanguardia del 25 de marzo del 2009)